Los turistas que vienen: «¡Esto es el paraíso!»

El californiano George cree que Euskadi «es lo mejor» que va a ver en su tour por Europa, a la británica Humera le ha encantado «el perro con flores... ¡y el café» y al sudafricano Franco «lo limpia que es la ciudad». ¿Qué nota nos ponen los visitantes?

Humera con su marido Phil Reilly y el pequeño Daniel. Vienen de Reino Unido.
Humera con su marido Phil Reilly y el pequeño Daniel. Vienen de Reino Unido. / MANU CECILIO
Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Ya tenemos embajador en California: «¡Esto es el paraíso!». Y eso que no ha probado los pintxos. La ruta gastronómica la ha hecho con los anfitriones por San Sebastián. El invitado es George Orozko y los cicerones, Igor y Jokin Garmendia y sus padres, Mikel y Nekane, todos guipuzcoanos, aunque la vecindad con los vizcaínos es armoniosa. Los chavales pasaron el mes de julio aprendiendo inglés en California, en casa de George, y él les ha querido devolver la visita. «Aunque venía a Donosti era obligado parar a conocer Bilbao, y me ha encantado: los parques, la araña del Guggenheim, el museo... Ahora voy a Polonia a visitar a otro alumno que tuve en casa, pero no va a ser lo mismo. Después de ver Euskadi, que ha sido lo más, el tour por Europa va a ir necesariamente a menos, jaja».

Y entienden los Garmendia sin escisiones la buena impresión que le ha dejado la capital vizcaína a George: «Si hasta mis padres, que son donostiarras, hablan maravillas de Bilbao. Mi padre le pone un once sobre diez», se resigna de broma el padre. Y cede la palabra a los chavales, que ellos son la causa del reencuentro. «A nosotros también nos gustó California, y Las Vegas, San Francisco, San Diego... Nos llamaban la atención las carreteras de allí, que son enormes y tienen cinco carriles. Eso y que solo comen un plato, nada de primero, segundo y postre como nosotros». Las anécdotas de uno y otros animan la espera en el aeropuerto de Bilbao, muy concurrido esta mañana de agosto.

«Después de ver Euskadi, que ha sido lo más, el tour por Europa va a ir necesariamente a menos» GEORGE OROZKO (CALIFORNIA)

El de Loiu es el duodécimo aeropuerto con más tráfico de pasajeros de España. Por detrás, obviamente, de Madrid, Barcelona, Mallorca, Málaga... y por delante de Fuerteventura: 484.829 viajeros en junio (un 1,4% más respecto a las cifras de 2016), en el aperitivo del verano, según los últimos datos que tiene registrados Aena. Esos son más de 16.000 al día, y son muchos más en agosto. Y es que no hay más que pasarse una mañana cualquiera por el aeropuerto, donde las colas llegan casi hasta la puerta.

La familia Garmendia, en el aeropuerto con George. Abajo Sara y su madre Caty y Matt Williams, llegado de Londres. / MANU CECILIO

Apuran las últimas horas por aquí Humera y Phil Reilly y el pequeño Daniel, británicos que cargan con tabla de surf... aunque no han pisado Mundaka. «No nos sonaba eso que decís de la ola... Lo que más nos ha gustado ha sido el Puente Colgante y el perro con flores del Guggenheim. ¡Ah! Y el café, que lo preparan buenísimo».

- ¿Y qué me dicen de la comida?

- Lo siento, pero hemos comido en un italiano, ja, ja. Aunque esta mañana en el hotel nos han dado tortilla española para desayunar -se justifica entre risas Humera, quizá ya un poco arrepentida de no haber probado el marmitako-.

Después de dos días en la capital vizcaína les pillamos esperando el coche del alquiler para seguir con la ruta. «Vamos al sur de España, a un sitio que ahora mismo no recuerdo pero que está a tres horas por carretera», cuenta Humera. ¿En tres horas al sur...? Sale Phil al rescate: «Al sur no, ¡a Asturias!». «¡Es que es él quien ha hecho la ruta (risas). Después nos vamos a Francia», se excusa ella.

«No he pisado la ciudad aún pero la sensación que he tenido al llegar ha sido... relajante» Bryan Rowny, australiano

«Ahora voy a San Sebastián. Allí los hoteles son más caros que en Bilbao, 15 euros más la noche» matt williams (londres)

Otro surfista que no ha hecho surf, Matt Williams, que llega de Londres. «He vivido mucho tiempo en Nueva Zelanda y Bilbao me recuerda mucho a aquello». ¿Y cómo ha venido a parar por aquí? «Mi ex novia era bilbaína y me habló bien de la ciudad», así que ha venido a comprobar la fama que le ponen. Viaja solo y esa mañana se pelea por sacar un billete de autobús a San Sebastián. El de las doce va lleno, también el de la una, así que le toca esperar hasta las 14.15. «Voy a pasar dos días en San Sebastián y menuda diferencia de precio. Allí me sale 15 euros más la noche que en Bilbao».

Dos días es la estancia media en la ciudad. Lo dicen las estadísticas y lo confirman los turistas que vienen: 135.779 en junio, un 10% más que en el mismo mes de 2016, según los datos facilitados por la Diputación. Muchos extranjeros, principalmente de Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos. Que no perdonan la visita al Guggenheim (siete de cada diez personas que van al Guggen en verano son extranjeros): «Yo vengo solo una noche, por negocios, pero sacaré tiempo para visitar el museo», promete Bryan Rowny, australiano recién aterrizado. «No me saques foto que tengo una pinta...». Ejecutivo no parece, desde luego, más bien otro joven viajero solo. «No he pisado la ciudad aún pero la sensación que he tenido al llegar ha sido... relajante».

El sudafricano Franco ha visitado la ciudad muchas veces. / MANU CECILIO

Irá añadiendo otras (sensaciones), aunque solo esté unas horas. Porque pese a que la visita ha sido exprés, la ciudad ha enamorado a Sara Alliende y su madre, Caty Sánchez. Por gustar, les ha gustado hasta el sirimiri, que a media mañana era ya tormenta. «Vivimos en Mallorca, y allí hace un calor... Aquí, con esta temperatura, se está fenomenal. Eso sí, en la playa solo meter el pie». Hay alternativa: la ruta cultural y gastronómica que han hecho por el Casco Viejo. «Nos ha resultado más económico de lo que pensábamos. Hemos comido unos pintxos y tomado unos crianzas...».

Y mallorquín pero de adopción es Franco -«puedes llamarme Patxi, jaja»- un sudafricano con compañía vitoriana que visita por enésima vez Bilbao. «Es que me encanta, es una ciudad tan limpia... Adoro pasear por el Casco Viejo, y comer... La comida es lo mejor. Eso y las playas del Norte, que tienen olas». Les falta un poco más de sol, parece añadir. «Bueno, podría decirse que tenéis tiempo inglés ¿no?».

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