«Ven las vacaciones como algo irresponsable y ¡son necesarias!»

Julio Gamboa y Adriana Icaza. /E.C.
Julio Gamboa y Adriana Icaza. / E.C.
- Vascos de altos vuelos -

Adriana Icaza, directora creativa en Estados Unidos, y su marido Julio Gamboa han creado una firma de bolsos en el país norteamericano

LEIRE FERNÁNDEZ

Adriana Icaza es ante todo una mujer apasionada que se adapta a las circunstancias. Prueba de ello son los diferentes trabajos que ha realizado por diversas partes del mundo y que la han llevado a ser desde personal shopper a traductora para la ONCE. Actualmente, el destino ha hecho que recale en Austin, Texas, donde vive junto a su marido Julio Gamboa, también de Bilbao, pero a quien conoció en Nueva York, donde trabajaba como fotógrafo de moda. «Con su profesión, ir a Nueva York y hacerse un hueco allí es el summun de su carrera y decidió irse. En mi caso, siempre había sido mi sueño vivir en esa ciudad, y lo cierto es que me tenía guardado el mejor regalo de mi vida, puesto que al día siguiente de llegar conocí a Julio, aunque nuestras familias se conocían de Bilbao. Allí trabajamos mucho, hicimos amigos, salimos mucho, nos casamos, creamos y desarrollamos nuestra marca Amata Bene y nació nuestra hija Lex, a la que llamamos así como un guiño por Lexington Avenue», detalla Adriana.

Eso sí, aunque la ciudad de los rascacielos les entusiasma actualmente residen en Austin, Texas. «Aquí Julio ha añadido a sus trabajos habituales ser profesor de surf, que es su obsesión. Yo he vuelto a los caballos, que siempre han sido mi pasión, fue una de las razones por las que elegimos Texas. El Lejano Oeste mola, en especial Austin». Además, según esta bilbaína, se parece mucho a Euskadi. «Es gracioso, pero en cuanto a la gente y a su manera de ser, se parecen bastante. Y se sienten 'diferentes' al resto del país. Son tozudos y algo fanfarrones pero buena gente, así que enseguida conecté con ellos», afirma.

Aunque el que haya similitudes no implica que no haya diferencias con la forma de ser en otros países. «Todo el mundo sabe lo histéricos que son aquí para todo y cómo en España somos algo más 'relajados'. Por ejemplo, cuando estaba embarazada, ya se me notaba la tripa, estabamos en un 'opening' y me ofrecieron una copita de champán y la cogí... Todos se quedaron callados mirando la copa hasta que les dije 'I am from Spain' Entonces rieron y dijeron 'Oh, of course, she is European!'. Y siguieron hablando».

Decir 'te quiero'

Si la preguntan qué podrían aprender unos de otros Adriana lo tiene muy claro. «Los vascos de los estadounidenses deberían aprender a decirse más 'te quiero'. Pero los estadounidenses de los vascos que cuando lo digan lo sientan», se ríe. Y también deberían aprender de lo maravilloso que es tener vacaciones. «Lo único a lo que me costó adaptarme, de hecho nunca me he adaptado a ello, es a las pocas vacaciones que tienen en este país (1 semana cada 6 meses, 2 semanas en total). Y sobre todo el choque cultural en este sentido. No entienden que quieras o necesites vacaciones, lo ven como un acto irresponsable. Yo creo que son necesarias».

A pesar de echar mucho de menos a su familia, «y lo fácil y cercano que es todo en Euskadi», Adriana y Julio se consideran afortunados ya que gracias a las redes sociales y al WhatsApp es muy fácil mantener el contacto con ellos. «Además tenemos mucha suerte y vamos dos veces al año, en verano y en Navidad, que es absolutamente perfecto, no te da tiempo a echar mucho de menos y tampoco de más...!», reconoce.

Y en cuanto a si tienen pensado volver de manera permanente a Euskadi, puede ser algo que esté más cerca de lo que creían hace un tiempo. «Pues sí... parece que está en el aire», concluye.

Creadores desde la distancia

Adriana Icaza y su marido Julio Gamboa crearon en 2015, en Nueva York, la marca de bolsos y complementos Amata Bene, que a pesar de diseñarse al otro lado del charco, se elaboran, curiosamente, en un taller de Ubrique, en España.

Además, tanto Adriana como Julio están comprometidos con una producción respetuosa y sostenible, y trabajan exclusivamente con proveedores que garantizan procedimientos resposables. Sus pieles están certificadas por CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) cumpliendo con los estándares internacionales para la conservación de especies en peligro de extinción y donan un porcentaje de cada venta a IUCN (la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). «Creemos que es una firma para ser amada y hecha con amor, de ahí el nombre», comentan.

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