«Escuché dos disparos a eso de las once y veinte»

Testigos del tiroteo de Castro sospechan que los tres fugitivos que protagonizaron una peligrosa huida «son vecinos de toda la vida del pueblo»

BRUNO VERGARA | IRENE BAJO

La Guardia Civil continua la búsqueda de los tres individuos que viajaban en la furgoneta que protagonizó una peligrosa huida con disparos en Castro la noche del pasado lunes. El vehículo, que había sido robado el domingo en Sopuerta, apareció ayer en una pista forestal del término municipal de Guriezo.

Durante el día de ayer, en Castro no se hablaba de otra cosa. «Nosotros cerramos por la noche y no hemos visto nada, pero los clientes esta mañana lo han comentado aquí. Decían que unos chicos en una furgoneta robada habían escapado de la Policía de Laredo. Pero hablo de oídas», dice un trabajador del restaurante Moros Bar, ubicado en la misma calle del tiroteo.

Este martes en la calle Leonardo Rucabado de Castro, vecinos y comerciantes intercambiaban opiniones del suceso. Marius Rosta cerró su bar, que se encuentra a escasos metros de donde ocurrió el disparo, el lunes por la noche y en torno a la hora que en la que supuestamente sucedió todo. «Ando mosqueado, porque ni desde dentro del bar ni al cerrar el negocio escuché nada raro», explica.

Enseguida, una de sus clientas entra en la conversación contestando que ella sí lo escuchó desde su casa, aunque al salir al balcón no tenía ángulo de visión suficiente para ver lo que estaba pasando en la calle. «Yo escuché dos disparos a eso de las once y veinte», dice muy segura, «aunque cuando salí a ver la calle no vi nada, ni escuché la sirena de la policía». Este martes, en el bar, el disparo era la comidilla. Aunque también era el tema del día en la peluquería de Jackeline Hernández, que se encuentra justo frente al colegio Arturo Dúo. Algunas clientas creen que el tiroteo «ha sido un hecho aislado» y «no tienen miedo». Lo mismo opina Andoni Linares: «Es la primera vez que me entero de algo así en muchos años, y además el tiro lo debió dar la policía, que si son los otros sí que da más miedo».

José Manuel Arce reside en un bloque de pisos por encima de la calle Leonardo Rucabado y con la ventana abierta pudo escuchar perfectamente ese disparo. Sospecha que «son gente del pueblo de toda la vida, porque es lo que se está comentando. Van diciendo nombres y aquí nos conocemos todos», afirma.

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