Primero, dieta sana; y luego, a por el bebé

Una alimentación equilibrada seis meses antes de comenzar a buscar un niño favorece el nacimiento de críos mucho más sanos

FERMÍN APEZTEGUIA

La salud de un hijo puede cuidarse incluso antes de la gestación. Investigaciones recientes, cada vez más, demuestran que llevar una dieta sana de tres a seis meses antes de la concepción permite engendrar hijos más saludables y con sistemas de defensas mucho más potentes. Que una mujer tome ácido fólico antes del embarazo para prevenir la espina bífida en su bebé resulta de sobra conocido. Pero, por lo visto, con eso no es suficiente. Los dos, tanto la futura madre como el padre en construcción, pueden a través de una vida sana, que incluya desde una alimentación equilibrada a la práctica de ejercicio regular, conseguir que el niño que va a concebirse sea muchísimo más fuerte y vital. La receta es la de siempre: un régimen alimentario ajustado a los patrones de la dieta mediterránea –con aceite de oliva, verduras, pescados, poca carne roja y mucha fruta y carne de ave–, aliñado con una hora de caminata al día. Y hay que comenzar a llevarla a la práctica meses antes de ponerse a buscar heredero.

«No es sólo la mujer; el 50% del material genético que pone el hombre a través de los espermatozoides también se ve condicionado por la alimentación y el ejercicio realizado previamente», afirma el médico nutricionista Javier Aranceta, que disertará el próximo miércoles sobre los desafíos de la nutrición comunitaria en el siglo XXI en su ponencia de ingreso en la Real Academia Europea de Doctores, una institución de excelencia que aglutina a especialistas de muy diversas ramas del saber. El experto bilbaíno defenderá, basado en la evidencia científica, la necesidad de que el llamado «consejo nutricional preconcepcional» entre a formar parte de las prestaciones básicas de los servicios de salud.

Menú contra el cáncer

Uno de los últimos trabajos sobre esta materia está firmado por la Universidad de Navarra. Se trata de una investigación que revela que las mujeres que optan por prepararse para la gestación con dieta mediterránea y ejercicio presentan un 44% menos de probabilidades de tener problemas para embarazarse. La Universidad de Harvard (Estados Unidos), en otro ensayo simular con 120.000 voluntarias, demostró que pequeños cambios en la pauta alimentaria ayudan a conseguir un embarazo a mujeres con dificultades. Entre los consejos recomendados por el panel de expertos figuran evitar las grasas trans –presentes en la bollería industrial–, usar sobre todo aceite de oliva virgen extra y comer más proteínas de origen vegetal, así como tomarse un vaso de leche entera o un yogur al día y reducir el consumo de café, té, alcohol y gaseosas azucaradas.

La Administración sanitaria «tiene que tomarse en serio» la importancia de la nutrición en la prevención de enfermedades. Es de sobra sabido que una alimentación sana ayuda a prevenir la patología cardiovascular, la diabetes y la hipertensión; pero desde hace unos años se conoce también que evita la aparición de cánceres de colon y estómago. «Tenemos casi dos kilos de microorganismos en el intestino, que evolucionan en función de lo que comemos», afirma el presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, en alusión a la llamada microbiota. «Toda esa 'fauna' tiene mucho que ver con la aparición de patología psiquiátrica y emocional; y su evolución esta directamente ligada al hecho de haber recibido lactancia materna».

Los retos pendientes de la nutrición comunitaria son aún más. La relación incluye un mejor cuidado alimentario de los pacientes hospitalizados y una adecuada educación infantil. «Lo que se aprende de niños nunca se olvida», recuerda el especialista.

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