Unos estafadores intentaron extorsionar a la familia de Lucía con un falso secuestro

Imagen del entierro de la menor, al que asistieron cientos de vecinos, amigos y familiares.
Imagen del entierro de la menor, al que asistieron cientos de vecinos, amigos y familiares. / Salvador Salas

La madre de la pequeña hallada muerta tras desaparecer en la localidad malagueña de Pizarra recibió varios mensajes de WhatsApp el día del entierro por parte de unos desconocidos que decían haberse llevado a la niña de la estación de tren

JUAN CANO Y JON SEDANO

El timbre del teléfono sonó la madrugada del 29 de julio. La familia de Lucía Vivar seguía instalada en la pesadilla que comenzó tres noches antes, cuando la pequeña desapareció mientras celebraban el santo de la abuela Ana en el bar de la estación de Pizarra. «La queremos soltar con vida, pero si vemos que se nos complica, sin miedo se la matamos», se leía en el primer mensaje de WhatsApp, que entró en el móvil de la madre a las 4.20. Almudena Hidalgo miró la pantalla desconcertada. Era imposible. Esa misma mañana habían enterrado a su hija en el cementerio de Alhaurín el Grande.

Los siguientes mensajes entraron a la vez, con cierto automatismo. El remitente, un número largo, desconocido para ella, le informaba de que tenían a su hija secuestrada y le advertía de que no tratara de ponerse en contacto «con el Gobierno ni con los medios», porque, de hacerlo, la matarían. «No entiendo nada... ¿Quiénes sois?», tecleó la madre de Lucía en el teléfono, angustiada por la posibilidad de que esa persona supiera lo que le había pasado a su hija. Su interlocutor le respondió que fueron ellos los que se llevaron a la niña de la estación.

A continuación, Almudena recibió dos videollamadas. Intentó contestar la primera, pero se cortó. La segunda también. Los padres optaron por contactar con el oficial de la Guardia Civil que está al mando de la investigación, quien, tras realizar algunas comprobaciones, los tranquilizó. Se trataba de un intento de extorsión, según ha podido saber SUR.

Bromistas sin escrúpulos

La Guardia Civil abrió una vía de investigación, colateral a la muerte de la niña, para descubrir quién estaba detrás de aquel número de teléfono. No es la primera vez que ocurre. En otros casos mediáticos, como los de Diana Quer, Yéremi Vargas o Marta del Castillo, las familias han recibido llamadas o correos electrónicos de desconocidos que incluso llegaban a hacerse pasar por la víctima, asegurando que estaba secuestrada. «O son estafadores que buscan dinero, o alguien –en ocasiones, menores de edad– que pretende gastar una broma, que resulta ser muy pesada», aclara un investigador.

Un equipo conjunto para identificar a los delincuentes

El delito cruza el Atlántico a través del teléfono. Las llamadas salen desde prisiones chilenas, concretamente desde Colina I y, sobre todo, desde Colina II, que está considerada una de las cárceles más peligrosas de Sudamérica. Una delegación de la policía española ha viajado hasta allí en virtud de una comisión rogatoria dictada por un juzgado español para investigar la estafa de los secuestros virtuales. Allí, los agentes pudieron conocer de primera mano cómo actúan estos delincuentes. La primera conclusión a la que llegaron es que están organizados. Si bien las llamadas se realizan desde las celdas, el siguiente eslabón se sitúa en las puertas de las prisiones, donde otros miembros de la organización captan a los «cobradores» entre las personas que guardan cola para ver a sus familiares presos; su misión es retirar el dinero enviado por las víctimas y entregárselo dentro de la cárcel al estafador a cambio de una comisión. Tras la experiencia, las autoridades españolas y chilenas trabajan en la creación de un equipo conjunto de investigación que ya ha empezado a dar sus frutos: en julio, la policía cuajó una operación con varios detenidos.

Pero en el caso de Lucía había algo distinto. La persona que envió el mensaje a su madre no sabía que la niña ya había sido encontrada muerta, lo que a todas luces lo sitúa fuera de España. Según ha podido saber SUR, las pesquisas conducen inicialmente hasta Sudamérica, tanto por el número de teléfono como por el vocabulario del remitente, lo que confirmaba la que desde el principio había sido la principal hipótesis de los investigadores. Al parecer, la familia de Lucía Vivar habría sido víctima de un intento de «secuestro virtual», una modalidad de estafa que ha hecho estragos en España durante los últimos años, tanto que obligó a las Fuerzas de Seguridad a emitir alertas para evitar que el número de víctimas la convirtiera en epidemia. La principal dificultad para la investigación radica en que se perpetra a miles de kilómetros de distancia: las llamadas que alertan de los falsos secuestros se realizan desde prisiones chilenas.

La familia habría sido víctima de un intento de estafa con una variante del ‘secuestro virtual’

La extorsión, en su origen, consistía en llamar aleatoriamente, sin seguir más orden que el del listín telefónico, a números de teléfono fijos. Tras el «dígame» del interlocutor español, el estafador chileno inicia un discurso que se basa en la amenaza –«tenemos secuestrado a su hijo»– y que se improvisa según las reacciones del oyente. Si la persona a la que llaman no tiene niños, cuelgan. Si tiene y en ese momento están fuera de casa, se convierten en potenciales víctimas de la treta, con la que buscan sacarle una suma en efectivo. La cuantía del rescate también se improvisa. Siempre empiezan pidiendo 10.000 euros, pero acaban rebajando sus pretensiones a medida que avanza la conversación y terminan por conformarse con una transferencia rápida a través de alguna oficina de Western Union o MoneyGram.

De confirmarse las sospechas de los agentes, el caso de Lucía Vivar sería una nueva variante, hasta ahora inédita, que supondría una vuelta de tuerca a la estafa del secuestro virtual y que llama la atención por la «falta absoluta de escrúpulos y humanidad», comenta una fuente conocedora del caso, ya que las víctimas son familias que «ya lo están pasando mal por la desaparición de un ser querido». La diferencia versa principalmente en que, aquí, los estafadores sí tenían un conocimiento previo de la desaparición de la niña, de manera que el contacto que mantuvieron con la familia, a través de WhatsApp, no fue aleatorio, lo que queda acreditado cuando hacen referencia a la estación.

La investigación apunta a que los delincuentes habrían tenido conocimiento de la búsqueda de la pequeña a través de Internet y seguramente fue así como consiguieron el número de móvil de Almudena, que no tuvo reparos en proporcionarlo en los primeros momentos de la desaparición para recibir información del paradero de su hija. «Supieron que la familia estaba buscando a la niña bien a través de las redes sociales o por medio de un cooperador que reside en España, y decidieron aprovecharse de la desesperación de los padres», apunta otra fuente, que se encarga de apuntalar la hipótesis: «Por la diferencia horaria no se enteraron de que la habían encontrado muerta, y llegaron tarde».

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