«Si no te pinchas, no sabes de qué hablamos»

José María Gutiérrez,un paciente cántabroque probó el sistema en un ensayo clínico, pide que todos los afectados de España puedan disfrutar de la prestación

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

José María Gutiérrez es un cántabro de 41 años que lleva 40 viviendo con la diabetes tipo 1. Desde que era un bebé. También fue uno de los primeros pacientes en España en probar los nuevos parches para el control de la glucemia, a través del Servicio Cántabro de Salud, que lo eligió para formar parte de un ensayo clínico. Quedó encantado. «Realmente es fantástico. Ganas en comodidad y en rapidez en la obtención de resultados. Deberían darlo en toda España», defiende.

Su demanda es la misma que plantea la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, cuya presidenta, la especialista del hospital de Cruces Sonia Gaztambide, se reunió hace meses con representantes del Ministerio de Sanidad con el fin de arrancarles un acuerdo para extender la prestación a todo el país. No será fácil. En Euskadi, está saliendo a 825 euros por paciente. Con toda seguridad, por eso, de momento sólo la Comunidad Valenciana se ha atrevido a dar un paso similar al del País Vasco, aunque con una población diabética más reducida. El paciente cántabro sabe bien de sus ventajas.

El control de la glucemia en la sangre es una prueba fundamental en el tratamiento de la enfermedad, que busca evitar, minimizar o retrasar las complicaciones derivadas de unos niveles demasiado bajos de azúcar (hipoglucemia). En los casos más graves puede provocar desde crisis epilépticas a daño cerebral. Para evitarlo, los pacientes han de pincharse hasta una decena de veces al día, antes y después de cada comida con el fin de someterse a un test convencional, con una tira reactiva.

«Con esta nueva herramienta, nos evitaríamos dos tercios de los pinchazos», explica José María Gutiérrez. «Con los años, las yemas de los dedos se te endurecen y pierdes sensibilidad. Acabas por no saber dónde pincharte». La expansión de la terapia limitaría los pinchazos a los referidos a las dosis de insulina. «Es una cuestión de calidad de vida. Si no tienes que pincharte, no sabes bien de qué hablamos», concluye.

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