¿Cómo se rehabilitó el cerebro de Juan Carlos?

Juan Carlos Rosco participa en una sesión de rehabilitación, con José Ignacio Quemada en el centro Menni de Bilbao. /Borja Agudo
Juan Carlos Rosco participa en una sesión de rehabilitación, con José Ignacio Quemada en el centro Menni de Bilbao. / Borja Agudo

Un paciente con parálisis lateral y su médico describen el lento proceso de recuperación con motivo del 25 aniversario de la creación de la red de centros Menni, que hace frente al Daño Cerebral

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

El cerebro de Juan Carlos Rosco ya no es el mismo desde septiembre del año pasado. Un infarto cerebral inutilizó el lado derecho de su cuerpo y le dejó la sensibilidad a flor de piel. Cualquier alegría le provoca una felicidad desbordante y la menor emoción le genera un llanto incontrolable. «Un día, estaba viendo a Isabel Pantoja, que la entrevistaban en televisión porque volvía a los escenarios, y sólo de escucharla me vi llorando como un niño. ‘¡Pero bueno!’, me decía a mí mismo. ‘Si yo nunca he sido nada folclórico’». Desde entonces, hace ya más de un año, este bilbaíno de 47 se dedica en cuerpo y alma a recuperar la movilidad perdida y resituar sus emociones.

El paciente y su terapeuta, el psiquiatra José Ignacio Quemada, han relatado para EL CORREO cómo el cerebro es capaz de reaprender y recuperar el conocimiento perdido. Lo hacen con motivo del 25 aniversario de la red Menni de Daño Cerebral en España, que se conmemoró ayer con una jornada en el museo Guggenheim Bilbao.

Juan Carlos Rosco trabajaba como camarero en el Palacio Euskalduna, cuando un bolo de grasa taponó una de las arterias de su cerebro. Una compañera que había vivido la experiencia de un familiar poco antes alertó de que se trataba de un ictus y le salvó la vida. Tres días de cuidados intensivos después, el bilbaíno de San Adrián despertó y se encontró con que ya no era el mismo. Su mano y pie derechos no respondían a sus órdenes, arrastraba la lengua al hablar y prácticamente se reía por todo. «Nunca me he reído tanto como los dos primeros meses de rehabilitación en Gorliz», recuerda.

¡Se mueve!

El ordenador central del cuerpo humano no es como el corazón, que siendo también vital, es solo una máquina de bombear sangre. Los complejos circuitos cerebrales no sólo se ocupan de la buena marcha del organismo, sino también de funciones como la fuerza, la destreza, el equilibrio, la sensibilidad de las manos, la conducta, el lenguaje y los sentimientos. El daño cerebral va más allá de las funciones motoras, según explica Quemada, coordinador de la red Menni, que fue la primera de España en tratar el daño cerebral.

Hasta tal punto las emociones se quedan tocadas que un tercio de los pacientes que sobreviven a ictus acaban sufriendo depresión. Los especialistas llaman a este proceso incontinencia emocional, aunque «tener emocionalismo no significa que vayas a sufrir una depresión», detalla el experto. El carácter de cada uno influye de manera decisiva.

25 años de asistencia

4.512 pacientes
afectados han sido atendidos en los centros de neurorehabilitación de la red Menni, los primeros que se implantaron en España hace 25 años.
La red
cuenta con centros en Euskadi, Madrid, Valencia, Valladolid, Santander y Tenerife.

Juan Carlos era una persona positiva. Lo es. Quemada dice que sin duda, esa cualidad ha influido en su pronta recuperación. Se ayuda de un bastón, pero camina. Aún su mano derecha carece de la fuerza original, pero la domina, la abre y la cierra. Para lograrlo, trabajó una técnica de espejo, que consiste en colocar una mano en un cajón con un lateral exterior espejado, donde se refleja la extremidad que funciona normalmente. La tarea consiste en hacerle creer al cerebro que funcionan las dos manos. «El día que la atrofiada se movió un poco se me saltaron las lágrimas de alegría», relata.

El cerebro dañado no se recupera. El tejido muerto, muerto está. Pero el especialista explica que las áreas ‘tocadas’ por la lesión pueden recuperar en parte la funcionalidad perdida a base de perseverancia. Con tesón, otras zonas adoptan funciones que antes no gestionaban, como el lenguaje. Por encima de técnicas y tecnologías, Rosco cree que hay una terapia que en su caso ha resultado definitiva. «He sentido el calor de mis amigos y, sobre todo, el amor de mi hija Elisabeth, que durante este tiempo ha cuidado tanto de mí».

Aprender de los mejores de Europa, con José Guimón

Cuando se puso en marcha la red Menni de Daño Cerebral no había en España ningún servicio, público ni privado, que cubriera esta necesidad sociosanitaria. Los hospitales y centros de la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón, gestoras de la red, pidieron entonces al reconocido psiquiatra bilbaíno José Guimón (fallecido en 2016), que analizara la experiencia de Alemania, Inglaterra y Suiza para impulsar aquí algo similar. En el viaje a Londres, les hizo de guía y chófer un joven psiquiatra vasco que estaba formándose allí, José Ignacio Quemada.

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