Los mensajes de la asturiana asesinada: «He quedado con un tío que me dijo que me conocía. Pero yo a él, no»

Agentes de la Guardia Civil bloquean el acceso a la calle en la que vive el detenido, en el casco histórico de Navia. /
Agentes de la Guardia Civil bloquean el acceso a la calle en la que vive el detenido, en el casco histórico de Navia.

Paz Fernández envió dos mensajes de voz, muy preocupada, a un amigo antes de desaparecer

El detenido por el asesinato de la asturiana Paz Fernández, Javier Ledo, de 42 años, era amigo de la fallecida y una de las últimas personas en verla con vida. El arrestado concendió una entrevista al periódico El Comercio antes de su detención y en ella aseguraba guardar en su teléfono móvil las conversaciones que mantuvo con Paz el último día de la vida de esta mujer, justo antes de que desapareciera.

«Javi, he quedado con un tío (en Navia), me dijo que me conocía y yo no lo conocía de nada». «Se fue, vaya chungo, y tiré 100 euros a la máquina (tragaperras). Me he quedado sin la pasta para la autocaravana, me faltan 100 euros. Vaya mal rollo».

Son las palabras que contenía el primer mensaje de voz que envió Paz Fernández, a las 21.28 horas del pasado martes 13 de febrero, en el que también se escucha la entrada de otros mensajes en el teléfono. Viajar en la autocaravana era una de las pasiones de esta gijonesa de 43 años, que acudía con cierta frecuencia a Navia y tenía dos hijos. Tan interesada estaba en reparar la avería de este vehículo -«se le quemó el motor en un viaje a Gijón»- que, apunta Ledo, incluso aceptó dinero, 800 euros, de «un vecino de un pueblo de Villayón» para tratar de arreglarla. Pero, puntualizaba, también esa cantidad habría desaparecido por culpa de las tragaperras.

Preocupada por haber perdido el dinero, a las 21.42 horas volvía a remitir otro mensaje de voz a Ledo, a quien conocía desde 2012. «Vaya la que hice, joder, vaya la que monté, vaya la que hice». Un discurso que se veía interrumpido por una llamada telefónica que alguien realizó al otro teléfono que tenía. No fue hasta las diez de la noche cuando Ledo trató de volver a ponerse en contacto con quien dice que era su amiga. Según su versión, la invitó a cenar en su casa de Navia. «Le dije que viniese a cenar, que lo de menos era el dinero, que yo le daba los 100 euros», relata este coañés. Paz no llegó, que haya constancia, a contestar a esa invitación. Y, mantiene Ledo, nunca apareció para cenar con él, que añade que él tenía la pierna escayolada por una contusión, lo que le impedía articular tanto el tobillo como la rodilla y que iba con muletas. Este coañés asegura que se quedó dormido después de cenar. «Tireme encima la cama a ver si venía, pero me quedé dormido. Igual tocó la puerta, pero con la medicación que estaba tomando para el infarto, para dormir, para lo de la pierna.... no me enteré».

Paz había llegado a Navia el 13 de febrero poco antes de la hora de comer. Acudió a la pensión donde había reservado una habitación, un hostal al que acudía por segunda vez en menos de un mes. «Me pagó los 17,50 de la habitación, tomo un vino y jugó 20 céntimos en la máquina», decía Enrique García, uno de los socios de este establecimiento.

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Después, Paz se entró con Ledo, fue al coche y subió las maletas a la habitación. «No tardó nada», dijo este coañés, que entiende por ese motivo que tenía el coche estacionado cerca de la pensión. Él la invitó, primero, a comer. Pero ella rechazó la propuesta. Dijo que quería ir a descansar. Hacia las cuatro, según Ledo, me preguntó si estaba dormido. Volvieron a encontrarse en el bar de la pensión, donde tomaron algo antes de ir, hacia las cinco, a otro bar de Navia, donde se les vio juntos por última vez. «Luego yo me fui a preparar la cena y sobre las nueve la llamé y no me contestó», dijo Ledo, quien confía en no ser ya sospechoso tras haber prestado declaración en la Guardia Civil y tiene un piso en la misma calle de la pensión.

«No es mi novia»

A partir de aquella llamada a las 22 horas -que no logra acreditar ante este diario dado que no la encuentra y lo justifica en que cambió de número de móvil por problemas con su exmujer- Ledo mantiene que nada más supo de Fernández Borrego, a quien había conocido en Gijón y con quien asegura nunca mantuvo nada más que una relación de amistad. El 14 de febrero, por la mañana, asegura que le llamó el dueño de la pensión. «Me dice que el perro de mi novia está por ahí y que lleva media noche ladrando. Y yo le digo 'mi novia no, que si fuera mi novia estaría aquí, no en tu pensión'», añade.

Tras recoger a 'Bronco', el perro, en su piso, envió un mensaje de audio a Paz a las 11.15 horas para contarle que su mascota estaba en la calle. «Es rarísimo que tengas el perro por aquí tirado», le dice. Nunca obtuvo respuesta a este mensaje. Tampoco al que le mandó a las 12.55. «No sé nada de ti», insiste. Así, decide ir a la pensión y pedirle que una empleada que mire en su habitación. «Estaba vacía, pero estaba encendido un calentador, que ya tenía derretido la parte delantera», relata. Aún así, afirma que no pensó que le hubiera pasado algo, que creyó que seguía de juerga. Como él tenía que irse a Gijón, dejó el perro en una protectora. Y asegura que no se lo llevó a la madre de Paz porque no quería «preocuparla». La gijonesa no tenía pareja, aunque al parecer había mantenido una relación estable con un suizo residente en Pesoz.

Tras declarar en la Guardia Civil mantiene que le enseñaron un retrato robot: «De un chico joven, con flequillo y pómulos muy salidos, que no me sonaba de nada». «Soy consciente de que me están mirando con lupa. No me extraña nada tampoco porque fui el último supuestamente que la vio, no tengo nada que ver. Aporté todo para poder ayudar», incide Ledo, que explica que sus huellas estén en el vehículo de Paz en que la ayudó «un día a montar la silla del la niña y otro a sacar el coche de un estacionamiento ya que le funcionaba mal el cambio». También asume que la orden de alejamiento que tiene contra su exmujer, a quien amenazó de muerte, no ayuda en su defensa.

«Paz era la persona más buena del mundo, no era de jaleos ni de meterse en problemas», asegura este coañés, que afirma que ella le dijo no tener miedo ya que llevaba un espray antivioladores.

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