«Hay al menos 350 sectas, con más de 400.000 captados»

Luis Santamaría posa en la puerta del Seminario.
Luis Santamaría posa en la puerta del Seminario. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Luis Santamaría, sacerdote experto en sectas, cree que están proliferando las que ofrecen una religiosidad alternativa

IGNACIO VILLAMERIEL

Luis Santamaría (Zamora, 1982) es párroco de nueve pueblos zamoranos, responsable de comunicación de su diócesis y miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de Sectas (RIES), tema del que es experto. «Hice un trabajo en el instituto sobre sectas y vi que era necesario trabajar en este tema». Acaba de visitar San Sebastián para impartir un curso sobre ‘Sectas y nuevos movimientos religiosos’ en el seminario. Lo primero que destaca es que su número «está proliferando en los últimos años, sobre todo las que ofrecen una religiosidad alternativa en torno a la meditación, lo oriental, o la sanación».

Un estudio que realizó hace tres años cifraba en 350 las sectas que hay en España. «Así que de ahí para arriba porque no conté las que son secretas y se mueven en la clandestinidad, que también las hay». Santamaría reconoce que hace 30 años había muchas menos. «Ha habido un crecimiento claro. Ahora algunas grandes sectas como los Hare Krishna continúan con su acción, pero las que más están creciendo son las que van a lo psicológico, a lo espiritual difuso, y eso puede despistar a la gente». No son personas con túnicas como algunos pueden llegar a imaginar, «ahora estamos hablando de otra cosa, de procesos de manipulación grupal en los que no hay un contenido religioso como tal pero al final proponen dar un sentido a la vida».

«Buscan principalmente dinero, poder o sexo para cumplir el delirio patológico del líder»

¿Qué buscan esas sectas? «Principalmente dinero, poder o sexo». En muchas ocasiones no son fines en sí mismos, «sino medios para cumplir el delirio patológico del líder». Santamaría los define como «personas que mienten y se creen sus propias mentiras, que por algún trastorno psicológico se creen enviados de los dioses, de los extraterrestres, o de lo que sea, y buscan hacer partícipes a los demás de esa convicción. Necesitan una serie de personas que sean totalmente leales a su causa y para ello les piden sus recursos económicos y que les ‘presten’ toda su persona».

La siguiente pregunta podría ser cómo una persona que está enferma puede lograr que otros le sigan, y este sacerdote lo tiene claro: «Porque son personas muy carismáticas, que atraen, que tienen poder de convicción y, sobre todo, que se acercan en momentos de vulnerabilidad». Personas que por una carencia afectiva o por un momento de crisis en su vida encuentran en esa secta a una nueva familia, «ese calor humano que le faltaba o el sentido de la vida».

«Sería interesante que las autoridades públicas creara un soporte para combatir las sectas»

¿Personas que quizá habían pertenecido a la Iglesia católica y que se hayan ido desencantadas? «No necesariamente. Sí que hay un perfil de personas espirituales que necesitan una creencia religiosa que dé razón a sus vidas y que por la razón que sea están desencantadas con cualquier propuesta de religiosidad tradicional. Buscan algo que a primera vista parece más hecho a la medida del individuo y, sin embargo, están siendo guiados firmemente por un gurú».

En cuanto al número de personas que pueden estar bajo la influencia de alguna secta, «los estudios que se han hecho recientemente hablan de unas 400.000 personas en España. A mí no me preocupa tanto el número, aunque es una cifra dura,sino el caldo de cultivo que hay en nuestra sociedad. Se calcula que un 25% de la población está interesada en horóscopos, curanderos y estos temas. Esos son varios millones de personas receptivos a este discurso de lo paranormal, de lo esotérico y de lo sanitario-alternativo».

«Crisis de lo religioso»

Santamaría atribuye este hecho a la crisis de lo religioso-institucional, «que parece que es algo pasado de moda», mientras que las nuevas formas de religiosidad están en auge. «Parecen más aceptables, más modernas, cuando en realidad estamos retrocediendo a estados pre-religiosos del ser humano porque el hombre queda ante las fuerzas de la naturaleza como alguien que se mueve por medio de la magia o de la superstición».

«Pueden producirse comportamiento sectarios en algunos grupos de la Iglesia»

Una vez que alguien ha mordido el anzuelo de las sectas es difícil salir de ellas. «Sobre todo cuando uno está en el periodo del enamoramiento, porque está convencido de que es el mejor lugar, luego verá contradicciones y dirá: ‘Yo nunca habría entrado aquí si hubiera sabido esto’. Para salir, aparte de fuerza de voluntad, hay que tener ayuda externa. Saber que va a haber vida una vez que se salga. Porque el líder sectario, al igual que ocurre en la violencia de pareja, ha hecho creer a esa persona que fuera del grupo va a estar sola, indefensa. Se necesita por tanto el apoyo de sus redes sociales, familia y amigos sobre todo».

«Claro que hay sectas en Euskadi», sostiene el cura zamorano. «Las hay con forma religiosa y otras que están detrás de los anuncios que vemos por ahí con propuestas terapéuticas o espirituales. Algunas de ellas tienen su propio comercio para acercarse a la gente».

A la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas, donde trabaja Santamaría, llegan a diario peticiones de ayuda. «A veces simplemente nos piden una información sobre un grupo, otras veces necesitan orientación psicológica para convencer a una persona que ha sido captada. Hay que resaltar que en toda España no hay ningún servicio público que ayude en esto, solamente el Ayuntamiento de Marbella ofrece este servicio. Sería interesante que desde las autoridades públicas crearan un soporte ante las sectas».

Por último, Santamaría no cree que dentro de la Iglesia católica haya sectas. «No, porque una secta es un grupo independiente hablando en términos sociológicos. Pero a mí me llegan muchos casos de familias en las que uno de sus miembros ha entrado en algún grupo eclesial de determinado signo, y se pueden llegar a sentir como en una secta. Por tanto, sí que pueden producirse comportamientos sectarios en algunos grupos de la Iglesia. A veces se dan en comunidades concretas por las características de sus líderes. En cualquier caso la Iglesia tiene herramientas en su ordenamiento jurídico, no sólo para corregir y sanar todos esos comportamientos, sino también para prevenirlos». Ahora bien, por parte de la autoridad eclesiástica tiene que haber exigencia de que esas normas se cumplan».

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