El demandante de Etxebide se hace mayor: 41,5 años de media

Cola en Sestao un día de sorteo de viviendas de protección oficial.
Cola en Sestao un día de sorteo de viviendas de protección oficial. / Pedro Urresti

El joven cede espacio al adulto en las listas de solicitantes, con un aumento notable de casados y divorciados

JOSÉ DOMÍNGUEZ BILBAO.

Cuando en 1987 se puso en marcha Etxebide, el Servicio Vasco de la Vivienda, la juventud de Euskadi percibió con claridad que en las promociones de pisos protegidos tenía una oportunidad única para salir de casa de sus progenitores sin tener que endeudarse de por vida. La oferta del Ejecutivo autónomo, en consecuencia, pronto se convirtió en todo un éxito y en apenas un lustro siete de cada diez inscritos en su registro se caracterizaban por tener menos de 34 años y buscar a través de esta vía esa ansiada emancipación.

Hoy, sin embargo, este perfil ha cambiado radicalmente: sólo uno de cada tres de sus 65.792 demandantes actuales baja de esa edad y, además, el 60% del total ha encontrado ya otra forma de independizarse, pero aspira a mejorar su calidad. Mario Yoldi, director de Planificación y Procesos Operativos de Vivienda del Gobierno vasco, reconoce que el solicitante se ha hecho mayor «en reflejo de la evolución de la propia sociedad», pero también mete el dedo en la llaga: «Hay gente que en otros tiempos tenía expectativas y hoy no las tiene, ni siquiera opta a una vivienda protegida porque no se la puede permitir».

El responsable autonómico se refiere precisamente a la juventud actual. Un sector de población que, según dónde se ponga el baremo, disminuye a pasos agigantados. Porque sólo un 10,8% de los demandantes de Etxebide tiene ya menos de 30 años y apenas otro 1,7% entre 24 y 18, el mínimo permitido para optar a sorteos de viviendas protegidas. «Hablamos de unas franjas de edades que en la actualidad carecen en gran medida de ingresos propios para plantearse un alquiler y mucho menos la compra; no tienen capacidad de demanda y ya ni se apuntan», se sincera. No es baladí que, precisamente entre los 18 y los 19 años, el desempleo se dispare en Euskadi al 23,7% «muy por debajo del 13,4% autonómico que había en 2016».

En su contexto

41,5 años
es la media actual del demandante inscrito en Etxebide frente a los 35,7 años de 2008. El 52,3% de estas personas son mujeres, cuatro puntos y medio más de las que había registradas en aquel año.
Más demanda en Bizkaia
El 55,1% de los demandantes de una vivienda en Etxebide residen en Bizkaia, frente al 31,6% de Gipuzkoa y el 13% de Álava. Con todo, es en esta última provincia donde más ha descendido el número de inscritos en los últimos ocho años, un 58%.
13.279 inscritos en 2008
siguen en las listas de Etxebide en 2016, lo que representa el 20,2% de la demanda. Su ingreso medio anual apenas ha subido en 1.700 euros -14.300 euros-, pero sí su edad, toda vez que el 30% de estas personas superan ya los 50 años y el resto los 40.

De ahí que sean los 'adultos' los que van ocupando su lugar en la lista. Especialmente las personas entre 40 y 49 años, que representan ya el 28,2%, casi el doble que el porcentaje que presentaba el mismo registro hace nueve años. Y lógicamente, a mayor edad -la media general se eleva a 41,5 años-, cambia también el estado civil: el 27,3% son casados, once puntos más que en 2008, tiempo desde el que se ha multiplicado por cuatro el número de divorciados -11,1%-. Muchos de ellos, además, son inscritos «de larga duración», ya que uno de cada cinco ronda la década de espera a un piso protegido. Así que, a su juicio, «es lógico que muchos se hayan ido a vivir por su cuenta, principalmente en régimen de alquiler, sólo o compartido, y seguramente un gran número esté ahora mismo recibiendo la prestación complementaria de vivienda, que garantiza hasta 250 euros mensuales, que concede el propio Gobierno vasco».

