El miedo ha arraigado en A Pobra, donde sus vecinos ven la mano de 'El Chicle' en viejos delitos

El miedo ha arraigado en A Pobra, donde sus vecinos ven la mano de 'El Chicle' en viejos delitos
Lavandeira jr

La Guardia Civil desempolva 400 delitos sexuales cometidos en la zona desde 2005, año en el que el presunto asesino de Diana Quer fue acusado de violar a su cuñada

JAVIER GUILLENEA

Desde lo de ‘El Chicle’ la gente ha comenzado a atar cabos. Unos nudos son sólidos, otros escurridizos, pero todos tienen el mismo nombre. La sombra de José Enrique Abuín, el hombre detenido por el secuestro y asesinato de Diana Quer, planea por todas partes en la estrecha franja de 15 kilómetros que une A Pobra do Caramiñal, Boiro, Asados y Rianxo, las localidades gallegas donde nació y se consumó la tragedia de la joven cuyo cadáver fue localizado en la madrugada del 31 de diciembre en un pozo.

Ahora ‘El Chicle’ se asoma por todos los recuerdos. Sus vecinos ven su mano en misteriosas desapariciones nunca resueltas, en robos y en seguimientos frustrados a tiempo. No es difícil encontrar a personas que sospechan haber sido vigiladas por Abuín, todo lo malo de los últimos años parece obra suya.

Es parte del legado que ha dejado ‘El Chicle’ a su paso. Después de año y medio sabiendo que había un secuestrador y seguramente un asesino cerca de casa, la vida de los vecinos ha cambiado sutilmente. No son los mismos que antes, el miedo ha calado en muchos de ellos. Los padres temen por sus hijas y las hijas han adoptado la costumbre de ir en grupo a todas partes y tener el móvil siempre a mano para lanzar una llamada de auxilio. «Hemos estado muchos meses sabiendo que había alguien por ahí, esto ha cambiado la mentalidad de todo el mundo», asegura Carlota, la propietaria de un comercio de Boiro. «A una señora le robaron hace quince días el bolso en un portal. Dicen que fue ‘El Chicle’, le echan la culpa de todo».

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Fue en esta localidad, entre A Pobra do Caramiñal –donde desapareció Diana Quer– y Asados –el lugar en el que apareció su cadáver–, donde un mal paso de Abuín precipitó su detención. El 25 de diciembre ‘El Chicle’ intentó secuestrar a una chica en pleno centro de Boiro pero la jugada le salió mal y pudo ser identificado. Ahora la Guardia Civil ha desempolvado 400 delitos sexuales cometidos en la zona desde 2005, año en el que Abuín fue detenido acusado de violar a su cuñada, la hermana gemela de su mujer. La coartada proporcionada por su esposa, Rosario Rodríguez, sirvió para exculparlo.

Al parecer ‘El Chicle ‘ utilizaba su Alfa Romeo gris para merodear por la zona de marcha de Boiro. «En agosto pasado mi hija paseaba por allí con una amiga y vieron a un coche gris que daba vueltas alrededor de ellas. Me llamó por teléfono diciendo que había alguien, al final apareció su padre y el coche se fue. Ahora pienso si era él», recuerda Carlota.

El miedo comenzó a extenderse el 22 de agosto de 2016 en la localidad turística de A Pobra do Caramiñal. Esa noche Diana Quer se esfumó cuando se dirigía a su casa después de haber disfrutado de las fiestas de El Carmen. La desaparición consternó a un pueblo en el que, como dicen sus vecinos, «nunca pasa nada». Todos se lanzaron a los caminos y montes en busca de Diana mientras comenzaba a nacer otro de los legados de ‘El Chicle’: la sospecha.

«Mentes manchadas»

Cerca del lugar donde se supone que desapareció Diana, en una calle de pabellones industriales abandonados que discurre al borde del mar, habían estacionado sus caravanas los feriantes de las barracas. Parece ser que uno de ellos importunó a Diana y esta le envió a una amiga un mensaje con su móvil para contárselo. Cuando se conoció esta anécdota muchos en Pobra comenzaron a recelar de los feriantes. «Hubo gente que les miró mal al principio», dice Eva, una vecina de la localidad.

