Conmoción social por Gabriel

Editorial

El llamamiento de la madre del niño estrangulado a «no extender el odio» es un ejemplo a seguir

El pequeño Gabriel./E. C.
El pequeño Gabriel. / E. C.
EL CORREO

Rota por el dolor, pero con un enorme sentido de la ética, la madre de Gabriel Cruz, el niño de 8 años estrangulado en Almería, ofreció ayer un estremecedor ejemplo al reclamar que «no se extienda el odio». Al invitar a que la «rabia» causada por el brutal crimen sea embridada en honor a su hijo, cuyo cadáver apareció el pasado domingo en el maletero de un vehículo que conducía la pareja sentimental de su padre. Y a reclamar que la detenida, Ana Julia Quezada, «pague lo que tenga que pagar», pero que la atención pública no se concentre en ella, sino en los sentimientos de solidaridad que suscitó primero la desaparición del 'pescaíto', como era conocido el pequeño por su amor al mar, y después la noticia de su atroz muerte. Las palabras de Patricia Ramírez son un rayo de lucidez en la conmoción social que ha causado el suceso. Un infanticidio que resume lo peor del alma humana. La bajeza extrema a la que puede conducir la maldad en su máxima expresión. Cualquier crimen resulta inexplicable y carente de justificación. Pero, cuando la víctima es un inocente de 8 años, el cuerpo social se ve sacudido, como lo ha hecho con el caso de Gabriel. Y reacciona, aunque sea adoptando un estado de 'shock' como el que sufre ahora una parte apreciable de la ciudadanía, ante unos niveles de violencia que superan con creces aquellos con los que, a la fuerza, se ha acostumbrado a convivir. Para cualquier ser humano digno de tal nombre resulta imposible concebir el grado de odio que lleva a alguien a convertir en enemigo mortal a un niño con todo el futuro por delante. El cóctel pasional de celos, venganza y frustraciones personales de cualquier tipo que empuja a matar friamente a una criatura como el 'pescaíto'. Sería irresponsable que los partidos o cualquier grupo de presión intentaran aprovechar este clima de consternación en su propio provecho. No es la hora de legislar en caliente para aplicar penas más duras que nada garantizan. Ni de atizar los más bajos instintos, ni en las redes sociales ni en la calle, por el color de la piel o la procedencia de la presunta autora del homicidio, que ayer sufrió un conato de agresión tras el registro de su piso. Toca esperar el resultado final de la investigación y que una Justicia independiente dicte sentencia con todas las de ley.

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