«Nos lanzaron las piedras más grandes»

Uno de los vigilantes heridos en el ataque de Villabona. /
Uno de los vigilantes heridos en el ataque de Villabona.

Dos vigilantes de seguridad de Renfe sufren una agresión en la estación de Villabona tras hacer bajar a tres jóvenes que viajaban sin billete

GAIZKA LASASAN SEBASTIÁN

Dos vigilantes de seguridad del tren de cercanías de Renfe que cubre la línea Irun-Brinkola fueron agredidos el miércoles en la estación de Villabona por tres jóvenes a los que mantenían retenidos a la espera de ser identificados por la Ertzaintza.

Los hechos ocurrieron a las 16.15 horas de la tarde cuando los dos vigilantes obligaron a los agresores a apearse del tren, ya que viajaban sin billete y eran «reincidentes en episodios agresivos», explicó una de las víctimas, José Luis González, jefe del equipo de Seguridad de la empresa Eulen que opera para Renfe. Según su denuncia, «la conducta era habitual en estas tres personas, las cuales ya eran conocidas por el denunciante y su compañero por situaciones similares».

Según su testimonio, «mi compañero y yo estábamos en la estación de Tolosa-Centro cuando vimos que, justo antes de cerrarse las puertas del tren, tres jóvenes se colaban por un lugar no habilitado para el público. Entramos al tren por otra puerta para expulsarles y nos dimos cuenta de que los tres chicos eran conocidos ya por diferentes episodios violentos». Se trataba de tres jóvenes de origen magrebí y «uno de ellos ya había agredido a dos compañeros anteriormente. A uno le fracturó una costilla y al otro, un diente», añade González.

Los vigilantes solicitaron la presencia de la Ertzaintza y cuando el tren llegó a Villabona se bajaron en la estación con los jóvenes, a quienes pidieron su documentación. González relata que en aquel instante los chicos rehusaron identificarse y trataron de huir. «Uno de ellos soltó su brazo y le reduje, mientras los otros dos se escapaban. Mi compañero salió tras ellos pero viendo que ya habíamos capturado a uno, volvió conmigo. Al rato, cuando no lo esperábamos, regresaron los dos jóvenes huidos, cogieron las piedras más grandes que pudieron de las vías y nos las lanzaron a bocajarro. Tratamos de cubrirnos la cara pero una de ellas impactó en mi frente causándome una herida importante».

La denuncia recoge que «a consecuencia de la agresión», los vigilantes «se vieron obligados a tratar de cobijarse, momento que estos tres jóvenes aprovecharon para abandonar el lugar corriendo, en dirección a la localidad de Anoeta». Los dos vigilantes fueron trasladados por una ambulancia al servicio de urgencias de la clínica Pakea de la mutua de accidentes laborales Mutualia de Donostia, donde recibieron asistencia médica. González presenta una brecha en la cabeza y un dedo fracturado mientras que su compañero sufre una fisura en la muñeca y una fuerte contusión en la cadera.

«Sienten impunidad»

El denunciante hizo constar en su escrito la identidad de uno de los tres agresores, «al cual conoce de múltiples incidentes anteriores y que al otro agresor lo reconocería sin género de duda si lo viese otra vez». El jefe del equipo de Seguridad de la línea de Renfe de Gipuzkoa asegura que «dos de los tres son menores seguro, y tenemos dudas con el tercero». Matiza incluso que «uno de ellos parece no tener más que trece años».

González añade que «a los mismos jóvenes les vieron la madrugada anterior merodeando por la estación de Villabona y se pusieron agresivos cuando les dijeron que abandonaran la instalación». Asegura incluso que «se les requisó una mochila donde llevaban armas blancas, guantes y toallas».

No es la primera vez que el vigilante atacado el miércoles sufre acciones violentas en sus carnes. Cuenta que «en julio del año pasado un chico tutelado de Martutene cubrió con una malla de tela una piedra de dos kilos y me golpeó por la espalda nada más abrirse las puertas del tren con clara intención de acabar conmigo. Sufrí conmoción cerebral».

Rescata el episodio para expresar la «impotencia» de un colectivo que trabaja «desprotegido» al poder usar solo unas esposas y una porra de goma de 50 centímetros. «Hace siete años cada pareja de vigilantes podíamos llevar un revólver, por seguridad, y los problemas eran diferentes. Ahora los violentos sienten impunidad y se vienen arriba», denuncia.

Lamenta que el agresor del verano de 2016 «aún ande campando a sus anchas por los trenes a la espera de juicio» y que «incluso en los casos donde se les declara culpables, las indemnizaciones son baratas y no las terminan pagando porque se declaran insolventes». Detalla casos sufridos en carne propia en los que un paraguazo en la cara se ha traducido en 150 euros de multa y una contusión costal, en 800 euros, «no habiendo percibido ni un euro en ninguno de los casos».

El vigilante habla en nombre de su sector cuando explica que «hay mucha gente que viaja sin billete, pero hay entre diez y veinte chavales que son realmente agresivos. No les pasa nada por mucho que les denuncies, desaparecen durante una época y vuelven a los meses. Son reincidentes de cuatro, seis y ocho veces». Aprecia que «hay usuarios del tren que tienen miedo».

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