Cocinaterapia: platos que relajan

Cocinaterapia: platos que relajan

«Doy clases de fogones a ejecutivos estresados y al cabo de un rato se olvidan hasta del móvil», cuenta el psicólogo educativo Jesús Ramírez, que acaba de publicar un libro sobre los beneficios, más allá de lo gastronómico, de la cocina

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

¿Han probado a cortar champiñones en láminas? Si se hace con un buen cuchillo, va solo. ¿A que relaja? ¿Y ese 'plo, plo' que hace el cocido a fuego lento? ¿No es música celestial? ¡Y el aroma de ese guiso! Capaz de despertar sentidos dormidos. «Decía el ilustre escritor y académico Camilo José Cela que en cierta ocasión probó un cocido tan delicioso que se guardó un hueso para poder olerlo de vez en cuando y así recordarlo para siempre». La anécdota la cuenta Jesús Ramírez Cabañas en su libro 'Cocino terapia. Cocina terapeútica para poner a punto nuestras emociones' (Cydonia), que incluye un centenar de recetas «desestresantes». Desde arroz con acelgas a rabo de toro estofado con tinto de La Rioja o tocino de cielo casero.

Jesús no es chef aunque tenga mano con las cazuelas. Es psicólogo educativo desde hace 34 años y además de trabajar en un colegio da cursos de Cocinaterapia a ejecutivos estresados. «La mayoría son chavales de Cola-Cao que se pasan el día colgados del teléfono o contestando emails. Cuando vienen al curso les mando apagar los teléfonos y en diez minutos les enseño a preparar una tortilla francesa o un filete a la plancha, cosas super sencillas que no hacen. Luego nos aventuramos con algo más sofisticado, una crema de espinacas. Resulta que no la han comido nunca pero le añado un poco de bacon y les gusta. Todos acaban diciendo que han pasado un rato fantástico». Y ni acordarse del móvil.

Además de a jóvenes con corbata Ramírez también enseña los beneficios de la cocina a los niños. Beneficios más allá de lo gastronómico, que de eso va la Cocinaterapia. «Tú pones a un chaval a picar acelgas y cuando las prueba te dice que están riquísimas. ¿Y sabes por qué? Porque lo han hecho ellos», asegura el especialista, que amplía el catálogo de ventajas más allá de abrirles el paladar a nuevos sabores. «Cocinar les ayuda a mantener un orden y ese orden se puede aplicar luego a los estudios, al orden de su propia habitación...».

- ¿Es una terapia válida para todos?

- Sí, para cualquiera. Pongamos que el sábado es mi cumpleaños y voy a cocinar para los amigos, caldereta de bogavante. Hoy es martes pero ya estoy con la idea en la cabeza, pensando dónde podría encontrar esas hierbas ibicencas que tan bien le van al plato... Al final los preparativos me llevan días, son ilusionantes y cuando luego te dicen: '¡Qué rico!... Ese momento es fantástico.

- ¿Hay recetas más o menos relajantes?

- Hombre, freír pollo estresa mucho porque salpica, pero preparar un caviar de guisante es super relajante, por ejemplo. Hay que comprar guisantes frescos, cocerlos y hacer un puré con un poco de agua. Con una jeringuilla se va metiendo, gota a gota, ese puré en aceite frío que previamente hemos dejado en un vaso. Esas bolitas se ponen duras y se pueden servir para acompañar unos canelones. ¡Y quedas como un señor!

Para el que no se atreva con tanto, Jesús Ramírez tiene otra propuesta: unas buenas judías de la abuela, «con oreja, panceta, chorizo...». «Relaja porque es un plato que se hace solo y queda tan rico...». Y no solo relaja el resultado, sino el proceso. «En la cocina intervienen todos los sentidos y es un momento en el que te olvidas de todo lo demás. Cortar ingredientes, por ejemplo, es una actividad muy relajante. ¡Lo dicen todos los cocineros profesionales!».