En cualquier caso, casi todos ellos se entremezclan en otro grupo más amplio, el marcado por la precariedad económica. De hecho, bajan cada vez más los demandantes que demuestran tener cierta solvencia -sólo el 8,2% tiene ingresos anuales de entre 25.000 y 39.000 euros-, mientras que se dispara el número de las personas sin ningún tipo de recursos propios, que representan ya a casi una de cada cuatro. Yoldi vuelve a ser tajante a la hora de interpretar estos datos: «Recogemos a la gente a la que le ha ido mal, a la que más le ha golpeado la crisis».

El triple de extranjeros

Entre ellos el propio director de Planificación incluye a la mayoría de la población extranjera, que en los últimos años casi triplica su presencia en las listas del Servicio Vasco de Vivienda y supone ya el 29,5% de los inscritos. «En este caso la explicación es el aumento de la movilidad demográfica, con una mayor llegada de inmigrantes atraídos por la incipiente recuperación económica, pero que, en consecuencia, se caracterizan por su escaso poder adquisitivo», matiza Yoldi.

Con todo, según el último informe del Observatorio Vasco de la Vivienda, la realidad es que el número de solicitudes con las que trabaja Etxebide es cada vez menor. Las actuales 65.593 personas inscritas suponen prácticamente la mitad que hace una década. Una reducción que el propio responsable del departamento atribuye también al aumento de ciudadanos con dificultades para llegar a fin de mes, así como a las mayores exigencias que ha ido requiriendo el propio servicio para ofrecer su intermediación en la búsqueda de una vivienda protegida a precios asequibles.

«Ahora cada dos años exigimos una renovación de la solicitud y que el titular se decante por la compra o el alquiler -el 82% elige ya esta última opción-, cuando antes no había plazos determinados y, además, se podían simultanear las dos peticiones, lo que duplicaba los datos finales». El reto, en cualquier caso, sigue siendo el mismo que hace 30 años: situar la política pública de vivienda como un «rol estratégico para facilitar el acceso de los colectivos con más dificultades».

La mujer lucha más por emanciparse, a pesar de sufrir una mayor precariedad laboral

Según la Encuesta de Necesidades y Demanda del Gobierno vasco, en 2015 un total de 58.380 personas manifestaba la necesidad de acceso a su primera vivienda disponiendo de algún tipo de ingreso, aunque fuera insuficiente. Seis años antes era el doble. La causa hay que buscarla de nuevo en el descenso demográfico del sector de población más joven, pero sobre todo en su carencia de recursos económicos. Aunque en este caso se da una paradoja. «La mujer es la que más temporalidad y precariedad laboral sufre, pero se muestra más fuerte, decidida y comprometida que los varones en su lucha por la emancipación, por mucho que le cueste y que tenga que apretarse el cinturón», subraya Mario Yoldi. Así lo demuestra que el 47% de las féminas menores de 34 años se independizan frente al 34% de los chicos. Y su apuesta es cada vez más clara por el alquiler, en parte debido al precio de la vivienda pero cada vez más por convencimiento: «Los jovenes no están tan apegados a la propiedad como sus progenitores, aunque hoy con los precios disparatados del arrendamiento libre, le saldría más barato firmar una hipoteca».

En cualquier caso, lo de la precocidad a la hora de independizarse no sólo es cuestión de género sino también de territorio. En ese sentido es Álava la provincia vasca que se lleva la palma, ya que sólo el 16,4% de los demandantes en Etxebide residen todavía en la vivienda familiar. Los guipuzcoanos, sin embargo, se erigen en los más comodos, ya que el 45% espera junto a sus progenitores una oportunidad, seguidos, eso sí muy de cerca, de los vizcaínos -41,8%-.

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