Mikel Goñi, vencido por su demonio

La condena a ocho años de cárcel por secuestrar y torturar a un hombre para recuperar una plantación de marihuana asesta el mayor mazazo a un deportista arrasado por sus fantasmas

Mikel Goñi, en uno de sus partidos. / EL CORREO
TINO REY y ÓSCAR B. DE OTALORA

La historia pelotística recuerda un momento en el frontón de Alsasua que explica toda la biografía de auge y caída de Mikel Goñi. El pelotari de Oronoz estaba en la puerta, fumando un cigarrillo antes del partido, cuando pasó a su lado Julián Retegui. El joven no se contuvo y le preguntó a la leyenda: «¿Qué tengo que hacer para ser como tú?». Y Retegui, el mejor pelotari de todos los tiempos, no se cortó un pelo. «Si te quitasen la cabeza y te pusieran la mía igual conseguirías algo grande».

La condena a Mikel Goñi a ocho años de prisión por detención ilegal, amenazas y lesiones es el hachazo definitivo al historial de un deportista que lo tuvo todo para triunfar pero él mismo se encargó de hacerlo añicos. Los términos legales son eufemismos del submundo del hampa en el que Goñi se movía tras haber sepultado su carrera de pelotari. Él y otro socio secuestraron a un hombre al que culpaban de la desaparición de una plantación de marihuana y le torturaron con un destornillador y una navaja para que les pagase la droga. Esta es la imagen final de un hombre que en sus mejores momentos ponía a todo un frontón de pie por alguna jugada imposible en la que aunaba talento, magia, potencia, afán de victoria y una forma de juego incontestable. Pero ser un genio significa ir a donde otros no se atreven a llegar y pagar un coste por ese viaje. Y a Goñi le costó caro.

«Quiero regenerarme»

En 2003, cuando su carerra ya estaba en la picota, Goñi escribió una carta pública estremecedora. Era un reconocimiento de sus fracasos y de la victoria del lado oscuro sobre todas sus decisiones. «Siempre he reconocido que no soy un ángel, pero tampoco un demonio como muchos han llegado a decir. Soy una persona con más defectos que virtudes, que en los últimos años, por mi conducta desordenada, he dañado mi vida, la de mi propia familia, la de mis amigos, la de mi empresa y la de todos aquellos que han creído en mí. Quiero regenerarme como persona y pelotari, y necesito una oportunidad». Incluso confesó a sus íntimos: «He mirado la boca negra del lobo y no quiero volver a verla». Para entonces había pasado ya por centros de rehabilitación y tratamientos psicológicos para intentar controlar a los fantasmas que le convencían de que dijera sí a todas las tentaciones que le pusieran delante. «Estaba acostumbrado a la vida fácil y las interminables noches de juerga», confesaba en su escrito.

Goñi debutó en la pelota en 1996, con tan solo 19 años, y enseguida consiguió un trofeo en el subcampeonato Manomamista de segunda categoría. Era un plazagizon, un gigante de 1,87 metros y 90 kilos de peso, un tigre en el frontón, con momentos de inspiración geniales, talento a raudales y una capacidad de respuesta felina. Pero quizás la pelota le abrió su puerta demasiado pronto. Él, en sus primeras entrevistas, se defendía de las preguntas en las que se cuestionaba si no había empezado demasiado joven. «Para nada», era su tajante respuesta. Quizás el problema no era el cuerpo de delantero navarro sino su mente adolescente. Recién salido de la pubertad tuvo que lidiar con ser una figura en un mundo muy complicado. En el Baztán era un héroe al que se le abrían todas las puertas de par en par, en especial, las que debían haberse cerrado. Era un asiduo a las partidas de cartas que duraban días y un trofeo fácil para sus seguidoras.

Mikel Goñi, en distintos momentos de su carrera. / EL CORREO

A partir de su debut la cátedra emitió un veredicto. «Goñi lo tiene todo para ser una figura de la pelota y que marque toda una época en los frontones». Estaba llamado a ser un nuevo Retegui, un nuevo Ogueta..... A sentarse en el Olimpo del pelotarismo profesional. Pero las noticias de su mala vida comenzaron a correr de boca en boca y a ser tan habituales como las de sus éxitos y sus fracasos. Su evidente sobrepeso, fruto de una ausencia de disciplina, le obligó a someterse a dietas kamikazes para perder, por ejemplo, 18 kilos en un mes. Sus accidentes de tráfico cuando conducía bajo los efectos del alcohol compartían titulares con reapariciones estelares en las que mostraba rasgos de su genio...para luego perderse en rachas en las que era batido como un muñeco. Primero fue Asegarce quien prescindió de él. Luego fichó por Aspe, la empresa de quien sería su gran valedor, Fernando Vidarte, pero tanto sus espantadas como sus comportamientos que rozaban el esperpento fueron determinantes.

«Me ponen un millón todos los días en cualquier sitio para que vaya a recogerlo y muchas veces se me olvidaría» mikel goñi

Fue a parar al callejón del olvido. Varios empresarios intentaron redimirle pero ninguno lo consiguió. Al final le ponían en la calle con frases diplomáticas del tipo «no encaja en nuestra filosofía». Goñi, cada día más disperso, incumplidor y confuso, llegó a confesar a un conocido. «Me ponen un millón de euros todos los días en cualquier sitio para que vaya a recogerlos y muchas veces se me olvidaría ir a por ellos».

Paso por televisión

Obligado a alejarse de la pelota se convirtió en uno de los presentadores del programa de ETB 'El conquistador del fin del mundo'. En 2007 hizo su primera aparición en la televisión, convirtiéndose en un rival por el trueno de José Luis Korta y Juanito Oiarzábal. El pelotari de Oronoz compitió con estos dos personajes en mostrar ese lado entre bufonesco y villano. Volvería al programa en 2012 pero ya era una parodia de si mismo. Algunos concursantes, una vez finalizado el programa, no dudaban en confesar que Goñi les había ayudado a hacer trampas.

A partir de ese momento Mikel Goñi comenzó una vida oscura, alejado del deporte y de las cámaras. Una empresa de segunda fila lo llevó por fiestas de segunda como una atracción de feria. Ese vagabundeo por el drama finalizó el 30 de noviembre de 2014. Ese día su demonio le pidió que asaltase un domicilio de la localidad navarra de Eugi para recuperar una partida de marihuana. Y el, una vez más, dijo que sí.

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