¿Yihad es nombre para un hijo?

¿Yihad es nombre para un hijo?

La Justicia francesa decidirá si unos padres pueden llamar a su bebé con el reivindicado sinónimo de 'guerra santa'

FERNANDO ITURRIBARRÍACorresponsal. París

Yihad nació el 2 de agosto en Toulouse. Ya ha comenzado a dar guerra. Alertada por el registro civil, la Fiscalía de la ciudad ha transmitido el caso a un juez de familia. Los tribunales tendrán que decidir si es un nombre propio o impropio. En la legislación francesa los padres pueden llamar a sus hijos como quieran. El único límite es el interés del bebé. Que no se vea ridiculizado, estigmatizado o señalado de por vida. O sospechoso de simpatizar con los yihadistas.

Según datos del instituto nacional de estadística cerca de 700 Yihad han venido al mundo en Francia entre 1976 y 2015. Pero cada vez son menos. Hay unos cinco casos al año, todos problemáticos. Antes no llamaban la atención. Pero los atentados terroristas de Al Qaida y el Estado Islámico han sensibilizado a la opinión pública. Reivindicado como sinónimo de 'guerra santa', el nombre ha cobrado una dimensión peyorativa. Para desesperación de teólogos musulmanes y estudiosos del islam.

Los especialistas señalan que la verdadera definición de 'yihad' se aproxima más a 'lucha' o 'esfuerzo'. En el origen designaba una virtud de la fe, un estado de ánimo o un control de sí mismo para emprender un camino interior hacia la excelencia moral o espiritual. «Cuando en los años 70 los padres daban ese nombre a su hijo sabían que era en el sentido de la resistencia y del esfuerzo. Pero hoy ese significado se ha desviado a causa de los terroristas que llaman a la yihad», analiza Stéphanie Rapopot, experta en onomástica.

«Vocación de marginalizar»

Yihed tiene 26 años. Nunca se ha visto rechazada por su nombre. Quizá porque sus padres optaron por la variante con 'e', menos conocida. Su madre emigró de Túnez ya embarazada. «Eso le dio la fuerza de superar las dificultades. Por eso me llamaron Yihed. Yo era su Yihed», explica esta mujer francesa, decidida a restablecer la verdad. «Personas malintencionadas utilizan esta palabra para justificar sus actos. Pero el que pone bombas o ataca a inocentes no hace la verdadera yihad», argumenta convencida de que sus progenitores nunca temieron que su nombre sería un día percibido de manera negativa.

Las cosas han cambiado en estos tiempos de cólera islamista. «En un contexto marcado por el peso de las palabras y las imágenes, no es juicioso llamar a su hijo así», constata Abderramán Oumachar, cofundador del centro de espiritualidad musulmana de Toulouse. «Ese nombre tiene vocación de marginalizar al niño y tener un impacto negativo en su socialización», observa este islamólogo.

El juez de familia va a convocar a los padres de Yihad para conocer sus motivos. Si no le convencen, ordenará que le cambien el nombre o le pondrá otro. Es lo que ha ocurrido en otros casos con riesgo de burla, mofa o escarnio. En 2015 la Justicia francesa optó por llamar Fraisine a una niña que figuraba como Fresa en la partida de nacimiento. Lo mismo ocurrió con un bebé denominado Nutella que en el registro civil se quedó como Ella pues el juez consideró contrario a su interés cargar con la marca de una pasta de chocolate.

También fueron obligados a cambiar de nombre los padres que bautizaron a sus hijos Prince-Williams y Mini-Cooper. Pero se salieron con la suya los progenitores de Mégane Renaud. La niña tiene hoy edad de conducir el modelo de coche casi homónimo.

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