La concejal herida en el derribo de la cruz franquista de Larrabetzu es operada de ambas piernas

Técnicos municipales y de la empresa investigan el incidente, que se saldó con cuatro heridos al caer el monumento de frente y no hacia un lateral como estaba previsto

I. ERRAZTI/ S. VÁZQUEZ

Técnicos del Ayuntamiento de Larrabetzu y de la empresa encargada del derribo de la cruz de Gaztelumendi, el monumento de piedra y hormigón que desde hace 79 años recordaba a los fallecidos del bando franquista en los combates previos a la toma de Bilbao, han iniciado una investigación para determinar qué falló para que el monolito cayese ayer de frente y no de lado cuando una firma especializada procedía a su retirada. «Juntos intentaremos llegar a unas conclusiones sobre lo ocurrido», ha afirmado hoy Iñigo Gaztelu (EH Bildu), alcalde del municipio, quien ha avanzado que, a falta del informe que determinará qué pasó, se barajan varias posibilidades: «El mal estado del monumento, la mala suerte de que alguna piedra del suelo realizase un 'efecto rebote'...».

«Fue un desgraciado accidente» -sentencia el regidor- que se saldó con cuatro heridos: dos mujeres, un niño de 8 años y su abuelo. La más grave es María Luisa Mezo, concejala del PNV en el Ayuntamiento, de 61 años, que se encuentra ingresada en el hospital de Basurto tras sufrir fracturas de tibia y peroné en ambas piernas. La edil ha sido operada de las piernas y se recupera «satisfactoriamente».

La otra mujer herida, que sufrió varios golpes; el hombre, con un brazo roto, y su nieto, con rasguños, ya se recuperan en casa desde ayer. El consistorio de Larrabetzu se ha puesto a disposición de los afectados por este suceso «para todo lo que necesiten».

El Ayuntamiento de Larrabetzu había preparado con mimo el operativo para acabar con la cruz, después de que el pasado 26 de abril aprobara en Pleno y por unanimidad su demolición. La decisión no sólo obedecía a la simbología del monumento. Había otras razones de peso, como su situación de ruina y la posibilidad de derrumbe. «La Ertzaintza nos había advertido del riesgo de caída», recuerda el regidor, quien destaca que en todo momento se tomaron las medidas de seguridad pertinentes.

Los responsables municipales abrieron un expediente y contrataron a una empresa privada y a un coordinador de seguridad para ejecutar con garantías los trabajos, presupuestados en 2.600 euros. Una vez organizado el dispositivo, convocaron a la ciudadanía para que acudiera a celebrar la caída de la cruz, de ocho metros de alto.

«Le he hecho un torniquete porque sangraba mucho»

Miguel Ángel Gaztelu compartía paraguas con su compañera de partido cuando ocurrió el accidente. «Estábamos juntos, pegados, pero milagrosamente a mí no me ha pasado nada. Ha debido ser el destino», recordaba ayer el edil del PNV, que atendió con el alcalde a María Luisa Mezo hasta que llegaron las asistencias. «Se ha llevado la peor parte, tenía una pierna muy mal», explicaba Gaztelu, que hasta le practicó un torniquete con su cinturón «porque sangraba mucho». «Se quejaba del dolor, pero se ha portado como una jabata».

La cita era ayer, a las diez y media de la mañana. Pero algo falló, y sólo diez minutos después de la hora fijada sobrevino lo que pudo haber sido una auténtica tragedia. El bloque de piedra y hormigón, del que tiró un camión con la ayuda de un estrobo, debía caer hacia un lado. Sin embargo, por causas que se desconocen, se vino abajo de frente, lo que provocó que algunas de las rocas salieran disparadas hacia la zona donde se encontraba el público.

Perímetro de seguridad

El Ayuntamiento había tomado «todas las medidas necesarias» para el derribo. «El perímetro de seguridad incluso era superior al establecido, de 18 metros, y estaba el coordinador. No sabemos qué ha podido pasar. Somos los primeros sorprendidos por este desgraciado accidente», lamenta Gaztelu. Los técnicos municipales y los responsables del derribo analizan ya el incidente con el fin de esclarecer las causas, precisa el alcalde, que muestra su «solidaridad y apoyo total» a los heridos.

EN SU CONTEXTO

1938.
Año en el que se construye en la cima del monte Gaztelumendi la cruz de piedra y hormigón como homenaje a los caídos del ejército golpista.
'Cinturón de hierro'.
El monumento se inauguró en vísperas de los actos conmemorativos del primer aniversario de la ruptura en Larrabetzu del ‘Cinturón de Hierro’, creado en 1936 para defender Bilbao de las tropas franquistas.
La otra cruz de Lemoa.
El Ayuntamiento de Lemoa tiene pendiente el derribo de la ‘Cruz de los Caídos’, otro vestigio franquista levantado en 1937 en Peña Lemona. El Pleno acordó en enero de 2014 demoler la estructura de hierro y cemento y diez metros de altura. Pero tres años después nada ha cambiado. En Bilbao, el águila franquista de la fachada de la Agencia Tributaria tiene los días contados.

Eliminado el símbolo franquista de Gaztelumendi, la institución local mantiene sus planes para instalar en la misma zona un monolito con una placa en recuerdo de los combatientes caídos «por la libertad y contra el fascismo». Su inauguración tendrá lugar en septiembre. Antes, explica el regidor, «se realizarán excavaciones en la base de la cruz porque podría haber restos de gudaris».

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