Síndrome de Asperger, más allá de Sheldon Cooper

Síndrome de Asperger, más allá de Sheldon Cooper

Se les tacha de raros, excéntricos, egoístas, maleducados e insensibles cuando, en realidad, padecen un síndrome del que no tienen constancia. En España lo sufren tres de cada 1.000 niños.

Las estadísticas oficiales indican que tres de cada 1.000 niños son diagnosticados con el Síndrome de Asperger en España. Sin embargo, algunos estudios elevan esta cifra a uno de cada 250. Más allá del dato concreto, se trata, por tanto, de un trastorno muy frecuente que tiene mayor incidencia en niños que en niñas (3 de cada 4) y que pese a la alta prevalencia sigue siendo poco conocido entre la población general e incluso por muchos profesionales.

Destaca también el hecho de que muchos adultos estén sin diagnosticar. Se les tacha de raros, excéntricos, egoístas, maleducados e insensibles cuando, en realidad, padecen un síndrome del que no tienen constancia y que les hace padecer mucho sufrimiento por sentirse incomprendidos, diferentes y en muchos casos socialmente rechazados. Presentan importantes problemas a la hora de mantener amistades y de tener pareja ya que perciben el mundo de los sentimientos de una manera completamente diferente al de los neurotípicos que, a su vez, les acusan de no tener sentimientos más que para sí mismos.

Estas actitudes o comportamientos no son en absoluto voluntarias. Tienen que ver con un trastorno neuro-biológico severo encuadrado dentro del espectro autista siendo, precisamente, las áreas cerebrales implicadas en las habilidades sociales y de comunicación las que se presentan defectuosas.

Tal y como indica el Dr. Ibañez Aramayo, especialista en psiquiatría del Igualatorio Médico Quirúrgico (IMQ), «los individuos con síndrome Asperger, al igual que cualquier ser humano, necesitan establecer lazos con sus semejantes para desarrollarse en el plano personal, afectivo e incluso laboral. Ansían integrarse y ser normales, trabajar, tener amigos y formar una familia pero no lo tienen fácil en absoluto. Se enfrentan no sólo a la soledad, sino también a cuadros de ansiedad, depresión, angustia, problemas de conducta, aislamiento…».

¿Cuáles son los síntomas del síndrome de Asperger?

El especialista apunta que, «los Asperger son literales en lenguaje y comprensión (no comprenden ironías, metáforas etc.), con rasgos repetitivos o perseverantes, una limitada gama de intereses y en la mayoría de los casos torpeza motora». Además, suelen ser ingenuos y crédulos, sin conciencia de los sentimientos e intenciones de otros, muy sensibles a sonidos fuertes, colores, luces, olores o sabores y con una fijación en un tema u objeto del que pueden llegar a ser auténticos expertos. «Prefieren estar solos, pero no rehúyen el contacto, aunque les incomoda la excesiva proximidad, a veces les cuesta mantener la mirada y no manejan bien el lenguaje corporal siendo poco expresivos», añade el especialista de IMQ.

A pesar de la creencia popular, tan sólo un 10% de las personas afectadas tiene una inteligencia superior a la media. Cada individuo con Asperger dispone de sus propias características y personalidad. No hay dos personas iguales ni dos Asperger idénticos, pero si algo les caracteriza es que el 100% de ellos tiene problemas para entender y relacionarse con su entorno.

A menudo pueden tener una memoria inusual para detalles, problemas de sueño o de alimentación, problemas para comprender cosas que han oído o leído, hablar de forma extraña o pomposa con alteraciones del volumen, tono y/o entonación. «Otro rasgo que define a las personas con este síndrome es que toman lo que se les dice al pie de la letra, no entienden las bromas, los chistes, etc.», matiza el especialista de IMQ.

El síndrome les produce dificultades para empatizar y entender los sentimientos de los demás y para comprender las normas y convencionalismos sociales. No saben comportarse adecuadamente, hablan a destiempo y parecen ir 'por libre', ser ’de otro planeta’. Conscientes de ello y con la intención de integrarse en la sociedad, muchos de sus comportamientos los adquieren por imitación. Actúan y dicen cosas que no sienten porque han aprendido que es la única manera de ser socialmente aceptados. Estos comportamientos los adquieren tanto de las personas que les rodean como incluso del cine o la televisión.

Diagnóstico del síndrome de Asperger

Una adecuada identificación y atención temprana, un buen ambiente familiar y una adecuada respuesta educativa son esenciales para que se produzca el mejor ajuste social, personal y emocional posible en la vida adulta. La concienciación social y el apoyo psicológico son las principales herramientas para conseguir la integración de los afectados con el síndrome de Asperger. El psiquiatra de IMQ subraya que además «es necesario hacer un buen diagnóstico diferencial, ya que a veces presentan síntomas de otras patologías como trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), Trastorno obsesivo-compulsivo, otros específicos del lenguaje, de origen esquizofrénico, depresión, ansiedad, etc.».

El diagnóstico del Síndrome de Asperger conlleva una evaluación tanto neurológica como genética, con pruebas detalladas cognitivas y del lenguaje para establecer el coeficiente intelectual y evaluar la función psicomotora, las fortalezas y debilidades verbales y no verbales, estilo de aprendizaje, y habilidades para la vida independiente.

Se evalúan tanto las formas de comunicación no verbales (miradas y gestos) como el uso de lenguaje no literal (metáforas, ironía, humor…) y los patrones de inflexión, estrés y modulación del volumen y contenido, claridad y coherencia de la conversación.

¿Cuál es el tratamiento del síndrome de Asperger?

El síndrome de Asperger es una enfermedad crónica, es decir, se puede aliviar y mejorar las características anteriormente citadas, pero siempre van a estar ahí. Lo cual no tiene por qué ser impedimento para que se pueda llevar una vida más o menos normalizada, trabajar, casarse, tener hijos, etc.

Aunque no existe un tratamiento único para el síndrome de Asperger, los profesionales están de acuerdo en que cuanto antes se detecte y se intervenga mejor resultará. El tratamiento ideal debe, así pues, ser precoz y a su vez coordinar terapias que aborden los síntomas principales del trastorno. Se pueden aprender e interiorizar conductas que ayuden a tejer una red social, comunicándose y relacionándose de una manera más fluida y sencilla.

El objetivo, tal y como indica el Dr.Ibáñez «es apoyarles y ayudarles a que encuentren su manera de vivir en el mundo, con sus particularidades, y a que sean aceptados como son. Ni mejor ni peor que otros, sólo diferentes».

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