¿En la residencia? «mejor que en casa»

No querían verse «como una carga» o ingresaron para acompañar a sus parejas. Hablamos con quienes eligieron libremente vivir en un centro

Albino y Julia posan bajo el reloj de la residencia San Antonio. / IGNACIO PÉREZ
Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Las residencias fueron durante mucho tiempo ese lugar donde nadie quería acabar, un último recurso cuando la dependencia se volvía insostenible. Hoy en día los últimos asilos han desaparecido y los centros compiten por tener entre sus filas los mejores profesionales, los últimos recursos tecnológicos y atractivos espacios abiertos para el recreo de los mayores. El área para la gimnasia y la elección de algún plato del menú son ya un mínimo común en un escenario donde se abren paso los ejercicios cognitivos en pantallas táctiles. Los mayores se esfuerzan allí en recordar las figuras, colores y posiciones que han visto durante unos segundos. Y, en ese mundo, comienza a atisbarse una nueva realidad: los mayores que han decidido libremente marcharse a una residencia.

En cifras

83,9
años es la edad media de las diez mil personas que viven en las más de 150 residencias vizcaínas. Cada vez llegan con edades más avanzadas. La esperanza de vida y los avances sanitarios elevan una media que en el año 2007 era de 82,4 años. El tiempo de permanencia en los centros se ha reducido.

Lo hacen por amor, por seguir al lado de sus parejas dependientes, pero también por no sentirse «una carga» y porque algunos están aquí «mejor que en casa». Isabel Sánchez Robles, diputada de Acción Social, explica que «las residencias se han especializado muchísimo. Los usuarios cada vez llegan más tarde y con mayor dependencia pero hay otros que eligen vivir allí. Por eso se han creado módulos diferenciados para dar respuesta a una gran diversidad. Vemos plantas con personas sin dependencia, otras con ella, y ahí entra la Diputación, y acabamos de crear plazas de alta complejidad. Todo pasa por una atención individualizada». Las instalaciones son ahora diáfanas y se cuidan los detalles del que para muchos es su último hogar. «Los centros se han modernizado y humanizado de forma muy importante. Fomentan la reminiscencia, trayéndoles viejos recuerdos del Athletic por ejemplo, o trabajando con águilas», añade. Hay unos diez mil mayores en las más de 150 residencias vizcaínas. Hoy hablamos con los que mejor están. Estas son algunas de sus historias:

Leonor González empuja la silla de su marido, José Marchado.
Leonor González empuja la silla de su marido, José Marchado. / IGNACIO PÉREZ
«Él ha cuidado tan bien de mí...¡Cómo no le voy a cuidar yo ahora!

Hollywood jamás situaría una historia de amor en una residencia, pero en pocos lugares se ven mejores muestras. A Leonor González se le saltan las lágrimas cuando recuerda «cómo me ha cuidado siempre José. Estuve enferma de hepatitis y tenía usted que verle. ¡Cómo no le voy a cuidar bien yo ahora»... (Sigue leyendo la historia de Leonor y José)

Severino toma la mano de su esposa, Valentina.
Severino toma la mano de su esposa, Valentina. / YVONNE FERNÁNDEZ
«Me pasé tres meses solo en casa y fue horrible. Ahora puedo estar con ella»

Severino viene de la calle con EL CORREO debajo del brazo. «Así me lo leo tranquilo, que luego no hay quien lo consiga». Coge la mano de Valentina, que hoy tiene dolores fuertes y casi no puede hablar... (Sigue leyendo la historia de Severino y Valentina)

Juana Aginaga.
Juana Aginaga. / FERNANDO GÓMEZ
«Les dije a los sobrinos: o me mandáis a la residencia o me cojo yo un taxi»

Recibe Juana a los visitantes con sus amigas. Una legión de unas diez mujeres sentadas alrededor que la llaman 'la capitana'. «Tengo 90 años, 2 meses y 15 días», precisa con detalle. Nacida y criada en Plentzia recuerda «todas las fechas, desde los nacimientos de los sobrinos a cualquier otra»... (Sigue leyendo la historia de Juana)

Celedonio Macías.
Celedonio Macías. / IGNACIO PÉREZ

«Vine por mi mujer y, cuando murió, me quedé aquí. No quise volver a nuestra casa»

«Me llamo Celedonio Macías Martín Mateo Garrido Santiago», dice de corrido despejando cualquier duda sobre su memoria. A sus «102 años y medio», la conserva sin mácula, a corto y a largo plazo. «Mis dos hijos vienen a la mañana y vamos juntos a tomar un café calle arriba. Están ya jubilados. Uno nació en 1937 y el otro en 1942»... (Sigue leyendo la historia de Celedonio)

Albino Díez y Julia Martínez posan en la residencia San Antonio.
Albino Díez y Julia Martínez posan en la residencia San Antonio. / IGNACIO PÉREZ

«Siempre hemos estado juntos y aquí no das problemas a la familia»

Julia viene de cambiar una camisa, aunque al final ha comprado dos más. «Voy siempre a El Corte Inglés con mi sobrina, que es maestra», cuenta orgullosa. Lleva 58 años casada con Albino, que abandonó el pequeño pueblito palentino donde nació para montar un taller en Bilbao con sus hermanos. La empresa fue bien y se vieron viajando por 30 países, especialmente México, donde hace 25 años que no regresan... (Sigue leyendo la historia de Albino y Julia)

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