De Vitoria al polo norte contra el cambio climático

Miguel Gutiérrez Garitano, líder de la expedición, explica la aventura. / E. C.

Ocho aventureros tratarán de alcanzar el paralelo 82 a bordo del velero 'Northabout' en una expedición que denunciará el deshielo por el efecto invernadero. Reunirán datos para editar un libro, un documental y una cartografía con que exponer la pérdida de banquisa

JOSEBA VÁZQUEZ

De Perú al Ártico median 10.000 kilómetros, unos cuantos grados de temperatura y trece meses de distancia. De las verdes y exuberantes alturas andinas a los gélidos y albinos territorios septentrionales hay, sin embargo, un solo paso, el que se dispone a dar dentro de cinco semanas el historiador y explorador vitoriano Miguel Gutiérrez Garitano. Un año después de su última incursión sudamericana en busca de vestigios incas, en junio de 2016, el aventurero vitoriano cambia "por completo" de registro para encabezar una expedición de ocho personas que se adentrará, si las condiciones lo permiten, hasta el paralelo 82, "y algo más con suerte", a bordo del velero irlandés "Northabout". Serán unos 1.350 kilómetros totales desde la salida en Qaanaaq (Groenlandia) y el regreso a la misma localidad. El objetivo del equipo es el de "documentar, cartografiar y concienciar" sobre la pérdida de la masa de hielo en las aguas polares del Norte a causa del efecto invernadero. Y es que ese punto, el paralelo 82, en el extremo del Canal Robeson, resultaba hasta hace poco más de un año inaccesible para una embarcación de estas características. Lo atravesaban, claro, los rompehielos, pero no naves ligeras. Ahora es posible debido al deshielo y no siempre; depende de la temperatura de cada momento.

«Si logramos hacer ida y vuelta sin quedar atrapados sería un récord, una hazaña, pero al mismo tiempo una muy mala noticia. El retroceso de las placas es muy preocupante y la previsión es que cada año se pueda llegar más allá», detalla Gutiérrez. La Mars Gaming-Northabout 2017, que es el nombre de la expedición por su patrocinador principal y el velero que realizará la travesía, denunciará a su regreso las perniciosas consecuencias del calentamiento global por medio de un libro y un audiovisual. Del primero se encargará el propio Miguel, director de la partida. Del segundo, su hermano Rafa, fotógrafo de este periódico, y el aragonés Javier Zardoya Gayán, geógrafo y cámara de televisión. Dispondrán para el documental de su instrumental habitual y de un dron. Rafa ya ha acompañado a Miguel en varias aventuras en Perú, al igual que María Valencia Basaldua, codirectora y médica de la nueva expedición.

El hombre y sus monstruos

La banquisa, el conjunto de placas heladas flotantes en las regiones polares, desaparece de forma paulatina. Nada que no sepamos. Hay quien lucha contra ello y hay quien lo fomenta. Los Estados Unidos de Donald Trump proyectan instalar explotaciones petrolíficas en el Ártico. Y «los rusos están llenando aquello de cuarteles militares en busca de materias primas», lamenta Miguel Gutiérrez. «La banquisa ejerce de barrera para las corrientes e impide que se homogenice la temperatura oceánica. El día que desaparezca, las aguas van a contactar entre ellas y el calentamiento será más rápido», detalla el explorador, que alerta no sólo de los efectos para el planeta, sino, a escala más próxima, para los poblados de esquimales inuits y la fauna y flora del lugar.

El historiador alavés se confiesa «muy interesado» por el Estrecho de Smith, un lugar del que, hasta el siglo XIX, se pensaba que conectaba con un supuesto mar interior templado detrás de los hielos en el Mar del Norte. Navegantes principalmente ingleses sospechaban que, accediendo a él por el Estrecho, era posible hallar una ruta para comerciar con Asia llegando por esa vía hasta China. Creían que podían adelantarse así a españoles y portugueses. Todas aquellas expediciones quedaron atrapadas en el hielo, lógicamente. Pero resulta que aquella creencia falsa lleva ahora visos de hacerse realiadad. "Todos los años en agosto se está reportando una especie de laguna en el Polo Norte a base de grietas que se van abriendo. Se calcula que en cincuenta años ese mar polar va a quedar abierto y se va a poder atravesar el Oceáno Ártico", precisa Gutiérrez. "Desafortunadamente, aquella leyenda se está convirtiendo en un hecho. Es curioso porque se están proyectando ya rutas a través de Rusia para poder comerciar por ahí. Este es el enganche de nuestra expedición, que tiene su parte histórica: se ve cómo el hombre fabrica sus propios monstruos", añade. Por si fuera poco, esta incipiente vía se encuentra amenazada de acabar jalonada de plantas petrolíferas y yacimientos de extracción de materias primas. "El Ártico va a acabar siendo un desastre".

Una incursión en tierra

El viaje comenzará el 14 de julio y se prolongará hasta el 16 de agosto, un periodo en el que la zona disfrutará de luz solar las 24 horas del día. Se prevén temperaturas aproximadas de entre -5 y 5 grados centígrados. Junto al intento de llegar al paralelo 82 y regresar, el grupo tiene también previsto realizar una "paseo" por tierra hasta alcanzar el Polo Norte Geomagnético, que se desplaza y se encuentra ahora en la isla canadiense de Ellesmere. Esta parte del trayecto abarcará un paréntesis de unos nueve días. El equipo dejará el barco en la Bahía Rawlings para completar una caminata de 50 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. "Existe una dificultad logística importante –afirma el coordinador de la expedición–, ya que en verano, al desaparecer parte del hielo, no se pueden arrastrar los trineos; hay que portearlos y el desnivel es fuerte".

Al margen de esto, y si el objetivo principal de atravesar el paralelo 82 no fuera posible, los aventureros tienen un "plan B": navegar por el casquete polar Manson, en Groenlandia. Para todo ello, han probado el velero en una travesía por la costa oeste de Irlanda, se han familiarizado con su manejo y han realizado cursos de rescate marítimo y medicina de emergencia.

Personas y aluminio

"La parte principal del reto es la náutica", precisa Miguel Gutiérrez. De ella se responsabilizarán el capitán Mike Stewart, oficial retirado de las Fuerzas Especiales del Ejército Británico que ha navegado por más de 35.000 millas como profesional; el ruso Nikolai Litau, que ha dirigido barcos de vela por todos los océanos del mundo durante treinta años, incluyendo diez viajes al Ártico y una circunnavegación de la Antártida; y Aitor Basarrate, capitán de yate, buzo y marino profesional.

Los expedicionarios calculan que, en instrumental y alimentos, trasportarán un peso de unos 50 kilos por cada uno de ellos. Es parte de la carga que deberá soportar el "Northabout", un velero construido hace diecisiete años en aluminio por el aventurero Jarlath Cunnane y propiedad actual de David Hempleman-Adams, uno de los más grandes exploradores británicos vivos e impulsor de este proyecto, aunque no viaja en el mismo. La nave tiene 15 metros de eslora y 4 de manga. La aventura no sería posible sin la colaboración del dueño de «este barco mítico», dice el historiador vitoriano, ni de Laura Hernández, copropietaria de la empresa Mars Gaming, la principal patrocinadora. Otros mecenazgos consistentes han surgido de la Fundación Anitua y la Fundación 5+11.

Todo está dispuesto. Resta que ayude el tiempo, que no incordien los osos polares y, sobre todo, no quedar atrapados en el hielo, el mayor riesgo. «Si esto ocurre el velero se puede quedar allí hasta el verano próximo», explica el fotógrafo Rafa Gutiérrez.

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