Cuando las aguas se calmaron, la gente comenzó a mirar hacia otro lugar. «Algunos empezaron a echarle la culpa al padre de Diana, había sospechosos por todas partes», afirma Juan, un joven de Boiro que participó en las batidas para buscar a la desaparecida. «Lo que ha ocurrido ha manchado las mentes de todo el mundo», admite María en la terraza de Pobra en la que toma café con cuatro amigas.

Todas se quejan de la mala imagen que ha quedado de un pueblo «en el que nunca pasa nada», insisten. «Hace poco –dice una de ellas– fui a Madrid y cuando dije de dónde era me respondieron que soy del pueblo donde habían matado a Diana Quer. No es justo». «La gente está incómoda con la prensa porque han puesto a este pueblo como si fuera lo peor de España», añade otra. «En verano esto es un paraíso, es un pueblo muy tranquilo en el que nos conocemos todos», asegura una tercera amiga. Pero incluso en los paraísos ocurren sucesos inesperados, no hay más que hacer un ejercicio de memoria. «Al poco de lo de Diana intentaron secuestrar cerca de aquí a una niña, no sabemos si era él», revela María.

Los cabos se van atando. Surgen sospechas y dudas, no se sabe hasta dónde llegó la sombra de ‘El Chicle’. Nace también la certeza de que «esto puede pasar en cualquier sitio», como dice una mujer en una calle de Boiro. A muchos aún les cuesta creerlo, se aferran al «aquí nunca pasa nada» y al «aquí nos conocemos todos». Pero Abuín era de algún lugar y tenía casa en Taragoña, era muy conocido y nadie llegó a pensar de veras en que podía ser el asesino de Diana. No creían que fuese capaz de ello.

«¿Que cómo era? Todo lo que te hayan podido decir de él es cierto», contesta un policía municipal de Rianxo. «De él todos decían que era como un pipiolo, no era nada espabilado, parecía que le faltaba algo en el cerebro», dice un vecino. «Ese es un quinqui», responde otro. Era un delincuente de poca monta del que todos decían que le faltaba un hervor y sí, fue capaz no solo de hacerlo sino también de jugar con la Guardia Civil una partida en la que estuvo cerca de ganar.

Algo ha cambiado. El pasado parece haber regresado para levantar las alfombras del paraíso concentrado en esos 15 kilómetros en los que «todos se conocen y se llevan bien». Está el hombre que desapareció cerca del lugar donde secuestraron a Diana y cuyo cuerpo nunca ha sido encontrado. Se supone que cayó al mar pero nunca se sabe. Está también «la desaparición de una señora mayor en Taragoña», el pueblo donde vivía Abuín, y «de un señor en Catoira». «Son muchas cosas. Desde hace tiempo lleva habiendo movida, todo el mundo está empezando a recordar», afirma Carlota en su comercio de Boiro.

Al otro lado del mostrador escuchan Laura, de 20 años, y su madre. «Yo estudio en Coruña y veo que aquí hay más tensión; al ser un pueblo más pequeño el miedo se nota más, está concentrado», dice la joven, que confiesa que cuando sale de fiesta siempre lleva «el móvil en la mano por si pasa algo». «Ahora siempre vamos las amigas en grupo y avisamos a nuestros padres para decirles cuándo vamos a llegar». «Si tardan un poco empezamos a temblar», añade su madre. «Aquí está pasando algo, llevamos en Boiro una temporada alucinante. En mi vida recuerdo algo así. A Diana la secuestraron a las tres de la mañana pero a esta última chica la quiso raptar a las nueve de la noche y en pleno centro», afirma Carlota. «Está pasando algo», insiste.

«Hemos perdido libertad»

Los fines de semana las calles se llenan de padres en busca de sus hijas para llevarlas a la seguridad de hogar. «Con los chicos no pasa eso, nosotros no tenemos problemas. Es triste, pero es así», afirma en Boiro un joven junto a su hermana, a la que no hace mucho siguió un hombre encapuchado. «Yo tengo una nieta adolescente y se vive mal, esto era antes un pueblo tranquilo», dice María José también en Boiro, no muy lejos del lugar donde ‘El Chicle’ quiso cometer su último secuestro.

