El maquinista del cercanías al pasaje: «Voy a parar que he visto algo extraño en la vía»

Los padres de la pequeña, en el lugar donde se ha encontrado su cuerpo. / Salvador Salas

El conductor que cubría el trayecto del cercanías Álora-Málaga descubrió el cuerpo de la menor. «Le pareció ver un bulto, algo de ropa», según una de las pasajeras

ROSSEL APARICIOMálaga

Salió de la estación de Málaga a las 6.00 horas de la mañana rumbo a Álora. Era el primer tren de la jornada de la línea 2. Una vez allí, recibió a los pasajeros con la cara «descompuesta, blanca». En el trayecto había visto algo «extraño» y le estaba dando vueltas. El tren, que tenía que haber salido a las 6.45 horas desde la estación aloreña, partió unos diez minutos más tarde y poco después paró en seco. Decidió echar un ojo a ese bulto «extraño» que había visto con anterioridad: «Voy a mirar que he visto algo raro en las vías y están buscando a una niña», indicó a algunos de los pasajeros antes de cerrar las puertas y bajar. «Le pareció ver un bulto, algo de ropa», indica una de las pasajeras que se encontraba dentro de uno de los vagones.

Según el relato de esta viajera, el maquinista permaneció durante más de una hora fuera del tren hasta que, al subir, confirmó lo que ya todos se temían: era el cuerpo de Lucía Vivar, la niña de tres años desaparecida desde anoche cuando cenaba con sus padres en un restaurante de la Estación de Pizarra.

La veintena de viajeros que se encontraba dentro del tren no pudieron apearse hasta aproximadamente las 10.00 horas de la mañana cuando llegó un autobús para su traslado. «Tuvieron que poner incluso unas escaleras para que los viajeros pudiéramos bajar, el tren había parado en un punto de altura del trayecto». «Ha sido una desgracia tremenda, una pena», repetía la viajera visiblemente afectada. Durante todo ese tiempo y hasta el levantamiento del cadáver de la pequeña -ocurrió sobre las 10.30 horas- el tráfico del Cercanías quedó interrumpido.

Aunque todas las hipótesis están abiertas la que adquiere más fuerza, según fuentes consultadas por diarioSUR, es que la muerte de la menor haya podido ser accidental.

Lucía se había extraviado mientras jugaba con sus primos en el bar La Estación (el de las vallas rojas). / Salvador Salas

Alhaurín el Grande, conmocionado por la muerte de Lucía

Alhaurín el Grande ha amanecido pegado al televisor. Las llamadas y los mensajes confirmaban la noticia, imposible de creer en las pantallas. Lucía Vivar era la hija de Antonio y Almudena, un joven matrimonio muy conocido en Alhaurín el Grande, que había ido a cenar a Pizarra, pueblo natal del padre. Él trabaja en la empresa familiar, un negocio dedicado a excavaciones industriales que efectúa contratos regulares con el Ayuntamiento. Ella, en una gasolinera cercana. «Prácticamente todo el mundo les conoce», ha apuntado Toñi Ledesma, alcaldesa del municipio, quien ha anunciado que se han decretado tres días de luto oficial y la suspensión de todos los actos públicos.

En la calle donde está ubicado el negocio familiar, los vecinos llevan toda la mañana pegados al teléfono. Frente a la empresa hay un bar donde el desayuno ha estado marcado por el desenlace de la noticia. «Hemos tenido un despertar horrible», ha explicado el propietario del bar. «Aquí todos conocíamos a la niña, a sus padres y a sus abuelos, esto no tiene sentido». En una de las mesas más alejada de la puerta, Clara, amiga de la familia, ha relatado emocionada las horas previas a la llamada que confirmó la muerte de Lucía. «No nos lo podemos creer», ha expresado. «Primero lo vi en la televisión, y cuando vi el nombre de la niña no me lo podía creer».

Alhaurín el Grande ha amanecido pegado al televisor. / F. Torres

En la misma calle, un poco más arriba, la propietaria de una peluquería hablaba a través de la reja del local con varios vecinos. «Escuchamos un grito y salieron corriendo». Los abuelos de la menor recibieron la noticia de madrugada. «La abuela estaba en el coche esperando a su marido con la mirada perdida y diciendo que se había perdido la niña». Algunos negocios de la calle no han levantado la persiana esta mañana ya que muchos conocen a los padres y han ido a Pizarra para estar con ellos.

«Mucho cuidadito con los niños». Con este consejo, algunos vecinos asimilaban lo ocurrido y terminaban de dar la noticia a aquellos que no se habían enterado. «¿Pero se perdió o se la han llevado?», han preguntado un grupo recién llegado al local. Aunque la investigación está en proceso y de momento se desconocen las circunstancias de la muerte, el propietario del bar ha asegurado que «es imposible que una chica de tres años ande siete kilómetros de noche (tres kilómetros si se sigue la línea recta de la vía del tren); alguien se la ha llevado, pero ¿por qué».

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