Uno de cada seis vascos padecerá un ictus a lo largo de su vida

Uno de cada seis vascos padecerá un ictus a lo largo de su vida
La prevención resulta fundamental. Factores como la hipertensión arterial, el aumento del colesterol, el tabaco y el alcohol, la diabetes, la obesidad, o el sedentarismo, entre otros suponen un riesgo asociado.

La magnitud del desafío sanitario que supone actualmente el ictus se constata con los datos ya que, según muestran las estadísticas, no solo afectará a uno de cada seis vascos a lo largo de su vida, sino que un tercio de los afectados fallece, (uno de cada cuatro en los siguientes 30 días), otro tercio tendrá secuelas y solo el tercio restante se recuperará totalmente. Esta patología es, de hecho, la primera causa de muerte entre mujeres y la tercera entre hombres. Representa, además, la primera causa de discapacidad adquirida en los adultos en el País Vasco.

El ictus, también conocido como ACV (accidente cerebrovascular), puede clasificarse en hemorrágico o isquémico. «El isquémico corresponde al 85% de todos los ictus y es en donde más se ha avanzado en su tratamiento. Se debe a una interrupción brusca del flujo cerebral en un territorio arterial, lo que ocasiona un déficit neurológico congruente con las funciones que asume el área cerebral afectada», especifica la Dra. Naroa Arenaza Basterrechea, neuróloga del Centro IMQ Amárica.

«En el caso del ictus isquémico, la interrupción suele estar provocada por un trombo que tapona una arteria cerebral. En el ictus hemorrágico, la arteria se rompe y se produce una hemorragia cerebral que afecta a un área cerebral ocasionando síntomas neurológicos», detalla.

Factores de riesgo en el ictus

En el ictus está demostrada la importancia de la prevención, lográndose un descenso significativo de los casos mediante una adecuada prevención de los factores de riesgo cardiovascular, tanto con la modificación de hábitos de vida como con la toma de tratamientos adecuados.

«Son numerosos los factores de riesgo asociados al ictus, entre los que destacan la edad, la hipertensión arterial, los hábitos tóxicos (tabaco y alcohol), el aumento del colesterol, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo y la presencia de arritmias potencialmente embolígenas (principalmente la fibrilación auricular), entre otros», enumera la especialista.

El ictus no sólo afecta a personas mayores

Asimismo la doctora Arenaza descarta la teoría de que el ictus es una patología de la tercera edad. «Tradicionalmente se ha considerado así, y aunque la edad es un factor de riesgo no modificable inevitablemente ligado al ictus, no se trata en absoluto de una afección limitada a grupos avanzados de edad, pudiendo sufrirla pacientes de todas las edades y en algunos casos con secuelas incapacitantes de por vida».

Unidades de ictus

Cada vez son más los hospitales dotados con 'Unidades de Ictus' especializadas para el cuidado de los pacientes con ictus, que disponen de monitorización continua, enfermería y neurólogos especializados al cuidado del paciente las 24 horas del día. «Esto permite un control estricto de todos los factores asociados a la evolución del ictus en las primeras horas, permitiendo la vigilancia del paciente y corrección de la tensión arterial, glucemia, temperatura, entre otros», explica la neuróloga del Centro IMQ Amárica.

La presencia de profesionales especializados en el manejo del paciente con ictus y el uso de escalas neurológicas (Escala NIHSS, Escala Canadiense), permite, asimismo, «una detección precoz del posible deterioro neurológico, ya sea por complicaciones asociadas o por la propia evolución del ictus».

¿Cuáles son los síntomas del ictus?

En función del área del cerebro afectada pueden producirse muchos síntomas diferentes, todos ellos de aparición súbita. Algunos de los que pueden aparecer son:

• adormecimiento

• hormigueos o debilidad de la cara o alguna extremidad

• dificultad repentina para decir las palabras que se quiere o entender correctamente

• dificultad para articular las palabras

• dificultad para ver por uno o los dos ojos

• visión doble

• pérdida brusca del equilibrio.

Mejoras en el tratamiento del ictus, menor discapacidad

«En los últimos años se ha avanzado notablemente en el uso de terapias para el tratamiento específico en el ictus isquémico agudo», alaba la doctora Arenaza. «El objetivo primordial de estas terapias es lograr una recanalización precoz de las arterias ocluidas, y por tanto, restablecer de forma precoz el flujo arterial cerebral, tratando de evitar los daños cerebrales irreversibles».

Por un lado, en la fibrinólisis endovenosa, gracias a un fármaco, se intenta ‘disolver’ o destruir el trombo que ha causado el ictus isquémico. «Este tratamiento solo puede considerarse en las primeras cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas (preferiblemente en las primeras tres horas), siendo más efectivo y con menor riesgo cuanto antes se administre», advierte.

Por otro, se cuenta, en determinados casos seleccionados, cuando existe oclusión arterial de gran vaso con la opción de la trombectomía mecánica. «Esta técnica permite acceder a las arterias cerebrales mediante un cateterismo, permitiendo así la extracción directa del trombo intraarterial. Puede realizarse con seguridad en las primeras 6 horas desde el inicio de los síntomas y requiere de la mano experta de especialistas con amplia experiencia», recalca la especialista.

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