Se derrumba un edificio en Santander poco después de ser desalojado

El edificio colapsado.

Los 22 vecinos evacuados llevaban más de un mes y medio avisando al Ayuntamiento de las grietas aparecidas en el bloque

D. MARTÍNEZ/V. SANTIAGOSantander

Carolina Sánchez no lo pudo contar ayer más gráficamente: eran las 8.10 horas cuando empezó a «oír crujidos en paredes y techos. Como cuando ves imágenes de los terremotos». Sólo que estaba ocurriendo en su casa, en Santander y sin temblor de tierras de por medio. Su piso tenía grietas desde principios de junio y ayer se agrandaron a velocidad del rayo. Tanto se alarmó esta propietaria que llamó al 112, explicó lo que pasaba y recibió esta orden: «Coja las llaves, cierre la puerta y salga corriendo».

Todo el número 57 de esta calle de la capital cántabra quedó desalojado a las 9.00 horas ante el estupor y la indignación de los 22 vecinos afectados directamente y los dos más que tuvieron que salir de una vivienda unifamiliar muy próxima. Nueve horas más tarde (sobre las 18.00 horas), el sentimiento de todos giró a rabia e impotencia porque los crujidos se intensificaron y la fachada del bloque que mira a Casimiro Sainz se desplomó con gran estruendo y provocando una enorme polvareda. Luego, poco antes de las 21.00 horas, operarios de una empresa empezaron a retirar, con ayuda de una grúa y una maza, todas las partes del inmueble que se habían quedado colgando y a desescombrar.

«De milagro» no hubo daños personales, porque a una mujer (Pilar González, de un tercer piso) y al bombero que la acompañaba a recoger algunas pertenencias el derrumbe casi les pilla dentro. En ese preciso instante, el resto de afectados se encontraba en el Ayuntamiento de Santander, convocados por la alcaldesa Gema Igual, quien les iba a informar del estado de la cuestión. Pero llegó la noticia de la caída de la fachada y regresaron todos al lugar del suceso. Se cortó el paso de vehículos por toda la zona, por lo que el tráfico en el centro de la ciudad se puso imposible. El área se llenó de curiosos compitiendo por hacer vídeos y fotos.

«No podemos dar falsas expectativas. No podemos aventurar lo que no sabemos», respondió la alcaldesa Gema Igual a preguntas de los periodistas sobre la posibilidad de que fuera necesario derruir el edificio por completo. Lo dijo justo después del encuentro con los propietarios. Una reunión de más de dos horas en la que las caras de los vecinos daban cuenta de lo que les pasaba por la cabeza. Ya no había llantos, como en los primeros momentos, pero continuaba el nerviosismo. Uñas en la boca, brazos cruzados, una señora que no acertaba a dar el trago a la botella de agua.

«Ha pasado lo que no debía de haber sucedido», opinó Igual, quien destacó que ahora lo más importante es estar con los perjudicados y prometió «total transparencia» en todos los pasos que se den desde el Consistorio. «Ahora lo que toca es poner soluciones independientemente de las responsabilidades». Hoy mismo, Servicios Sociales llamará a cada afectado para comenzar a dar unas primeras ayudas económicas de urgencia.

El edificio que ahora aparece con toda una cara mordida tiene 56 años y, recientemente, se había instalado un ascensor que diera servicio a las 15 viviendas. Pero los propietarios no ponen el foco de «la culpa» en esta obra, que se acometió hace varios meses «sin problema alguno», según explicó uno de los presidentes de la comunidad, Eduardo Hernández, sino en la reforma que venía llevando a cabo en el antiguo local de la coctelería Master un conocido hostelero santanderino, que se encuentra allí de alquiler. Así se lo hicieron llegar los vecinos en tres ocasiones distintas, por vía oficial, al Ayuntamiento.

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