Desahuciados de los baños de Ondarreta

Desahuciados de los baños de Ondarreta

Una guipuzcoana embarazada y su pareja son desalojados de los servicios públicos en los que han vivido tras perder su piso en Errenteria

JAVIER PEÑALBA

No están pasando por su mejor momento, más bien al contrario. Rocío y Kamil no tienen dónde cobijarse, dónde descansar, dónde dormir... En las últimas semanas los antiguos baños de los jardines existentes entre el palacio de Miramar y la playa de Ondarreta han sido su ‘hogar’. Lo habían acondicionado y limpiado. Pero ayer dejó de serlo. Una patrulla de la Guardia Municipal de Donostia les obligó a abandonar el espacio que ocupaban. Luego unos albañiles tapiaron la entrada. Rocío, embarazada de tres meses, y Kamil se quedaron en la calle, donde los termómetros marcaban cuatro grados.

Dos maletas, otros tantos carros de compra, tres bolsas y una mochila. Es todo lo que tienen. Ni siquiera les quedan ánimos. Han solicitado ayuda a varias instituciones, pero según afirma Rocío nadie ha atendido sus demandas. «Solo pretendemos que nos dejen una habitación para poder vivir, por lo menos hasta que encuentre trabajo. De lo contrario, tendremos que buscar otro lugar en el que cobijarnos. No sé adónde vamos a ir», se lamenta Rocío Villena.

Esta guipuzcoana lleva con su pareja, «de un lado a otro» desde el 3 de julio. «Hasta entonces, yo vivía en mi casa de Errenteria. Pero me quedé sin trabajo. Se me acumularon los impagos del alquiler y me echaron. Desde entonces hemos estado por ahí hasta que Kamil encontró este espacio, los baños. Estaba abandonado, todo sucio, lleno de mosquitos, y lo limpió, lo adecentó. Me vine con él. Yo llevo un mes aquí».

«Calentamos la comida que nos dan con alcohol de quemar en el interior de unas latas»

Desde entonces, este subterráneo ha sido su casa. «Conseguimos de la basura un colchón, un somier, una mesilla... Terminamos creando una habitación».

Pero desde que se instalaron se han sentido vigilados y han vivido con la incertidumbre y el desasosiego de que «en cualquier momento» podían ser desalojados. «Todas las noches venía la Ertzaintza. Nos pedía la documentación. De tanta visita, al final la solíamos tener preparada en la mesilla. Nos decían que entraban árabes. A quien veían era a mi pareja, a Kamil, que es argelino», relata.

«No cobro nada de nada»

Desde que se quedó en paro, Rocío ha vivido como mejor ha podido. «No cobro nada, pero nada de nada. Trabajaba en el sector de la hostelería, pero al finalizar el contrato me quedé sin empleo». Asegura que no tienen para comer y que subsisten gracias a la caridad. Acuden al barrio de Larratxo donde periódicamente reciben alimentos que luego cocinan o calientan en latas, mediante el empleo de alcohol. «Otras veces comemos porque la chica de un bar cercano, la del Bar Luis de la calle Matía, nos da unos pinchos. También solemos ir a otro bar, el Pescaíto de la Bahía de Cádiz, a pedir algún pincho. Allí, les expliqué cuál era la situación en la que estaba y el dueño me dijo que si quería este mismo viernes podía ir a trabajar. No podía creer lo que nos estaba sucediendo. Es la única persona que se ha interesado por nuestra situación y nos está ayudando».

Rocío, de 46 años, reconoce que esta inesperada oferta laboral le abre de nuevo las puertas de la esperanza. «Imagino que trabajaré el fin de semana. No sé cuánto voy a percibir, pero siempre es una buena noticia», añade, aunque se lamenta de no poder disponer siquiera de medios para adecentarse bien para acudir al trabajo. «De momento no me puedo ni lavar. Calentamos el agua con el alcohol de quemar y así vamos tirando poco a poco».

Durante este tiempo, la pareja ha acudido en busca de ayuda a los Servicios Sociales tanto de Donostia como de Errenteria. «Los primeros me dicen que para percibir cualquier tipo de ayuda como la RGI tengo que tener un contrato de habitación y un padrón. Y si no, que vaya a Errenteria. Ahí me dicen prácticamente lo mismo. Ya sé que en ningún lado me van a ayudar».

Y mientras tanto, tirados en la calle, sin un lugar al que ir, esta pareja se enfrenta a una situación que en un futuro puede resultar todavía más crítica. «La cosa se complicará según avance el período de gestación. Pero qué voy a hacer, no tenemos adónde ir. No nos dejan otra salida que la de buscarnos otro lugar y ocuparlo». Rocío reitera que «solo pido que me den una habitación de esas compartidas en la que podamos vivir hasta que encuentre trabajo. Yo sé que se las están ofreciendo a otras personas. ¿Por qué no a nosotros? Estamos en la calle, con una temperatura de cuatro grados. Y yo estoy embarazada».

«No tenemos ni para llamar»

Aun cuando la pareja es conocedora de la oferta existente en los albergues, segura que «que ya estuvimos en el de Intxaurrondo -Abegi Etxea- y no podemos volver hasta que transcurra un tiempo. Y en el de Ondarreta, la noche nos cuesta 33 euros. No tenemos ese dinero. Por no tener, no tenemos ni saldo en el móvil para llamar a los servicios sociales. Estamos pidiendo ayuda a amigos para que lo hagan por nosotros».

Mientras Rocío cuenta su historia, recibe una llamada. Y al ver que es su madre no puede contener la emoción mientras observa cómo los albañiles tapian la entrada a los váteres. «Mi madre no tiene sitio para acogernos. Y mis hermanos... mejor no comentamos nada». Kamil, por su parte, lleva nueve meses en Donostia. Tiene 31 años. «Yo tampoco tengo trabajo, ni siquiera papeles, pero hablo seis idiomas», afirma.

Sujetos a baremos y a determinadas condiciones

El Ayuntamiento de Errenteria rehusó ayer comentar y valorar cualquier aspecto sobre la situación personal de Rocío Villena y Kamil. Recordaron que la Ley de Protección de Datos les impide facilitar información vinculada a cualquier expediente en tramitación. No obstante, indicaron que, de forma genérica, todas las solicitudes de ayuda que son presentadas ante los Servicios Sociales son debidamente valoradas y examinadas. Añadieron que las resoluciones se adoptan en función de determinados baremos, condiciones y en función de la situación de cada solicitante. En este sentido, precisaron que cuando los casos son denegados es porque no reunían los requisitos exigidos.

Fotos

Vídeos