Un tapón del tamaño de seis coches causado por toallitas colapsa un canal de saneamiento en San Sebastián

Es una de las principales conducciones de la red, de 3,5 kilómetros y un diámetro de 1,6 metros. Personal especializado trabaja desde la semana pasada en las labores de vaciado

JAVIER PEÑALBA

Es uno de los principales colectores de la red de saneamiento de la comarca de San Sebastián, una vía rápida para la expulsión de las aguas residuales. Tiene una longitud de tres kilómetros y medio. En su interior podría caminar una persona de una estatura no superior a 1,60 metros. Esta autopista construida para las aguas desechables ha sufrido el mayor colapso que se recuerda. Dentro de ella se ha formado un enorme tapón. Una masa compuesta por elementos de higiene personal, principalmente toallitas higiénicas de base textil, mantiene obturada la canalización en la que ya trabajan miembros de una empresa especializada.

Los malos hábitos son siempre difíciles de eliminar. Después de décadas en las que la sociedad ha creído que la taza de váter era algo así como un gran basurero, todavía son muchos los que piensan que todo lo que se vierte por ella desaparece por arte de magia. Y no es así.

La principal amenaza de estas redes de eliminación de aguas son elementos que a simple vista parecen inofensivos. Una toallita higiénica no constituye ninguna amenaza, pero cientos, miles o millones se convierten en el enemigo número uno. Su poder para obstruir las conducciones no tiene límite.

Lo ocurrido no es problema exclusivo de la red de saneamiento de San Sebastián. Sucede en todo el mundo. Hace una semana, una masa de 130 toneladas bloqueó una cloaca de Londres de la era victoriana. La bola era una mezcla de grasas y toallitas higiénicas. Los ingenieros de la compañía calculaban que su retirada, hasta permitir que las aguas residuales pudieran fluir sin obstáculos, podría alargarse tres semanas.

En la capital guipuzcoana, salvando las diferencias con la 'city' británica, ha sucedido lo mismo. La red de Aguas de Añarbe ha sufrido un grave atasco provocado por la acumulación y trenzado de estos elementos de higiene personal en uno de los tres grandes colectores que transportan las aguas residuales hasta la estación depuradora de aguas residuales de Loiola, en Donostia.

Fuentes de Aguas del Añarbe aseguran que el tapón es una enorme «masa compacta» de un volumen aproximado de 75 metros cúbicos, equivalente nada menos que a seis automóviles. Además, se extiende por un tramo aproximado de cerca de un centenar de metros.

Un operario observa parte de los restos extraídos y depositados en un contenedor. /
Un operario observa parte de los restos extraídos y depositados en un contenedor. / / SARA SANTOS

De Herrera a Loiola

Este colector tiene una longitud de tres kilómetros y medio y 2,80 metros de diámetro en la mayor parte del trazado, aunque en algunos puntos se estrecha hasta 1,60 metros. La infraestructura transporta las aguas residuales de los cuatro municipios de Oarsoaldea, Oiartzun, Lezo, Errenteria y Pasaia, desde la estación de bombeo de Herrera hasta la depuradora de Loiola.

El atasco se ha producido «afortunadamente», afirman desde la sociedad, a escasos metros de la estación depuradora, «desde donde se han podido acometer las dificultosas tareas de desatasco por una empresa especializada en trabajos en ambientes confinados».

Las tareas entrañan cierta complejidad, ya que han de realizarse manualmente. «Las características del tapón y su inaccesibilidad no permiten utilizar otro tipo de medios mecánicos», señalan.

Los expertos, que llevan trabajando desde mediados de la semana pasad, han de bajar hasta el punto en el que se localiza el colapso. Lo hacen provistos de sistemas de respiración individuales y con trajes especiales, ya que de otro modo sería imposible operar por los gases existentes en lugar. Se estima que las tareas de limpieza aún se pueden demorar varios días.

El tapón impidió el paso de la mayor parte del caudal que circulaba por el colector y, en consecuencia, el estancamiento aguas arriba de dichos caudales, de tal manera que en uno de los pozos de registro del colector se llegó a alcanzar la semana pasada una altura del nivel de agua de cuatro metros. Ante esta circunstancia y antes de que empezaran los trabajos de desatasco, fue necesario rebajar la altura para lo que se desviaron las aguas residuales desde la estación de bombeo de Herrera al emisario submarino de San Pedro y al mar.

Esta masa está compuesta por una combinación de toallitas húmedas y otros elementos de higiene personal, ya sean grasas, residuos sólidos, etcétera y según la empresa que gestiona la infraestructura, «ha producido la mayor obstrucción en una conducción de saneamiento jamás vista en Añarbe».

2.400 toneladas al año

Las mismas fuentes indican que hasta el momento, las estaciones de bombeo habían sido las más afectadas por el inadecuado vertido de esos productos a la red de saneamiento, «pero es la primera vez que se produce un atasco así en un colector principal». Se estima que en Euskadi se vierten anualmente por el inodoro un total de 2.400 toneladas de toallitas higiénicas.

Lo sucedido en el colector de Herrera hasta la depuradora de Loiola y su coincidencia con lo acontecido en Londres «acredita el carácter generalizado del problema en los países desarrollados con altos niveles de consumo de productos cosméticos, higiénicos y otros que, en modo alguno, deben verterse por el inodoro de los cuartos de aseo», dicen desde Añarbe. Para combatir este problema la Agencia Vasca del Agua y los principales consorcios y mancomunidades de agua de Euskadi, entre ellos Servicios de Txingudi y Aguas del Añarbe, llevan a cabo desde el año pasado una campaña de sensibilización para alertar a la ciudadanía de las consecuencias de los vertidos de estos paños higiénicos por el váter y promover unos hábitos más responsables que impidan que dichos desechos sigan provocando atascos en la red de saneamiento.

Fuentes de la mancomunidad consultadas señalan que resulta complejo realizar un cálculo de los costes que generan este tipo de situaciones, «ya que depende de muchos factores y no es igual en cada operación de desatasco». Añaden que cuando comenzó la campaña de sensibilización con la Agencia Vasca del Agua y el resto de entidades del agua del País Vasco, «se estimó que generaban un gasto de un millón de euros al año en Euskadi», y ello sin olvidar los costes ambientales, «ya que este tipo de taponamiento tiene como consecuencia generalmente vertidos de aguas residuales a los ríos o al mar».

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