Los sanitarios vascos se rebelan contra los 400 ataques que sufren al año

Rosa Ruiz de Arechabaleta, Inma Izkoa, Carmen Vide, Amelia Gil y María Alonso./E. C.
Rosa Ruiz de Arechabaleta, Inma Izkoa, Carmen Vide, Amelia Gil y María Alonso. / E. C.

El sindicato SATSE pide a sus afiliados que denuncien los ataques, físicos y verbales, para «hacer visible» el alcance real de este problema

María José Carrero
MARÍA JOSÉ CARRERO

En la madrugada del 11 marzo de 2009, María Eugenia Martínez Moreno, una médico de familia, estaba de guardia en el ambulatorio de Moratalla (Murcia) cuando Pedro Navarro Martínez, un taxista jubilado de 73 años, le disparó cuatro tiros a bocajarro en la cabeza, cuello y tórax. La doctora, de 34 años, fallecía pocas horas después, mientras Juan Manuel Moya, el conductor de ambulancia que salió en su ayuda, logró salvar la vida. Desde entonces, los profesionales de la salud conmemoran el 16 de marzo el Día Nacional contra las Agresiones en el Ámbito Sanitario.

El Sindicato de Enfermería (SATSE) presentó ayer una nueva campaña para llamar la atención sobre este problema y reclamar medidas para combatirlo. ‘Stop agresiones’ es el lema de la iniciativa que se ha puesto en marcha en ambulatorios, servicios de urgencias y plantas de hospitales. La silueta de una mano que trata de frenar un acto violento es el emblema de esta iniciativa, presentada ayer por la responsable de Salud Laboral de SATSE Euskadi, Carmen Vide, y sus homólogas en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa: Rosa Ruiz de Arechabaleta, Inma Izkoa y María Alonso, respectivamente.

En su contexto

46%
de las agresiones las sufren los profesionales de Enfermería. De ellas, ocho de cada diez son verbales, en forma de insultos y amenazas. El resto son físicas o patrimoniales, es decir se arremete contra mobiliario.
Medidas preventivas
Solo uno de cada cuatro ataques se ponen en conocimiento del servicio de Prevención de Osakidetza, y de ellos únicamente uno de cada diez llegan a los juzgados.

«En los últimos diez años, se han producido más de 4.000 agresiones a profesionales sanitarios en Osakidetza, pero Euskadi es una de las pocas comunidades que no ofrece atención psicológica a las víctimas», protestó Vide. Detalló que el personal de enfermería sufre el 46% de estos episodios violentos, mientras que el 54% restante se reparte entre el resto de categorías, como médicos, celadores, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería e, incluso, administrativos.

«Detonantes»

¿En qué circunstancias se produce una agresión? Según Carmen Vide, se dan «ciertos detonantes», como las esperas de «seis o siete horas en urgencias. Mucha gente no entiende que este servicio no es como un comercio, en el sentido de que no se atiende al que llega primero, sino por la prioridad de las necesidades». ¿Cómo se pueden prevenir situaciones violentas? «Es muy importante informar, que se establezca una comunicación en esas situaciones estresantes», comentó. Además, aconsejó a los profesionales que denuncien cada agresión, física o verbal, «porque lo que no se sabe, no existe, y esto impide que se visualice la verdadera dimensión del problema».

«Un recluso quiso abusar de mí en Martutene, grité y otros dos presos me ayudaron»

«Una amenaza de muerte puede ser igual de grave o más que un bofetón», comentó ayer la responsable de Salud Laboral de SATSE Euskadi, Carmen Vide. Su afirmación fue compartida por las otras enfermeras que participaron en la rueda de prensa. «Casi todas hemos sufrido episodios de violencia. Cuando se trata de enfermeros, suele ser más frecuente la agresión física; en el caso de enfermeras se da más la amenaza o el insulto».

No es frecuente que se hable de agresiones sexuales, pero también se dan. María Alonso ejerció durante años en la cárcel de Martutene. «Un buen día, un preso se plantó en la consulta e intentó abusar de mí. Me empujó entre la pared y la mesa, impidiéndome salir. Grité y otros dos reclusos que estaban cerca me oyeron y entraron. Eso me salvó. Estuve varios días sin poder ir a trabajar».

Rosa Ruiz de Arechabaleta trataba de extraer un tubo de sangre a un niño para una analítica, pero no lo consiguió al primer pinchazo, entre otras cosas porque el crío no lo ponía fácil. «Su padre me espetó: ‘Ya verás la que te espera, como le vuelvas a pinchar’. Imagina qué nervios me entraron... Menos mal que hubo suerte...», dice y todavía le entran sudores cuando lo recuerda.

Inma Izkoa tenía que curar una herida quirúrgica de importancia a un enfermo que de paciente tenía poco. «Me llamó de todo porque le dolía, pero yo no tenía la culpa. Cuando me dijo ‘hija de puta, te voy a matar’, llamé a un compañero. No pude seguir».

Son solo tres ejemplos, pero hay muchos más... Hasta 400 al año de media, asegura SATSE.

Carmen Vide reclamó a Osakidetza una «verdadera implicación», porque «a día de hoy no ha puesto encima de la mesa ningún avance, ni propuesta concreta. Euskadi -resaltó- es una de la pocas comunidades que no ofrece atención psicológica a los profesionales sanitarios víctimas de agresiones».

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