«Ya le habían marcado con un rotulador para hacerle la autopsia cuando se despertó»

La familia de Gabriel Montoya, a las puertas del hospital./E.C.
La familia de Gabriel Montoya, a las puertas del hospital. / E.C.

El preso cuya muerte había sido certificada por tres médicos en Oviedo se puso a roncar momentos antes de que el forense le abriese el pecho

OLAYA SUAREZOVIEDO

Lo dieron por muerto en la celda de la cárcel donde cumple condena, lo introdujeron en una bolsa y los servicios funerarios lo trasladaron al Instituto de Medicina Legal de Oviedo. La sorpresa fue mayúscula cuando horas después recobró el conocimiento en el depósito de cadáveres en el que permanecía hasta que los forenses le practicasen la autopsia. «Le tenían en la mesa y llegaron a marcarle con rotulador en el pecho para abrirle. Fue ahí cuando empezó a roncar y recobró el conocimiento», relataban impresionados los familiares de Gabriel Montoya, que el sábado protagonizó un insólito episodio al ‘resucitar’ horas después de que tres médicos certificasen su muerte.

«Ha sido un milagro. Casi lo enterramos vivo», comentaban los familiares a las puertas de la UCI del Hospital de Asturias donde esperaban ayer noticias de ‘El Chino’, como lo conocen sus allegados. Su padre, José Carlos Montoya, pasó de llorar la muerte de su hijo a celebrar la vida de un hombre, decía apenado, «que cumple condena por robar un poco de chatarra para dar de comer a sus cinco hijos». Agentes de la Guardia Civil custodiaban al preso en las instalaciones sanitarios.

Sin explicación

La ‘resurrección’ ha dejado atónitos a sus familiares y a los profesionales de la medicina. El caso de Gabriel Montoya Jiménez no tiene precedentes en la historia reciente del Anatómico Forense de Asturias. Fuentes próximas a la investigación señalan que podría tratarse de un episodio de catalepsia, en el que la persona permanece sin signos vitales aparentes durante un largo periodo de tiempo.

Montoya cumple condena en el módulo ocho del Centro Penitenciario de Asturias, ubicado en Villabona. El sábado, sobre las ocho de la mañana, durante el recuento de presos, los funcionarios lo encontraron inconsciente dentro de su celda. Alertaron a los servicios médicos. Los dos facultativos que estaban en la cárcel, ambos con más de treinta años de trayectoria profesional, certificaron su fallecimiento, al igual que hizo el forense de la comisión judicial que acudió a la prisión.

Pasadas las nueve de la mañana se autorizó el levantamiento del supuesto cadáver y se determinó que debía ser sometido a una autopsia para establecer las causas concretas de la muerte. El cuerpo fue introducido en una bolsa y trasladado por los servicios funerarios al depósito del Instituto de Medicina Legal, en Oviedo. El personal de guardia en las instalaciones no podía creerse lo que veía cuando el hombre recuperó la consciencia justo cuando iba a comenzar la autopsia.

Para la familia del preso, de etnia gitana, fue una experiencia difícil de asimilar. Recibieron la triste noticia del fallecimiento y se desplazaron hasta el Anatómico Forense para que les entregasen el cadáver y poder velarlo en el tanatorio. Sin embargo, les dieron una noticia que no esperaba:estaba vivo. El hombre, que había llegado al depósito de cadáveres en coche fúnebre, salió en ambulancia con destino al hospital. Los médicos le ingresaron con el fin de someterle a pruebas que puedan aclarar lo que ocurrió para darle por muerto durante más de cinco horas.

La familia, residente en Avilés, dice que ya está en conversaciones con un abogado «para que se haga justicia». «No puede estar en la penitenciaría en estas condiciones», dice su padre, quien considera que los Montoya han sido «tocados por el milagro».

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