«Siempre hemos estado juntos y aquí no das problemas a la familia»

Albino y Julia posan bajo un reloj en la residencia San Antonio./IGNACIO PÉREZ
Albino y Julia posan bajo un reloj en la residencia San Antonio. / IGNACIO PÉREZ

Albino y Julia llevan casados 58 años y ahora ocupan una plaza en la residencia San Antonio

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Julia viene de cambiar una camisa, aunque al final ha comprado dos más. «Voy siempre a El Corte Inglés con mi sobrina, que es maestra», cuenta orgullosa. Lleva 58 años casada con Albino, que abandonó el pequeño pueblito palentino donde nació para montar un taller en Bilbao con sus hermanos. La empresa fue bien y se vieron viajando por 30 países, especialmente México, donde hace 25 años que no regresan. «Salvamos la primera crisis, la de los años 70», se enorgullece él. El discurso lo sostiene ella, llenando algunos vacíos que se presentan.

«Albino nunca fue de bares ni de cuadrillas. Íbamos juntos a todas partes. Él nunca quiso lujos ni casas con piscina. Siempre insistía en que había que ahorrar», recuerda. «¿Y tenía razón?», pregunta él sonriendo. Ocupan plazas privadas en la residencia San Antonio, inaugurada hace un año en pleno centro de Bilbao y donde algunas camas cuestan más de 3.000 euros mensuales.

Albino y Julia

Residencia San Antonio
Albino Díez (82 años) y Julia Martínez (81 años) están casados hace 58 años. Sin hijos. Vecinos de Deusto. Tras un breve paso por la residencia de Unbe, llegaron a San Antonio en mayo de 2016, seis meses después de su inauguración. Su sobrina les visita a menudo. Suelen ir a comar fuera con su familia y a Aguilar. Esos días, él aún toma un 'escocés'.

Vivieron siempre en Deusto y no tuvieron hijos, así que son sus sobrinos quienes se encargan ahora de la empresa familiar. Julia, que trabajó por su cuenta en Toldos Goyoaga, se emociona cuando recuerda que «no vamos a volver a nuestra casa» y él duda sobre el motivo con la mirada algo perdida. La familia les rodea con su cariño. «Celebramos una fiesta hace poco en Aguilar de Campoo porque hacía 50 años desde que el hermano de Albino se ordenó sacerdote». Esconden algunos caprichos en su habitación. Chocolate, que a Julia le pierde, sobaos del pueblo y algo de «jamón del bueno» para alegrar unas comidas «hechas con buen producto, pero no siempre en su punto». «Eso sí, las chicas y el director son fenomenales», destacan. «Lo mejor es que aquí no das problemas a la familia», opinan. «Y que estamos juntos, porque nos queremos mucho».

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