«Ha tenido que sufrir un resbalón, un tropiezo o le habrá dado algo»

«Ha tenido que sufrir un resbalón, un tropiezo o le habrá dado algo»

El hijo del montañero de Arrasate, cuyo cadáver apareció ayer en la zona de Anboto, agradece todo el apoyo recibido

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN

«Solo queremos que le encuentren, sea como sea. Con esta incertidumbre no podemos seguir». Las palabras que a media mañana pronunció Jairo, el hijo de Juan Álvarez Hidalgo, sonaron a dramática premonición. A media tarde, tras cuatro jornadas de búsqueda, los peores presagios se cumplieron. Los equipos de rescate hallaron en las estribaciones del Anboto el cuerpo sin vida del vecino de Arrasate que permanecía desaparecido desde el jueves pasado, después de que saliera de casa para ir al monte. Todo apunta a que la víctima sufrió una caída.

El cuerpo sin vida de Juan Álvarez, de 56 años, fue localizado en torno a las cinco de la tarde por miembros de uno de los diversos grupos de búsqueda que tomaban parte en el operativo. Dos hermanos de la víctima, que integraban otro de los equipos de rastreo, fueron informados del hecho.

La localización fue el resultado de una trabajada búsqueda en la zona de Anbotoste y Arrazola, a donde Juan Álvarez solía acudir con cierta frecuencia. «Se le había buscado por todas las zonas, habíamos peinado no sé cuántos parajes y no había aparecido ningún rastro», explicó el hijo antes de conocer el fatal desenlace.

En las labores de ayer tomaron parte efectivos de la Unidad de Vigilancia y Rescate de la Ertzaintza, miembros de la Unidad Canina de la Policía autonómica, así como otro grupo que trabajaba con perros adiestrados de Elorrio. Igualmente participaron expertos de Espeleosocorro vasco, además de efectivos de la DYA y también de la Cruz Roja. A las labores se sumaron también un helicóptero de la Ertzaintza que sobrevoló la zona y voluntarios de clubs de montaña de Arrasate, Atxondo, Elorrio y Durango. Fue precisamente el personal de estas agrupaciones el que, tras mantener una reunión en Axpe-Atxondo, inició un rastreo pasadas las tres de la tarde y poco tiempo después vio el cuerpo.

Según las primeras hipótesis, Juan Álvarez pudo sufrir una caída desde varios metros de altura. El cuerpo fue evacuado en un helicóptero hasta Donostia y posteriormente trasladado al Instituto de Medicina Legal de la capital, donde hoy se le practicará la autopsia que determinará la causa de la muerte.

«No dijo adónde iba»

Jairo Álvarez recordó ayer que su padre salió de casa el jueves. «Vivía con mi abuela y se marchó sin decir a dónde se marchaba. Ni siquiera dijo que iba al monte. Comentó únicamente que no le esperara para comer. Supusimos que se había ido al monte, porque era lo que le gustaba hacer».

Al no regresar el mismo jueves por la noche, la familia dio la voz de alarma, pero no fue hasta la mañana siguiente cuando decidió interponer la denuncia. «A mi padre le gustaba cualquier monte, pero sentía especial interés por la zona próxima a Anboto, y allí fue a donde acudimos en primer lugar. Tanto los equipos de rescate como nosotros pasamos mil veces por el lugar, pero no detectamos nada. Solo nos quedaba por examinar las zonas de mayor peligro, rocas, paredes, cuevas, simas...», explicó el hijo.

Jairo afirmó que su padre se desplazó en bicicleta. «Si decidía quedarse por las cercanías, solía ir con la bici. No sé cuántos kilómetros realizó. No puedo precisar la distancia que recorrió. Solo puedo decir que en coche apenas se tardan cinco o diez minutos».

Sobre los motivos que pudieron desencadenar el fatal suceso, Jairo aseguró que «ha tenido que sufrir un resbalón o un tropiezo; o le habrá dado algo. Mi padre físicamente estaba muy bien. No tenía ninguna dolencia. A sus 56 años estaba fuerte». El hijo recordó que la mañana de los hechos su progenitor fue pertrechado al monte como siempre solía hacerlo. «No llevaba indumentaria técnica. Siempre iba igual, con una vestimenta algo más usada, como la que solemos utilizar cuando vamos a dar un paseo».

El hijo de la víctima quiso agradecer las muestras de apoyo recibidas en las últimas horas así como la colaboración que ha tenido durante las labores de búsqueda. «El comportamiento de la gente ha sido extraordinario. Solo tenemos palabras de agradecimiento hacia todos los que han colaborado y nos han apoyado», concluyó.

Juan Álvarez Hidalgo era una persona conocida en Arrasate. Trabajaba en la limpieza de los escaparates de establecimientos comerciales, entidades bancarias y otros negocios de la villa. La víctima tenía dos hijos y vivía con su madre, de la que cuidaba.

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