El kamikaze de la A-8 «entró a fuego» en la autovía hasta chocar con el coche del joven matrimonio

Los dos coches que precedían al de David y Ana sortearon por los pelos al Seat Toledo de Rafael Quevedo

TEODORO SAN JOSÉ

Hoy está previsto que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de San Vicente de la Barquera reciba todos los informes relativos al accidente del pasado viernes en la localidad cántabra de Caviedes (Valdáliga) en el que fallecieron tres personas debido a la intervención de un coche que circulaba en sentido contrario. Una desgracia que tiene conmocionada a la localidad de Los Corrales de Buelna ya que los tres fallecidos eran vecinos de ese pueblo, como también a la de Camargo, de cuyo municipio era originario uno de ellos. El juzgado barquereño va a ser el encargado de llevar las diligencias.

De esa documentación se desprenderá qué sucedió la noche del viernes, entre las ocho y media y las nueve, aproximadamente, desde que el Seat Toledo, conducido por Rafael Quevedo, estuvo detenido en el área de servicio que existe en la A-8 a la altura de Caviedes en sentido Asturias, y el momento del choque frontal contra el C4 en el que viajaban David Duque, como conductor, y su esposa, Ana Capellín.

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Quizá también en esos informes pueda haber indicios -a raíz de las investigaciones o de entrevistas realizadas por la Benemérita entre testigos, cámaras de tráfico o algún otro atisbo- de por qué o cómo el primer conductor tomó la dirección equivocada, accedió a la autovía por dirección prohibida y actuó como un kamikaze de forma temeraria.

Varias personas que se encontraban en la cafetería del área de servicio fueron testigos de cómo el vehículo de Rafael Quevedo, tras maniobrar por el aparcamiento existente entre la gasolinera y ese establecimiento, tomó el carril en el que se advierte que es dirección prohibida y que seguidamente accedió a la autovía en sentido contrario a gran velocidad. «El coche salió desde el aparcamiento», reitera Miguel Ángel Álvarez, vecino de Valdáliga y testigo de la acción, junto a otras seis o siete personas más que se hallaban en la cafetería. «Se fue por donde no debía y cuando salimos para tratar de advertirle ya sólo pudimos ver que se metía hacia el túnel en sentido contrario», comentaba Miguel Ángel, y concluía con que el conductor lo hizo primero despacio y luego a gran velocidad. El turismo pasó la primera de las dos señales de stop «un poco despacio», pero después «aceleró mucho» y se incorporó «muy deprisa» a la Autovía del Cantábrico. «Entró a fuego» por el túnel de Caviedes, relató ayer a la Cadena Ser Álvarez, aún «nervioso» por un suceso que no se puede «quitar de la cabeza». «Ves un caso de estos y te ves impotente. No puedes hacer nada», se lamentaba.

También se tiene la certeza, por ejemplo, de que pese a cruzarse de frente con tres vehículos y un camión ya en el interior del túnel recién incorporado a la autovía -como se aprecia en un vídeo tomado por las cámaras de mantenimiento- Rafael Quevedo no se detuvo. Y en torno a este trágico suceso se sabe, asimismo, que un par de kilómetros y medio más allá dos coches que en aquel momento rodaban por la autovía y precedían al C4 de David y Ana pudieron sortear por los pelos al Seat Toledo que les venía de frente; sin embargo, el C4 de la malograda joven pareja ya no tuvo tiempo de reaccionar ni de evitar el choque mortal.

De tal modo que allá, en el kilómetro 252,4 de la A-8, se dio la fatídica coincidencia de que tres vecinos de Los Corrales dejaban su vida en un aparatoso choque. Uno conduciendo de forma temeraria, y los otros dos camino de un fin de semana en Asturias donde pensaban celebrar el cumpleaños de Ana (el mismo sábado hubiera hecho 25 años) y visitar al padre de David.

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