Y luego está la capacidad evocadora de los sabores... Desvela el autor en el libro un retazo de su biografía gastronómica. «Cuando en España no existía la pizza tuvimos en casa una cocinera que había servido durante muchos años en la casa de unos italianos y nos la hacía. Yo tenía 8 ó 10 años y cuando les contaba a mis amigos que comía pizza pensaban que me estaba quedando con ellos. Hasta que llegaron las multinacionales con eso que se parecía solo muy someramente a la pizza que hacía Amelia, que así se llamaba la cocinera. Con su tomatito de la huerta, sus anchoítas, su queso de búfala... que no sé de dónde lo sacaba en aquellos tiempos, de manera que intuyo que no sería de búfala, sus olivitas y su espolvoreado de orégano».

Echando mano de esa memoria gastronómica, Ramírez se acuerda también de los carabineros, que «en aquellos tiempos se tiraban y hoy lo que valen...». O de los callos de bacalao. «Una vez fui a comprarlos y los tenían como si fuera producto de deshecho, hasta que un cocinero famoso los usó en un plato y entonces se pusieron más caros que las kokotxas». Se va Jesús del tema, pero es lo que tiene la Cocinaterapia, esa capacidad para abstraerte, como les pasaba a los ejecutivos con el móvil, que mientras estaban entre fogones se les olvidó que lo tenían apagado.

Algunas recetas desestresantes

Almejas de carril al vino de Rueda

Ingredientes:
24 almejas de carril limpias, 1 cebolla, 4 ajos, 1 vaso de vino Rueda de la variedad verdejo, perejil, sal y aceite de oliva virgen extra.
Preparación:
En una sartén ponemos cinco cucharadas de aceite y añadimos la cebolla picada en juliana hasta que se poche con una pizca de sal, para añadir entonces los ajitos cortados en rodajas. Echamos las almejas, tapamos la sartén y esperamos hasta que se abran. Añadimos el vino y dejamos que se evapore el alcohol y reduzca, moviendo la sartén para conseguir que el agua de las almejas, el vino y el aceite liguen en una salsa pil-pil. Picamos perejil, muy picadito, y lo espolvoreamos por encima, removiendo para que penetre en la salsa. Servimos decorando con unas ramitas de perejil.

Bonito a la plancha con stoemp de verduras

Ingredientes:
4 lonchas de bonito, la parte blanca de un puerro, 1 patata, 1 zanahoria, alcaparras, pimienta, nuez moscada recién rallada, sal marina, aceite de oliva virgen extra y 1 nuez de mantequilla.
Preparación:
Ponemos en un cazo con agua el puerro, la patata pelada y troceada y la zanahoria también pelada y troceada y dejamos que cueza durante veinte minutos. Lo retiramos del fuego y lo ponemos en el vaso batidor junto con la mantequilla, un poco de pimienta recién molida, unas ralladuras de nuez moscada y un pellizco de sal. Después de batido tiene que quedar un puré compacto. En la plancha ponemos un chorrito de aceite de oliva virgen extra, cuando empiece a humear ponemos el bonito con una pizca de pimienta molida, un par de minutos de cada lado. Para servir hacemos una cama de stoemp de verdura, el pescado encima y adornamos con unas alcaparras enteras. Podemos acompañar con unas chalotas confitadas.

Buñuelos de viento

Ingredientes:
3 cucharadas de azúcar, 1 cucharada de mantequilla, 3 ó 4 huevos, 1 vaso de harina, 1 vaso de agua, ralladura de limón y levadura.
Preparación:
Ponemos en un cazo el agua con el azúcar y un poco de sal. Añadimos la mantequilla y la ralladura de limón y lo ponemos al fuego dejándolo un minuto desde que comience a hervir. Mezclamos la levadura con la harina y lo añadimos de golpe a lo anterior, poniéndolo un poquito al fuego sin parar de remover. Incorporamos un huevo meneando sin parar, y otro o los dos, dependiendo de la textura de la masa. Ponemos aceite a fuego lento y cuando se caliente, pero poco, vamos echando la masa a cucharadas (cada cucharada es un buñuelo). Sacamos y los depositamos en caliente sobre un plato con azúcar.

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