Sandra Uve: «El sujetador, como el wifi, lo inventó una mujer»

«La patente que más dinero ha reportado al CSIC es de una científica»./E. C.
«La patente que más dinero ha reportado al CSIC es de una científica». / E. C.

«Las inventoras son heroínas y podrían ser un referente para las niñas mejor que las princesas Disney», dice la ilustradora

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

A la bellísima Hedy Lamarr se la conoce sobre todo como estrella de Hollywood pero fue ella la que inventó el precedente del wifi. Detrás del paraguas plegable, del hilo dental, del primer tratamiento contra la leucemia e incluso del movimiento de los astronautas en el espacio se esconde un cerebro de mujer.

«Las niñas se hinchan a leer cuentos de princesas cuando hay historias mucho más interesantes», opina la barcelonesa Alejandra Villanueva, conocida en el mundo de la ilustración como Sandra Uve. Ella ha recopilado esas historias en el libro 'Supermujeres superinventoras' y ahora se las cuenta a su hija de cinco años.

–Creo que tiene catalogadas a unas 3.000 inventoras.

–Sí, con nombre, país, invento y referencia. Veinticinco de ellas están en la exposición itinerante que tengo en Barcelona y casi 100 en el libro.

–¿Qué superpoderes tenían estas heroínas?

–Entre otros, la capacidad para gestionar una cantidad de cargas familiares brutales. Y aún así, fueron tenaces con su idea, creyeron en ellas mismas... Su lucha a veces es mucho más ejemplar que el propio invento.

–¿En qué se diferencia Superman de Superwoman?

–Pues en que ella se lava y plancha la capa y además tiene ocho brazos (para el hogar, los hijos, el trabajo...) Son Supermujeres pulpo.

–¿Y por qué en la escuela nos hablan de Edison y no de Martha Coston?

–Porque el mundo está escrito en masculino y eso tiene que cambiar. Este libro pretende que en las aulas lo mismo que se enseña a Fleming se enseñe a Rosalind Franklin. Marie Curie no puede seguir llevando el estandarte sola. Hay muchas más.

–Creo que Rosalind lo tuvo muy difícil.

–Sus compañeros de laboratorio le fueron robando todo el desarrollo de la investigación, se postularon al premio Nobel y lo ganaron, pese a que ella los había denunciado. Encima, como misóginos y machistas, se dedicaron a vapulearla socialmente. «Esta pobre mujer que a veces nos ha ayudado en el laboratorio es una acomplejada porque nunca se maquilla ni enseña sus atributos femeninos», decían.

–¿Qué invento le ha maravillado más?

–Hay uno que es una pena que no se comercializara: el de Elia Garci-Lara. Era un centro de lavado que lavaba, aclaraba, secaba, planchaba la ropa y la doblaba... ¿Por qué no se comercializó? Supongo que porque no interesaba que las mujeres tuvieran tanto tiempo libre, no fueran a leer libros.

–¿Y cuál es la historia que más le ha impresionado?

–La de Mae Jemison, la primera mujer negra que viajó al espacio. Era bailarina de ballet clásico y viendo un episodio de Star Trek le dijo a su madre que se iba a convertir en astronauta. «¿Negra y mujer? ¡Imposible!», replicó su madre... Años después, con nueve doctorados honoris causa, fue una de las primeras chicas que viajó al espacio y diseñó para la NASA un patrón de movimiento para los astronautas inspirado en el ballet.

–¿Alguna murió en el intento?

–Marie Curie murió de anemia aplásica y su hija también por culpa de la radiación. Rosalind Franklin también murió de cáncer de ovario.

–Y resulta que la patente que más dinero ha reportado a España ha sido la de una mujer.

–Sí, más de cuatro millones de euros para el CSIC gracias a la bioquímica Margarita Salas. Que no se haya llevado el premio Príncipe de Asturias me parece denigrante. Enmendemos el error, estamos a tiempo.

–¿Qué porcentaje de patentes se registraron a nombre del marido?

–En algunos casos ellas sí ponían su nombre, pero el apellido del marido. Y muchas utilizaron seudónimo o iniciales. Triquiñuelas para poder registrarlo a su nombre siendo mujeres, algo que no estaba permitido. Las contemporáneas no tienen por supuesto este problema. Pero las antiguas que lo consiguieron conquistaron con ello sus derechos civiles.

–¿Detrás de estas grandes mujeres había grandes hombres?

–Sí en el caso de unas cuantas como Marie Curie o Sybilla Masters. Tuvo un marido cuáquero que la ayudó a figurar como inventora. Es que hay hombres que sí entienden, saben y sienten.

–Ángela Ruiz Robles inventó la máquina taquimecanográfica.

–Soy superfán de Angelita. Era una leonesa de armas tomar. Aparte de tener tres hijas se dedicó a la docencia hasta que no le quedaba apenas vista. Enseñaba de día, de noche, a chicas sin recursos. Ella sabía que su futuro estaba en la educación: ortografía, gramática, taquigrafía... Se autoeditó unos 16 libros. Y fue una ingeniera que entre otros inventos hizo la enciclopedia mecánica que hoy se considera el precursor del iBook.

–Y yo que creía que un instrumento de tortura como el sujetador lo había inventado un hombre...

–No. El corsé sí que era un instrumento de tortura. El sujetador, si no lleva aros, es soportable, ja, ja, ja... Y lo inventó una mujer. Yo sí que estoy convencida como madre de que fue un hombre quien inventó los 'Chiquipark', esa tortura de fin de semana de tener que llevar a tu hijo a un sitio donde ponen una música espantosa, la gente habla a gritos y encima huele mal.

–¿Cómo hacían estas mujeres para conciliar?

–Como podían, igual que lo hacemos hoy. Algunas eran ricas y tenían servicio, como la inventora del lavavajillas, que lo ideó para dar más fiestas y evitar que los sirvientes le rompieran las tacitas de porcelana, donde yo creo que servía alcohol porque era la ley seca.

–¿Le ha llamado alguna editorial para incluir a sus inventoras en los libros de texto?

–De momento no. Estoy esperando. Mi objetivo es poder hacer un libro de texto para escuelas. Darles visibilidad.

–Y que las niñas tengan referentes más allá de las princesas de Disney...

–Exacto. En los talleres que imparto, cuando ellas descubren a todas estas inventoras y otras que no figuran en el libro, como las más de 50 niñas inventoras que hay ahora mismo en el mundo por debajo de los 10 años, ven que es posible. Necesitan esos referentes y no el referente conservador de las princesas de Disney. Los niños lloran y las niñas hacen construcciones. Esa es la realidad y no la de los cuentos.

–¿Qué dice su hija?

–A ella también le encantan las princesas. Pero yo, con cariño, le repito que no existen.

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