Ana Julia se explica en una carta: «La muerte de Gabriel fue un accidente y me bloqueé»

Ana Rosa Quintana lee la carta de Ana Julia, la asesina de Gabriel Telecinco/
Ana Rosa Quintana lee la carta de Ana Julia, la asesina de Gabriel Telecinco

La asesina confesa del pequeño dirige una misiva a Ana Rosa Quintana en la que pide perdón a toda la familia y en especial a Ángel, su ex pareja y padre del menor: «Quité a la persona que amo lo más grande que una persona puede tener; un hijo»

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58 líneas manuscritas en dos folios. Ese es el espacio que ocupan las explicaciones que ha dado la asesina confesa del niño Gabriel en una carta enviada desde la cárcel almeriense de El Acebuche a 'El programa de Ana Rosa' y en el que sostiene que la muerte del 'pescaíto' se debió a un «accidente» que se le fue de las manos. Una misiva dividida en dos partes: mientras en la primera Ana Julia muestra su arrepentimiento y pide perdón a la familia del pequeño, en la segunda se muestra como víctima de «racismo y xenofobia» y acusa a la Guardia Civil de maltratarla durante su arresto en los calabozos. «Fue un infierno».

«Hola Ana Rosa». Así arranca la carta, que este jueves dio a conocer su destinataria en el programa y que llega cuando se cumplen 26 días del ingreso de la acusada en el penal. Según ha relatado Quintana, el programa le solicitó una entrevista que ha contestado a vuelta de correo. «¿Que como estoy? Pues te puedes imaginar, nada bien. Ante todo pedir perdón a toda la familia de Gabriel y a todas las personas que he hecho daño. No puedo hablar mucho por el secreto de sumario», asegura.

Ana Julia se muestra «impactada» por «todas las mentiras que se han dicho de mí». Según su versión de los hechos, la muerte de Gabriel fue un «accidente». «Siempre lo diré porque es la verdad. Me asusté mucho, el miedo te bloquea y actué así. No fui lo suficientemente fuerte como para decirle a mi pareja, a nadie, lo que había pasado y, poco a poco, me fui metiendo en una bola cada vez más grande».

Se muestra arrepentida porque «quite a la persona que amo lo más grande que uno puede tener, un hijo. Ángel, Patricia, a todos perdón», También a su propia hija, a la que reconoce que ha hecho «mucho daño». «Espero que ella algún día me pueda perdonar. También creo que cometas el delito que cometas nos tienen que tratar como personas. Sé que pasaré el resto de mi vida aquí, pero esto es en lo que menos pienso». También anuncia que no serán sus últimas palabras desde la cárcel. «Tengo mucho que contar, en cuanto pueda, lo explicaré».

Ana Julia Quezada.
Ana Julia Quezada.

«La prisión me pareció el cielo»

Pero la carta no acaba ahí: hay una segunda parte que, tal y como reconoce la propia remitente, escribe en caliente tras ver en los informativos cómo unos vecinos de Coripe (Sevilla) quemaban una muñeca que representaba a Ana Julia. «No lo veo normal», sostiene.

En un tono que denota su evidente enfado, la convicta se pone a la defensiva. «No soy más monstruo que esas personas y lo hice por un accidente. Ellos lo hacían queriendo, son más monstruo que yo. Al escribir esta carta me tiemblan las manos, así que disculpas, cuando hay gente de color blanco que cometen esos crímenes nunca he visto tantas barbaridades. Eso se llama racismo y xenofobia».

«Soy negra, cometí un delito sin querer, lo único que pido es que se me juzgue y se me trate como se me tiene que tratar en mi situación», reclama Ana Julia, que a continuación relata malos tratos durante su detención. Según sostiene, las dos agentes de la Guardia Civil que la trasladaban en el coche le amenazaron e insultaron. «Me querían matar con las esposas por detrás y diciéndome una 'ahora mismo te mataba, zorra. Te dejaba en una plaza para que te mataran, hija de puta. A ver si con un poco de suerte te matan en la cárcel'».

«En el calabozo fue un infierno. No sé si sabéis que la familia de Ángel es Guardia Civil, con esto os puedo decir cómo me trataron. A mí me han tratado muy mal ciertas personas en el calabozo y en más sitios. Por eso cuando llegué a prisión me pareció el cielo. Estoy con antidepresivos y pastillas para comer y dormir. ¿Que no hay racismo en España? Ahora lo pongo en duda, menos mal que aquí en la prisión me siento bien y me tratan como es debido porque son profesionales», asegura la acusada, que se despide con «un saludo» y su firma.

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