La Ertzaintza descarta que la joven de Irún fuera víctima de una agresión

Ambulancias y agentes policiales, después de que la chica fuera localizada en un talud. /DV
Ambulancias y agentes policiales, después de que la chica fuera localizada en un talud. / DV

La principal hipótesis es que la mujer es la única responsable de los hechos. Ella misma habría reconocido ante los agentes su implicación en lo sucedido, aunque se siguen investigando todos los detalles

A. S. JIMÉNEZSan Sebastián

No hubo agresión. Esa es la conclusión a la que ha llegado la Ertzaintza en el caso de la joven de Irún que el pasado martes apareció maniatada, amordazada e inconsciente en un talud cercano al parque Mendibil de la localidad. Después de días de investigación, fuentes policiales han confirmado que la principal hipótesis que mantienen los investigadores es que la mujer de 24 años es la única responsable de lo sucedido, y por tanto descartan que existiera una agresión por parte de terceras personas. Al parecer, ella misma habría reconocido ante los agentes su implicación en los hechos.

El misterio ha rodeado a este suceso desde el principio, además del hermetismo sobre las líneas de investigación que podría estar siguiendo la policía. La forma en la que fue encontrada la joven, atada con bridas de pies y manos y con la boca tapada con cinta americana, llevaron a la convicción de que fue atacada y arrojada por una pendiente a una zona de vegetación de difícil acceso, donde permaneció durante varias horas hasta que fue encontrada en estado crítico. Sin embargo, fuentes policiales afirman que las indagaciones hechas sobre lo sucedido llevaron a los agentes a descartar desde un inicio que la joven hubiera sufrido una agresión por parte de otra persona. Y, por tanto, remarcan, la investigación nunca se ha centrado en la búsqueda de ningún sospechoso.

Asimismo, esas mismas fuentes señalan que la policía vasca cuenta con «evidencias físicas» que demuestran la implicación de la mujer en los hechos. En sus declaraciones ante la Ertzaintza en el hospital donde fue ingresada, la vecina de Irun no ha incriminado ni acusado a nadie de la supuesta agresión. «La única referencia realizada a la implicación de un tercero es que dijo que le habían pinchado», señalan dichas fuentes. Pero, al mismo tiempo, la propia joven habría reconocido a los agentes su implicación en los hechos.

A raíz de las declaraciones recabadas y, sobre todo, de las pruebas encontradas, la Ertzaintza sostiene como principal hipótesis que la mujer es la única persona responsable de lo sucedido, y que por tanto no existió ninguna agresión contra ella. No obstante, mantienen abierta la investigación para poder esclarecer todos los detalles que rodean al caso. Un familiar cercano a la joven trasladó el día anterior a este periódico su convicción de que había alguna persona implicada en lo ocurrido, aunque no apuntaron en ninguna dirección concreta y se remitieron a la investigación policial. Su deseo era «dejar atrás» lo sucedido y «recuperar la normalidad».

A punto de morir

Los hechos se remontan al pasado martes. La voz de alarma saltó sobre las 10.30 horas. A esa hora un ciclista que circulaba por la carretera GI-636 situada a los pies del parque Mendibil dio el aviso de que había una joven tirada entre los arbustos del talud que se sitúa entre el parque y la carretera. La joven, de 24 años, se encontraba maniatada a la espalda con unas bridas, amordazada con cinta americana y en estado inconsciente. Los equipos de emergencias desplazados al lugar necesitaron la presencia de los bomberos para acceder hasta ella, ya que se hallaba en una zona de muy difícil acceso, rodeada de arbustos. Unas circunstancias que llevaron a pensar en un primer momento que la joven había sido arrojada allí desde lo alto del parque, a unos 20 metros.

Tras ser rescatada, los servicios sanitarios constataron que se encontraba inconsciente y con síntomas de hipotermia, situación que apuntaba a que llevaba varias horas en ese lugar. Tras comprobar in situ que sus constantes vitales eran muy bajas, los esfuerzos de los sanitarios se centraron en salvar su vida, y cuando consiguieron estabilizarla la trasladaron al Hospital Donostia, a donde llegó en estado de coma.

Según informaron al día siguiente fuentes cercanas a la familia, la chica recuperó horas después, ese mismo martes, la consciencia. Y a partir de ese momento ha ido evolucionando favorablemente en los últimos días. Una persona muy allegada a la mujer afirmó el viernes a este periódico que la chica se encuentra «físicamente bien», confirmó que no presentaba ningún tipo de lesión más allá de la atención recibida por la hipotermia, y anunció que iba a recibir el alta de forma inminente. Aunque no supieron determinar el día porque mantenía «atención médica».

Esas mismas fuentes señalaron que la familia dio aviso de la desaparición el martes por la mañana cuando supieron que la joven no había acudido a su puesto de trabajo en el Centro de Arrupenea de Aspace. Interpusieron una denuncia ante la Ertzaintza. Y más tarde, la Policía vasca, confirmó que efectivamente la mujer localizada por el ciclista junto al parque Mendibil, cerca de su domicilio, era ella.

Aunque las fuentes policiales consultadas por este periódico aseguran que su principal hipótesis fue desde el inicio la que se ha confirmado, el entorno familiar ha preservado hasta el último momento la posibilidad de que alguien más estuviera implicado en los hechos. Hablaron de «atacante», aunque al ser preguntados por sus sospechas remitieron a la investigación y no apuntaron a si podría ser un caso de violencia de género o un ataque de alguna persona desconocida. No obstante, las fuentes familiares consultadas se mostraron convencidas de que, cuando existieran evidencias «concluyentes», el caso se esclarecería.

«Somos una familia tranquila, humilde y discreta, que nos ha pasado esto y queremos dejar atrás este acontecimiento. No seguir reviviéndolo», insistían, conscientes de la gran repercusión del caso y de las incógnitas que lo rodeaban. Su principal afán, no obstante, parecía el de proteger a la joven, y por eso pedían respeto y «tiempo» para que la Ertzaintza concluyera la investigación, y que no se alimentaran rumores ni se atendiera a informaciones «erróneas».

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