El sector sanitario supone el principal causante del mal uso de los antibióticos

Una joven encamada se toma un antibiótico, en un tratamiento pautado por su especialista./E. C.
Una joven encamada se toma un antibiótico, en un tratamiento pautado por su especialista. / E. C.

El abuso en la ganadería, la receta sin motivo justificado y la expedición sin receta representan el mayor consumo sin sentido

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Los antibióticos, la mayor revolución en la historia de la medicina, son cada vez menos eficaces y la responsabilidad de que así sea corresponde, sobre todo, a los profesionales sanitarios. Los pacientes, sin embargo, tampoco están libres de culpa, porque muchas veces presionan a sus médicos hasta que logran que se los receten para tratar con ellos enfermedades para las que no valen. A su mala utilización se debe la creciente aparición de cepas multirresistentes, nuevas bacterias tan fuertes que no hay medicamento que valga con ellas. De todo esto, han hablado los casi 1.400 expertos médicos que se han reunido desde el pasado jueves en el palacio Euskalduna de Bilbao en el marco del congreso nacional de la sociedad española de enfermedades infecciosas y microbiología clínica (SEIMC). «Esto es un tirón de orejas para todos», afirmaron.

Pocas veces puede escucharse a unos profesionales, sean del sector que sean, hacer autocrítica y menos aún cuando se trata de abordar uno de los desafíos mayores de la profesión. En la medicina del siglo XXI, uno de esos retos es la pérdida paulatina de la eficacia de los antibióticos. Durante décadas, se han empleado tan mal que muchos de ellos han comenzado a dejar de ser eficaces. Han aparecido cepas de bacterias tan fuertes -a algunas las llaman multirresistentes- que no hay fármaco que pueda con ellas.

El desacierto se mide en cifras. Un estudio de la SEIMC estima que cada año mueren en España 35.000 personas (1.750 vascos) a causa de una de estas bacterias 'superpoderosas', según explicaron el presidente de la organización, José Miguel Cisneros, director de la Unidad Clínica de Enfermedades Infecciosas del hospital sevillano Virgen del Rocío; y su vicepresidente, Jordi Vila, jefe de servicio del Centro de Diagnóstico Biomédico de Barcelona. Según estas cifras, en la última hora, ya habrán muerto por esta causa otros cuatro españoles más.

LAS CLAVES

35.000
españoles -unos 1.750 vascos- mueren cada año por infecciones causadas por 'superbacterias', resistentes a los antibióticos.
99,9%
de los antimicrobianos son consumidos en España por el ganado, según un informe de la Agencia Europea del Medicamento.
Advertencia
Los expertos piden a los pacientes que no presionen a sus médicos hasta lograr que les firmen recetas

Para consumo de ganado

Los expertos llaman a los pacientes a hacer un buen uso de los antimicrobianos, pero en Bilbao, los expertos también han reconocido que el 70% de la producción mundial se lo come la ganadería. En Europa, está prohibido su uso como engorde fácil del ganado, pero aún se dan tanto para el tratamiento como para la prevención de enfermedades.

Un reciente informe de la Agencia Europea del Medicamento, con datos referidos a 2015, que son los últimos disponibles, señala que ese año se vendieron en España 3.029 toneladas de antibióticos. Según ese documento, el 99,9% de todos esos fármacos fueron consumidos por vacas, cerdos, ovejas y demás familia. Cada kilo de carne producido se lleva en nuestro país 402 miligramos de , seis veces más que en Francia y cuatro más que en Alemania.

«Los médicos de familia y en general todos los ajenos a las especialidades de Infecciosas y Microbiología», los recetan con frecuencia sin ser plenamente conscientes de que sólo sirven para el tratamiento de determinadas enfermedades, las causadas por bacterias. «Médicos de Primaria e intensivistas no tienen tiempo para la formación necesaria en el manejo de estos medicamentos», argumentaron. La presión de los pacientes, según añadieron, también lleva en muchas ocasiones, a firmar recetas inútiles, que favorecen la aparición de resistencias.

El último eslabón de la cadena lo configuran los farmacéuticos, que no siempre exigen receta para la venta de antibióticos. Un estudio realizado «en una provincia española» reveló que en la mitad de las ocasiones, los profesionales de la farmacia tampoco exigen la receta que requiere la expedición de todo antibiótico. «Fue un trabajo que se hizo con un grupo de profesionales sanitarios que se hizo pasar por pacientes. Sus resultados -aseguran- podrían ser aplicables a cualquier provincia española».

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