«¿Y qué vamos a hacer?», se pregunta un padre en Pobra. «Si obligamos a nuestras hijas a quedarse en casa al final acabarán llevando burka», dice Luis. Su hija de 19 años y su esposa lo escuchan pero no parecen demasiado convencidas. «Yo tengo miedo –admite la hija–. La noche en la que desapareció Diana estuve por allí».

Sheila y Ana son de Boiro y tienen 17 años. También estaban en Pobra cuando desapareció Diana Quer. Ambas, como muchas otras, se hacen la misma reflexión. «Lo mismo que le pasó a ella me podía haber pasado a mí». Desde entonces su vida ha cambiado. «A mí en casa no me dejan salir sola, siempre tengo que ir con alguien, a poder ser chico», dice Sheila. «Yo tengo una amiga a la que sus padres solo la dejan salir con amigos a los que ellos conozcan», explica Ana. «Todas hemos perdido libertad», se lamentan.

«Cuando vi en la televisión que habían detenido al asesino se me puso un nudo en el estómago. Por un lado me sentí bien porque los padres de Diana podrán descansar, pero por otro pensé en lo que le había pasado a una chica que empezaba a vivir. Yo tengo una hija que estudia en Santiago y no dejo de pensar que a ella también le puede pasar lo mismo». La que habla es una mujer que pasea por el centro de Boiro, que a estas horas, cerca del mediodía, se halla repleta de gente. En una cafetería, la televisión pone a los clientes al día de las últimas novedades del suceso. ‘El Chicle’ ha llegado al juzgado entre una nube de cámaras que tratan de captar su rostro. «Se merece que le encadenen y le pongan a cavar agujeros para plantar pinos, pero no a solas sino delante de todos para que sirva de ejemplo», exclama con rabia la mujer.

«Estás muerto»

En la casa de Taragoña donde vivía José Enrique Abuín alguien ha pintado en las últimas horas las palabras ‘Asesinos’, ‘Cómplice’ y ‘Chikilin, estás muerto’. En los comercios de los alrededores, en las casas, nadie ha visto nada, nadie sabe quién ha podido ser en un pueblo en el que, como en el resto de los municipios de la zona, todos se conocen. Hay cosas que es mejor callar. Para sus vecinos, ‘El Chicle’ era esa persona con la que intercambiaban un saludo cada vez que se cruzaban. Para la madre del autor confeso del asesinato de Diana Quer, su hijo, de repente desconocido, es «un monstruo, un asesino». Para sus amigos íntimos, era ‘Chikilin’.

Quizá nadie le conocía. Además de los casos de abusos sexuales registrados desde 2005, la Guardia Civil está analizando las setenta denuncias de detenciones ilegales (raptos) que se han producido en la zona desde 2015 para ver si pueden ser achacadas a Abuín. Los investigadores consideran ilógico que entre la fecha en la que ‘El Chicle’ fue acusado de la violación de su cuñada y el secuestro de Diana Quer, el sospechoso no haya actuado en ningún otro momento. Creen que es más que probable que haya cometido más delitos, algunos sin resolver y otros desconocidos porque las víctimas no lo denunciaron.

«Hemos estado año y medio sin saber si eran uno o varios los que habían secuestrado a Diana», dice una vecina de Pobra. Ahora que se ha resuelto el enigma, todos respiran aliviados y en su fuero interno rezan para que ‘El Chicle’ haya sido el autor de todo lo malo que ha ocurrido en los últimos años en esa zona de Galicia, desde el robo de un bolso hasta los movimientos sospechosos de un coche gris. Quieren creer que el monstruo es solo uno, que no hay más. Tienen miedo de no hallar la respuesta a la pregunta que se formula Carlota en su tienda de Boiro. «¿Cuántas chicas han estado vigiladas sin saberlo?».

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