«He vencido al melanoma, no tomo más el sol»

Julia, auxiliar de clínica jubilada, se hizo activista contra el cáncer antes de que le diagnosticaran un tumor en su piel.
Julia, auxiliar de clínica jubilada, se hizo activista contra el cáncer antes de que le diagnosticaran un tumor en su piel. / IGNACIO PÉREZ

Una bilbaína de 77 años relata cómo su afán por el moreno le provocó un cáncer de piel y cómo lo venció. Los expertos detectan un crecimiento anual de la enfermedad de 10% gracias a un diagnóstico más temprano, aunque ha caído al mortalidad

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

A Julia le pudo su «coquetería». Cuenta que le «encantaba» estar morena y, que con treinta años los días de sol salía del trabajo «a todo correr» para tostarse. ¡Quién sabe qué día nublado de los que se durmió bajo el sol -en dos ocasiones hasta la insolación- acabó por generarle la lesión que desencadenó el cáncer de su piel! «Un día, de vacaciones, tres amigas nos quedamos dormidas en la playa de Gandía. Al volver al hotel estábamos completamente rojas, despellejadas, no nos podíamos ni tocar», recuerda esta bilbaína de Deusto, cuyo nombre completo es Julia Marín.

Tiene 77 años, trabajó como auxiliar de clínica hasta su jubilación y desde entonces sigue haciéndolo como voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer. Su activismo contra las patologías tumorales despertó mucho antes que su enfermedad, prácticamente desde el día mismo en que culminó su etapa laboral. Para frenar el avance del melanoma, una enfermedad más desatada que nunca, ha aceptado la solicitud de EL CORREO de relatar su batalla personal.

«Auténticas burradas»

El cáncer de piel crece a un ritmo aparentemente desbocado. En Euskadi, cada año, desde hace ya unos cuantos, se diagnostican un 10% más de casos que el anterior, en línea con lo que está ocurriendo en el conjunto de España. Las provincias más castigadas por la dolencia son Navarra, Tarragona y Granada. ¿Qué está pasando? A primera vista, un panorama así bien podría llevar a pensar que el impacto en la salud del agujero en la capa de ozono es mayor de lo que se pensaba, o que las campañas institucionales para la prevención no están dando los frutos deseados. No es así, según explica la médico adjunta del servicio de Dermatología del hospital de Basurto, Rosa Izu Belloso. Al contrario. Cada vez se diagnostican más casos de manera más temprana, porque la población está más sensibilizada. «Pueba de ello es que la mortalidad ha caído, muy poquito, pero ha descendido», explica satisfecha.

El melanoma es el cáncer de piel menos frecuente, pero tiene la contrapartida de que se extiende rápido ventajas e inconvenientes

Julia y sus amigas hacían, según cuenta, «auténticas burradas» por conseguir un bronceado rápido. «Mezclábamos la ‘Nivea’ con una base de zanahoria y le echábamos unas gotitas de mercromina. Lo revolvíamos todo en la lata azul y nos dábamos aquel ungüento que nos turraba rápidamente. Era una barbaridad», reconoce ahora. Hace ocho años, todos aquellos potingues y siestas bajo el sol le pasaron factura.

Su dermatóloga detectó en un control rutinario «indicios» de un melanoma, que una biopsia confirmó como el comienzo de una amenaza. Decidió estirpárselo rápidamente, antes de que el tumor se extendiera a otros órganos. «El melanoma -detalla la especialista Rosa Izu- es el cáncer de piel menos frecuente. El problema que presenta es que si no se trata a tiempo, avanza muy rápido. De ahí la importancia de un diagnóstico precoz», insiste.

A menudo, la enfermedad, especialmente si no está extendida a otros órganos, se resuelve sólo con cirugía, sajando la lesión y la zona afectada. Los tumores cutáneos tienen como inconveniente añadido que se desarrollan en las zonas expuestas al sol, como la cara. A Julia le brotó en una pierna. La terapia le dejó una cicatriz de 10 centímetros «que me ha enseñado a no tomar el sol», explica. «La vida -añade en su reflexión- te va dejando muchas cicatrices, pero las de la piel no son las más fuertes».

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