EL SEXO EN INVERNALIA

EL PISCOLABIS

Que no les engañen las películas. El frío no es nada romántico

EL SEXO EN INVERNALIA
JON URIARTE

Casi extraña que la Casa Stark se haya reproducido. Al menos, lo han hecho hasta ahora. No se preocupen si no son de la fiel tribu de seguidores de 'Juego de Tronos'. Es solo que me ha venido a la cabeza la serie tras conocer un dato científico. Tiene que ver con esta estación de la nieve y el frío. Resumiendo: el invierno es mal momento para la «guarrerida sexual», que diría el llorado Chiquito. Así lo asegura la ciencia. Como lo leen. Ya lo siento, pero es lo que hay.

Por motivos que no vienen al caso, hace unos días me tocó recabar datos sobre el sexo y el comportamiento humano, según los ciclos de la naturaleza. Ya ven que no todo es hablar de Puigdemont y de Bruselas. Donde por cierto hay mucho y buen chocolate. Según dicen es un buen afrodisíaco. Ahí lo dejamos. El caso es que, volviendo al asunto de hoy, encontré algunos datos muy reveladores. Como que el verano, con un 54%, y la primavera, con un 48%, son las estaciones en las que hay una mayor actividad sexual. Y que llegados los días de castañas y bufandas, apenas se supera el 30%. Pero hay más. Y es peor. Las fechas con la líbido más baja son las de...las fiestas navideñas. Ahora aquí debería caer confeti para ambientar la noticia.

Podríamos culpar a las tensiones familiares o a los excesos de esos días. Pero no. O no solo. En navidad el furor baja al 28% y responde, entre otras cosas, a la propia naturaleza humana. En concreto, a la famosa testosterona. En el hemisferio norte la producción de esta hormona se pone en servicios mínimos y huelga dura de noviembre a abril. Hasta que llega la primavera y la cosa se anima de nuevo. Y va a más en verano. Pero no solo. Octubre es un mes más activo de lo que en principio, al menos un servidor, podía imaginar. Será por la caída de la hoja y todo eso. Pero si hablamos del mes libidinoso por excelencia, sin duda, ese es junio. Comprenderán, llegados a este punto, que nos preguntemos si existen razones climatológicas que expliquen esta evolución. Pues las hay.

Pautas de hibernación

En la Universidad de Tasmania, desconocemos si es prestigiosa pero se han currado el estudio, han llegado a la conclusión de que la clave de este tema radica en las pautas de hibernación de nuestros antepasados. Como a campo abierto hacía una rasca que invitaba no asomar ni un dedo y en la cueva la calefacción central brillaba por su ausencia, el metabolismo de aquella gente se ralentizaba. Y como el hombre y la mujer prehistórica necesitaban subir su carga calórica y dormir como si no hubiera mañana, lo del sexo y el salto del tigre se aparcaba hasta que los bisontes fueran en biquini. Ya ven que todo en la vida tiene su explicación. Y esto también. O no. Porque ahí tenemos a los sorprendentes esquimales.

Ellos prefieren que usemos la palabra inuit cuando nos referimos a su pueblo. Y lo cierto es que no puedo quitármelo de la cabeza desde que descubrí el mencionado estudio sobre el frío y el sexo. Como dice el gran Luis Piedrahita, a saber qué vio esta gente en medio del hielo para, tras recorrer miles y miles de kilómetros, llegar allí, pararse y soltar: «Nos quedamos aquí, ¿no?». Tiene mérito que mantengan relaciones sexuales en un lugar donde el verano exige forrarse de pieles y las bragas y los calzoncillos deberían ser de cuello vuelto. Pero nosotros no somos inuits. Y de ahí la siguiente pregunta. ¿Nos afecta a los vascos el clima a la hora de tener sexo?

Pues sí. Recuerden el estudio. Y eso que los datos no se centran en nuestra comunidad. Casi mejor. Porque, más allá de la leyenda y el chiste fácil, nadie puede negar que no somos precisamente los más activos en asuntos sexuales. Pero ahora que sabemos lo del frío, y la bajada de la líbido como consecuencia del mismo, como que nos quedamos más tranquilos. Ya tenemos excusa. No es culpa nuestra. Sino del termómetro. Además todo tiene su cara B. Y en este caso es buena. A falta de testosterona, hay neurona.

Otro estudio, este de 2014, descubrió que si a un grupo de personas le daban unas tazas calientes, unas mantas y les subían la temperatura, mostraban una mayor creatividad para dibujar o para pensar en regalos adecuados para sus seres queridos. Poco más. En cambio quienes no tenían esas comodidades y pasaban frío, eran mejores en la identificación y creación de metáforas, en idear nombres nuevos y en planificar ideas de regalos abstractos. Vamos que le daban más a la olla. Así que el tiritar tenía su parte positiva. De manera que ya lo saben. Estas navidades si quieren echar un cohete, que sea de los que se lanzan, estallan y llenan el cielo de colores. Porque los otros tendrán que esperar a la llegada de la primavera. Cuando volvamos a tener a punto la pólvora. Ahora está mojada y tirando a helada. Y no les digo cuando lleguen de verdad las navidades. A dos velas...frías. Es lo que tiene vivir en Invernalia. Al menos, eso sí, a falta de sexo harán buenos regalos. Si es que lo que no explique la ciencia...

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos