El Correo

«El equipo puede hacer que una empresa triunfe o se hunda»

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Iñigo Irizar durante la charla con los alumnos.

  • El inversor Iñigo Irizar y transmite a los estudiantes en su 'charla digital' la importancia del conocimiento del mercado y la necesidad de que en las empresas se mantengan dosis de imaginación »

Si quien tiene un amigo tiene un tesoro, quien tiene un ángel de la guarda casi casi puede tocar el cielo. Y si además ese custodio está dispuesto a arriesgar capital para impulsar su proyecto empresarial, entonces lo que tiene es un 'business angel'. Eso, y mucha suerte, porque detrás de esa denominación estará un inversor -o grupo de inversores- que apuesta por su idea, por su modelo de negocio y, lo que es más importante, por el equipo que está detrás de la iniciativa. La segunda charla digital organizada por STARTInnova, seguida por casi 50 centros vascos de Bachillerato y FP, trató de despejar dudas sobre esta forma de financiación con el inversor Iñigo Irizar. Este «dinamizador de empresas», como a él le gusta definirse, no dudó en responder a la curiosidad de los estudiantes explicando que un 'business angel' no sólo aporta dinero a un proyecto, sino que, «sobre todo, aporta conocimiento, 'el capital inteligente'».

Con una gran experiencia en la identificación de empresas potencialmente rentables, Irizar se refirió a la importancia de que el proyecto cuente con una patente o propiedad industrial, «ya que ésta nos proporcionará durante un cierto tiempo una ventaja en el mercado, que a su vez nos permitirá ir avanzando en el modelo de negocio». A partir de ahí, Irizar no quiso perder la oportunidad de hacer llegar a los estudiantes el valor del equipo que estará detrás de la empresa. «Las personas son las que hacen triunfar a las empresas, pero también son las que las pueden hundir», sentencia.

«El equipo tiene que ser potente, comprometido, imaginativo, capaz… -subrayó-. A veces puede ocurrir que aunque el proyecto se abandone por falta de rentabilidad, si las personas tienen ese empuje, el inversor decida seguir apostando por ellas para otro proyecto diferente». Además, Irizar no perdió la oportunidad de comentar con los estudiantes la importancia de rodearse de personas con perfiles profesionales distintos. «Hay que complementar nuestras carencias. Si yo sóy especialista en un área, será mejor que busque un compañero especialista en otra », dijo.

Antes de que los estudiantes se lanzaran a hacer preguntas, Irizar también quiso compartir con ellos su visión sobre la necesidad de conocer en profundidad el mercado. «Los vendedores son los que tiran de las empresas. Si quieres tener dinamismo en la empresa tienes que relacionarte mucho con los clientes, y todo lo que aprendas con ellos tienes que transmitirlo al resto del equipo. El cliente hoy es el centro del negocio», advirtió.

Aunque se mostró optimista por el «enorme campo que ofrece hoy la tecnología en la búsqueda de proyectos rentables», quiso evitar que los jóvenes no lleguen a ver más que el fracaso personal cuando un proyecto no funciona. «Una inversión fallida sí es un fracaso, pero eso no hace que yo sea peor profesional. Es como en el fútbol. Se pierden partidos, pero también se aprende para ganar el siguiente». Eso sí, si un negocio no va bien, advirtió, no hay que empeñarse en seguir. «Un proyecto empresarial no es un hijo, es eso, un proyecto empresarial, y si vemos que no va a ningún sitio, cuanto antes decidamos dejarlo mejor. Mejor para nosotros y mejor para quienes nos rodean», indicó pragmático.

Sin embargo, en su opinión no sólo es la falta de rentabilidad la que debe obligarnos a abandonar un proyecto. Cuando los estudiantes le preguntaron cómo había que actuar si uno perdía la motivación, tuvo clara la respuesta: «si no es un bajón de un día, si es una falta de ilusión permanente, yo creo que hay que abandonar».

En cuanto a su modo de actuar como inversor, Irizar explicó que hay momentos en los que él y sus socios pueden estar valorando temáticas tan diversas como el fútbol, el surf, las farmacias o los 'drones'. «Nosotros solemos trabajar con varios proyectos a la vez, hasta diez, y dependiendo de su estado de madurez la inversión puede ir de 25.000 a 150.000 euros en primeros estadios. Y cuando el proyecto va teniendo éxito, se pasa a otro estadio en el que entran otro tipo de actores, como las empresas de capital de riesgo, por ejemplo», resumió.