Cuando saludar es una angustia

El Piscolabis

Hay un dilema sobre el que nada dicen Emakunde y la RAE. Y tiene que ver con la relación de pareja

JON URIARTE

-Que feo suena eso de 'mi mujer'- Me lo soltó así, de sopetón y sin anestesia. 25 años de simbiosis ininterrumpida y de repente la expresión le chirría. Así que, aquí me tienen, evitando reuniones sociales y paseos por Aste Nagusia, para no tener que presentar a mi…a la…a ella. Pero no es asunto sencillo. No sé que opinará Emakunde sobre este complejo asunto. O si han hecho una lista, como pasó con las canciones anti-machismo. También podría pronunciarse al respecto la RAE, que en otras cosas sí se ha mojado y propuesto curiosos cambios. Porque hay muchas palabras en el diccionario pero nos faltan otras. Y claves. Al menos para un servidor. Lo confieso. No tengo clara la forma en que debo presentar a mi...¿ven?, lo que les decía.

Porque, lo cierto, es que ella tiene razón. Pese a la amplia gama de posibilidades que nos ofrece la lengua castellana, no lo tenemos claro. Lo de 'mi mujer', nos suena rancio. Además tiene un cierto tufillo machista. Ella no me presenta como 'su hombre'. Y confesaré que he descubierto en la expresión un vacío ahora que antes no percibía. De verla llena de sentido, hoy solo la imagino en boca de un Tarzán, Johnny Weissmüller por supuesto, colgado de una liana junto a Jane y en una jungla pintada en blanco y negro. Tantos años utilizando la fórmula y de repente no nos valía. Al menos eso pensamos. Así que nos pusimos a buscar alternativas. Comenzamos con 'mi esposa'. Solemne sí, pero nada más pronunciarla me sentí al borde de la jubilación. Y siendo autónomo eso tiene que ser muchos años. Incluso siglos.

'Señora' se nos presentaba aún más lejano. Díganlo en voz alta y verán cómo se transportan a los tiempos de sombrero, capa y espada. Además, igual que con 'mi esposa' y 'mi mujer', parece estemos marcando un círculo invisible para acotar territorio y mostrar posesión. Lo de 'mi pareja' no resulta buena opción. Parece más propio de la lista de pasajeros del Arca de Noé que de la forma de definir una relación estable. Lo de “compañera”, es escucharlo y verme levantando el puño cantando la internacional. Como mucho valdría para referirse a esa persona con la que no compartes cama, sino trabajo. Aunque haya gente que, algunas veces, confunda ambos términos. Veamos que tal suena lo de 'mi chica'. Nada. Me deja frío. Como canción de los Temptation es perfecta, pero como estado sentimental resulta más soso que una boda sin tarta y baile en cadeneta. Aunque se escucha mucho entre las nuevas parejas fálsamente 'progres'. Descartamos, de antemano y por decreto, lo de 'mi parienta' por casposo, 'mi chorba' por zafio y 'mi tronca' porque está más trasnochado que el llavero de pata de conejo.

En cuanto a las exhibiciones impúdicas de motes personales, es ésta una costumbre que nos produce vahídos a los dos. Así que tampoco nos sirven 'mi churri' o 'mi cari'. No pongan esa cara. Pongo la mano en el busto de Pichichi para jurarles que conozco a más de una pareja que lo utiliza en público y a modo de solemne presentación. No teniendo descendencia llamarnos 'papi y mami' o 'ama y aita' resultaría absurdo. Por no hablar de la sosa expresión 'mi amiga'. Típica de aquellos que aseguran no mantener lazos convencionales pero que, en el fondo, cargan más miedo que vergüenza. Por cierto, todo lo dicho es aplicable, cambiando el género, a las fórmulas utilizadas por ellas hacia ellos. Y también entre las parejas del mismo sexo donde, si me apuran, todavía resulta más complejo. Presos y presas de lo políticamente correcto, algunos y algunas no saben si recurrir a las viejas expresiones en pro de la igualdad o decantarse por el aséptico 'mi pareja' subrayando neutralidad. Me dirán ahora que lo más sencillo sería decir el nombre de pila. Cierto. Pero ofrece más dudas que respuestas.

Por eso, volviendo al punto de partida, les confieso que en casa tenemos una costumbre, muy de nuestra tierra y de toda la vida, que sorprende por ahí fuera. Llamarnos por los apellidos. Será que, en el fondo, sabemos que somos dos. Un par con presente y futuro, pero también con pasado. Y que dos son uno más uno. Siendo, cada uno de esos unos, continente y contenido. Y si los presentes siguen mostrando sorpresa, les decimos que 21 años casados y cuatro de novios es poco tiempo y aún no tenemos confianza como para llamarnos por los nombres. No olvidemos que somos vascos. Y además de Bilbao. Gente sobria.

En fin, cómo desearía algunas veces que el mundo fuera un Botxo aún más reducido, donde todos nos conociéramos. Incluso en esta Semana Grande, que parece infinita. De esa forma no tendríamos sobre nosotros el insoportable peso de la duda. Y es que seguimos sin saber cómo presentarnos el uno al otro. Por eso, si paseando por la calle ven a una pareja caminando con falsa distracción y mirada esquiva, seguro que somos nosotros. Dos personas que caminan por la vida esperando no encontrarse con más desconocidos que quieran dejar de serlo. Para evitar así este terrible y eterno dilema.

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