La mutación del virus de la gripe limita la eficacia de la vacuna

Una enfermera vacuna a un paciente en el arranque de la campaña./Jesús Andrade.
Una enfermera vacuna a un paciente en el arranque de la campaña. / Jesús Andrade.

Osakidetza dice que aún es pronto para afirmar que el microbio circulante no es uno de los tres incluidos en el preparado, como afirman los médicos de familia

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Las previsiones parece que han fallado, aunque no con resultados tan preocupantes como podría imaginarse. La eficacia de la vacuna de la gripe ha quedado reducida este año al 25% al haber fallado las previsiones de la Organización Mundial de la Salud sobre los virus que más afectarían a la población europea. Según la Semfyc, asociación profesional que agrupa a los médicos de familia de España, el microbio que más está golpeando está siendo uno de la cepa B, que no es ninguno de los tres que se eligieron para la elaboración del medicamento de este año. Osakidetza afirmó ayer que aún, en plena campaña de la gripe, es temprano para confirmar este extremo y recordó que, aunque fuera cierto, la vacunación siempre estaría justificada porque, aunque sea mínima, siempre concede cierta protección.

Si por algo se caracteriza el virus de la gripe es por su alta capacidad de mutación, una condición que le asegura su supervivencia. Cada año se preparan nuevas vacunas contra el microbio y cada año, ‘el bicho’ –en realidad, habría que hablar de ‘los bichos porque no es uno sólo, sino que hay dos grandes familias (A y B) y varios subtipos– se las arregla para adaptarse a la nueva situación.

Las vacunas, en Europa, se preparan cada año a partir de los virus que comienzan a azotar en la región de China. Una red de más de 100 laboratorios dependiente de la Organización Mundial de la Salud analiza permanentemente la evolución de los patógenos en circulación y, en función de lo que ve, elabora una previsión de los que afectarán en la siguiente campaña. La OMS se reúne dos veces al año para adoptar esta decisión. En febrero elige las cepas para el preparado del hemisferio Norte y en septiembre, las del Sur. El de la ‘influenza’ tiene una capacidad de cambio tan grande que, a menudo, aún acertándose en el tipo de virus que llegará a Euskadi, es posible que el microbio que se quiere combatir ya no sea exactamente el mismo que cuando fue detectado nada menos que un año antes.

La vacuna que tradicionalmente se ha venido poniendo en el mundo occidental se llama trivalente porque protege contra tres gripes. Este año, las elegidas fueron la A(H1N1), la A(H3N3) y otra de la familia B, conocida como B-Victoria. Desde hace unos años, existe una vacuna llamada tetravalente, que incluye además protección contra una cuarto tipo de virus, en esta ocasión la cepa B-Yamagata. En EEUU, la mayoría de las vacunas que se ponen son de este tipo, pero Europa considera que no existe aún suficiente evidencia científica ni tiempo de uso como para invertir en ella. Aún así, en España hay dos autonomías –Cataluña y Murcia–, que se la dan a los grupos de pacientes con mayor riesgo, los grandes inmunodeprimidos y los trasplantados.

¿Qué ha ocurrido este año? Los médicos de familia de la Semfyc afirman que la cepa circulante es precisamente la que ha quedado fuera de la trivalente y, en consecuencia, la protección contra la infección resulta mínima. Osatzen, su ‘delegación vasca’, explicó ayer a ELCORREO que carece de datos para afirmar algo así, «porque Osakidetza no nos los ha facilitado» pero, según su vicepresidenta, Mónica García-Asensio, a juzgar por lo que se está publicando en el conjunto de España, «todo apunta en esa dirección».

Red mundial

El director de la campaña de la gripe del Departamento vasco de Salud, Enrique Peiró, no comparte esta lectura. Según explicó, hasta que la epidemia no termine y se evalúe lo sucedido «con datos reales» no puede decirse qué virus en concreto ha sido el dominante. Sí se sabe, según añadió, que el 75% de los afectados lo están siendo por uno de la familia B, pero no se tiene la certeza de si se trata de la cepa incluida en la vacuna o de la excluida.

Sea de una forma u otra, la ‘suerte’ que estaríamos teniendo –más allá de la protección que se obtiene con toda vacuna– es que los virus B no suelen ser tan dañinos como los de tipo A, generadores de más enfermos y más mortalidad. La epidemia se espera que llegue a su ‘pico’ –el momento de mayor incidencia– en las próximas semanas. La pasada se había alcanzado una afección de 360 casos por cada 100.000 habitantes –el ‘pico’ suele superar los 400–, y 14 fallecidos. La cifra de víctimas mortales es más que doble que la del año pasado por estas fechas (6).

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