Los vascos apoyan acoger refugiados pero cuestionan las ayudas a los inmigrantes

Manifestación a favor de los refugiados en Gernika. / Manu Cecilio

El barómetro anual confirma que la sociedad tiene menos reticencias con los extranjeros, aunque quiere que adopten las costumbres autóctonas

JULIO ARRIETA

La sociedad vasca mantiene una actitud hacia la inmigración en la que coinciden rasgos «abiertos y tolerantes» con otros de desconfianza. Si por una parte la mayoría no ve como un gran problema la llegada de población extranjera y además es partidaria de acoger a los refugiados sin limitaciones o con condiciones mínimas, por otra se mantienen algunos recelos sobre el acceso de los inmigrantes a las ayudas sociales. Así lo refleja el ‘Barómetro 2017’ realizado por Ikuspegi, el Observatorio Vasco de Inmigración, cuyos resultados fueron presentados este miércoles en Bilbao.

Destacan dos datos generales. El primero es que son pocos los vascos que ven la inmigración como una preocupación fundamental. Solo el 12,6% lo percibe como uno de los tres principales problemas que aquejan a Euskadi, muy por detrás del paro y de la marcha de la economía. El segundo es que el índice de tolerancia a la inmigración, que se vino abajo en el peor momento de la crisis, ha remontado en la última década y está en un 58,48%. «Aunque ligeramente inferior al de 2016, va en línea con la recuperación de la confianza de los últimos años», señaló Lide Amilibia, viceconsejera de Políticas Sociales.

Gorka Moreno, director de Ikuspegi, explicó que «los datos del barómetro están en porcentajes similares a los de los años previos a la crisis, por lo que podemos concluir que la coyuntura económica condiciona e influye en las actitudes hacia la inmigración de la sociedad vasca». En resumen, «a mayor certidumbre, mayor confianza general».

Tolerancia y recelo

Moreno destacó que la actitud de la sociedad vasca frente a la inmigración extranjera «se caracteriza por la ambivalencia»: en ella conviven la bienvenida y el recelo. El ‘Barómetro 2017’ lo refleja en varios puntos. Por ejemplo, el 75,8% es partidario de que todos los inmigrantes, regularizados o no, puedan acceder a la educación en las mismas condiciones que la población autóctona. Un 74% cree que también tienen el mismo derecho a la asistencia sanitaria. Pero solo el 32,7% apoya que todos puedan obtener ayudas sociales. En cuanto a estas prestaciones, la percepción de que los inmigrantes «se aprovechan de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), aunque ha descendido, sigue siendo mayoritaria». También persisten varios falsos estereotipos, siendo precisamente el más extendido el de que los foráneos viven de las ayudas sociales, mantenido por el 44,6% de los encuestados. Por el lado positivo, ha descendido hasta el 35% el porcentaje de quienes piensan que los inmigrantes generan inseguridad y delincuencia.

«La economía condiciona la actitud hacia la inmigración. A mayor certidumbre, más confianza» Coyuntura económica

En cuanto a la diversidad cultural, los vascos «somos tolerantes con quienes llegan, pero se han asentado las posiciones asimilacionistas», destacó Moreno. La gran mayoría (83,5%) piensa que son los foráneos quienes deben esforzarse en adoptar las costumbres de los autóctonos. Es un dato que concuerda con la preferencia por la gente que llega de entornos culturales similares, como el europeo occidental, en el extremo opuesto a quienes llegan del Magreb. De hecho, el mundo islámico en general despierta recelos. Sin embargo, la sociedad vasca se muestra abierta a la recepción de refugiados. Poco más de una cuarta parte (27%) estima que deben ser recibidos sin restricción alguna y más de la mitad (60%) opina que estas personas deben ser acogidas con condiciones mínimas: «Si están realmente perseguidas» y en función de «cuotas».

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