Fallece Víctor Urrutia, maestro de sociólogos

Víctor Urrutia./Irekia
Víctor Urrutia. / Irekia

Nacido en 1945, fue senador y director del Gabinete de Prospecciones Sociológicas del Gobierno vasco

PEDRO ONTOSO

La terrible noticia me la dio nuestro amigo común, el teólogo Rafael Aguirre. Fue un mazazo bajo la luna oscura de noviembre. «Víctor ha muerto». La figura del maestro y amigo comenzó a girar en mi cabeza mientras recordaba los versos de Miguel Hernández en su ‘Elegía’, dedicados a Ramón Xijé, en ‘El rayo que no cesa’. «Un manotazo duro, un golpe helado», escribió el poeta de Orihuela, autor de una emblemática poesía combativa contra el fascismo. Víctor también cerró su ciclo literario e intelectual con un hermoso libro de poemas, algunos con evidente conciencia social (‘El libro de los días’). También fue un hombre de fuertes ideas políticas, un socialista honesto. Un excelente profesor universitario. Un cristiano comprometido.

Víctor Urrutia Abaigar (Andosilla-Navarra, 1945) supo combinar su pasión por la acción política y la gestión pública con la docencia universitaria. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Deusto y catedrático de Sociología Urbana de la UPV-EHU pronto se convirtió en una autoridad de la investigación urbana. Una referencia ineludible en los estudios sobre el movimiento vecinal, las áreas metropolitanas y el diseño de las ciudades, más allá de las coordenadas arquitectónicas y teniendo en cuenta siempre las aspiraciones y los derechos de los ciudadanos. Los hombres son más importantes que las plazas. Los proyectos comunitarios, el urbanismo social. Ese era el mensaje de sus concurridas clases.

Su oficio fue el de sociólogo y fue maestro de sociólogos. Hay que indagar y conocer las claves de las transformaciones urbanas y demográficas, pero lo verdaderamente importante es transformar las estructuras para lograr una sociedad más justa e igualitaria. En uno de nuestros últimos encuentros todavía me animaba a investigar la estela de Max Weber en Euskadi. El padre de la Sociología viajó al País Vasco en 1897 y se sorprendió por la pujanza del capitalismo y «el espectáculo glorioso de las cien humeantes chimeneas». Era la época en la que se empezaba a tomar conciencia de la importancia de la salubridad urbana, contextualizaba el profesor. La reconstrucción de la memoria urbana de Bilbao debe mucho a Víctor Urrutia.

En realidad hablábamos de muchas cosas cuando compartíamos mantel y escoltas en los tiempos de persecución de ETA, cuando la falta de piedad esclerotizaba a una sociedad vasca narcotizada. Como director de tesis hemos compartido muchas horas de reflexión sobre la violencia política, el terrorismo, el papel de la Iglesia y de los partidos políticos. Como sociólogo ha dedicado muchos años a tratar de entender cómo funcionan las sociedades, a descubrir sus grandes problemas, a realizar un diagnóstico acertado y a proponer políticas y soluciones. A Víctor le dolía la sociedad vasca que miraba para otro lado, la «quiebra moral».

El mismo lo pudo comprobar como vicerrector de Profesorado en la UPV-EHU. Eran los tiempos duros de la resistencia en la Universidad frente al terrorismo. De la defensa de un campus pluralista frente al fanatismo y el crimen. Defender una Universidad libre era defender una sociedad libre. Víctor Urrutia estuvo siempre en la primera línea de esa batalla. Defendiendo la libertad de expresión frente al acoso totalitario, sin fariseismos, con coherencia cívica y democrática. Como profesor. Como socialista. Como cristiano. Como ciudadano.

Fue un hombre de acción las veinticuatro horas. María Teresa Fernández de la Vega le llamó para ser director de Asuntos Religiosos en 1994 en la secretaría de Estado de Justicia, en el Gabinete de Felipe González. En 2005 fue designado por el Parlamento vasco senador del PSE, partido al que llegó desde las filas de Euskadiko Ezkerra. Y en la legislatura de Patxi López como lehendakari fue el responsable del Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno vasco. También fue director general del Instituto Vasco de Estadística. Como director del Departamento de Sociología de la UPV-EHU y como presidente de la Asociación Vasca de Sociología dio un notable impulso a esta disciplina desde las páginas de la revista ‘Inguruak’.

Era un profesor con un despacho de puertas abiertas. Como su cabeza, como su corazón. No tenía barreras, ni siquiera para sus adversarios. Siempre de buen humor. Siempre con la sonrisa en la boca. Gran padre de familia junto a su mujer, Loli Asúa, y sus hijos, Josune y Gorka, a los que ha inculcado la libertad de pensamiento y el espíritu solidario. Víctor lo ejercía también en el movimiento Fe y Justicia, en el que volcaba su valiosa experiencia. Una implacable enfermedad le había apartado ya de la vida pública y le impedía pasear por los bosques de Ucieda, a la sombra del Escudo de Cabuérniga, donde el silencio sólo lo rompen los chasquidos de los cuernos de los ciervos en la época de la berrea. Víctor se nos ha ido en otoño, cuando el parque del Saja y el Besaya explota en una paleta de colores que deslumbra. Su huella forma parte de ese humus que rodea robles, hayas, castaños, acebos y abedules. Su huella está por todas partes. «A las aladas almas de las rosas/de almendro de nata te requiero/que tenemos que hablar de muchas cosas/compañero del alma, compañero».

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