La mortalidad cardiovascular se sitúa en Euskadi dos puntos por debajo de la media estatal

La mortalidad cardiovascular se sitúa en Euskadi dos puntos por debajo de la media estatal

Al año mueren 9.000 mujeres más que hombres por esta patología siendo la tasa media de mortalidad femenina por causa cardiovascular en España del 31,98% mientras que en Euskadi es del 28,77%

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en España (29,17%) por delante del cáncer (27,50%) y las enfermedades del sistema respiratorio (11,4%).

El doctor Mateo Calvo San Juan, cardiólogo de IMQ que ha trabajado durante más de dos décadas en prevención del riesgo cardiovascular, pone de manifiesto que Euskadi es actualmente una de las comunidades autónomas que mejor se encuentran en cuanto a las tasas de mortalidad por esta causa, comparada con la media estatal.

«Comprobamos, de hecho», indica el Dr. Calvo, «cómo gracias a los esfuerzos realizados en prevención se ha conseguido una reducción significativa en las últimas décadas, situándose la tasa de mortalidad cardiovascular en el País Vasco en el 26,98%, frente a la media española del 29,17%». Por debajo de las cifras de Euskadi se sitúan solo la Comunidad de Madrid (25,39%), Navarra (26,38%), Cataluña (26,71%) y Cantabria (26,72%).

Por tipología priman en primer lugar, la enfermedad cerebrovascular (11.556 óbitos en hombres y 15.556 en mujeres); siendo la segunda causa más frecuente la correspondiente a la categoría de «otras enfermedades del corazón” (10.372 muertes en hombres y 12.886 en mujeres); En tercer lugar se encuentran las enfermedades isquémicas que provocan 10.062 fallecimientos en hombres y 11.279 en mujeres por insuficiencia cardiaca».

Atendiendo al sexo, «mueren 9.000 mujeres más que hombres por enfermedad cardiovascular al año en España (64.417 mujeres frente a 55.307 óbitos en hombres) estando la tasa media en España en el 31,98% frente al 28,77% de Euskadi», según destaca también el cardiólogo de IMQ.

Factores de riesgo

Las enfermedades cardiovasculares son un grupo de desórdenes del corazón y de los vasos sanguíneos, que incluyen patologías como «cardiopatías isquémicas aterosclerosas y degenerativas, enfermedades cerebrovasculares, arteriopatías aterosclerosas, trombosis y embolias».

Según señala el doctor Calvo, «los factores y marcadores que se asocian a una mayor probabilidad de sufrir una enfermedad cardiovascular se clasifican en no modificables (raza, sexo, edad, herencia) y modificables, siendo entre éstos últimos los más importantes el colesterol alto, hipertensión arterial, diabetes y tabaquismo; y, asociados, el sedentarismo, obesidad, alcohol, mala alimentación, estrés, drogas, factores de riesgo psicosocial, paro, etc.».

¿Cómo avisa?

Existan o no factores de riesgo cardiovascular, «se debe sospechar, ante un dolor precordial torácico central, muy intenso, no punzante, progresivo (como una losa que aprieta), de más de 10 o 15 minutos que se irradia a brazo izquierdo, al cuello, a los dos hombros, antebrazo y muñeca, por la cara interna —a diferencia de los dolores osteorradiculares, que van por la cara externa—. Posteriormente, se tiene sudoración intensa con frialdad, dificultad respiratoria, palidez y nauseas o vómito e incluso mareo». Estos son los síntomas del dolor que los expertos denominan como 'típico'.

¿Y en la mujer?

En la mujer el dolor suele ser 'atípico', sobre todo si es pre menopáusica. «En estos casos, el dolor torácico típico en mujeres es menos específico y en un porcentaje mayor se objetiva enfermedad coronaria no obstructiva. El dolor suele ser menos típico, en el centro de la espalda y en la mandíbula, sufre con más frecuencia náuseas, vómitos e indigestión. En mujeres postmenopáusicas son atípicos y en edad avanzada, pueden referir disnea o falta de aire súbitamente», destaca el cardiólogo de IMQ.

Ante la dificultad de reconocer los síntomas, se llega más tarde al hospital y el riesgo de fallecimiento es más alto (52% frente al 42% en los hombres). «El pronóstico es también peor tras la hospitalización porque suelen presentar el infarto a edades mayores, aproximadamente 10 años más tarde que los hombres y tener por ello mayores comorbilidades (enfermedad renal, osteoarticular, anemia…)», indica el experto de IMQ. Además, «las mujeres suelen consultar con mayor retraso los síntomas, tardan más en ser diagnosticadas al presentar a veces síntomas atípicos y, según las investigaciones realizadas, reciben tratamientos menos agresivos que los hombres». Por otro lado, durante la hospitalización, «tienden a presentar mayores complicaciones como insuficiencia cardiaca, ictus o necesidad de transfusiones».

¿Cómo actuar?

«Lo primero que debe hacer una persona ante una parada cardiaca es solicitar atención médica urgente, llamando al 112. El paciente se ha de relajar, tomar cafinitrina si está en tratamiento y tumbarse. El infarto se confirmará mediante un electrocardiograma y se trasladará a la persona al hospital en el plazo más rápido. No se debe ir andando, coger el coche o taxi pues en las dos primeras horas es mayor el riesgo de presentar arritmias malignas (fibrilación ventricular), con una mortalidad del 40% en hombres y 52% en mujeres. En estos casos se produce una parada cardiaca con pérdida de conocimiento», explica el Dr. Calvo.

Cuando se detiene la circulación, el oxígeno y los nutrientes dejan de llegar a los órganos, que rápidamente empiezan a sufrir. «Es importante saber que el órgano más vulnerable es el cerebro. Unos pocos minutos de parada cardiaca, más de 4 minutos, pueden ser la causa de lesiones cerebrales graves; de hecho, éstas son las principales secuelas en los pacientes que son reanimados», puntualiza el experto de IMQ. «De inmediato se ha de comprobar si el paciente respira y tiene pulso. Para ello se ha de mover a la víctima por el hombro, valorando si tiene algún tipo de respuesta. Se ha de comprobar igualmente si el paciente respira o no», ha señalado el cardiólogo de IMQ.

Si el paciente no respira, se deben realizar las técnicas de reanimación cardiopulmonar (RCP) de inmediato: «con la compresión torácica llegará sangre al cerebro, reduciendo el riesgo de lesiones cerebrales. La respiración boca a boca resulta innecesaria e ineficaz, ya que lo realmente importante es realizar una compresión torácica correcta». «Se ha de comprimir el esternón hacia abajo unos 4-5 cm, con una frecuencia aproximada de 100 veces por minuto», e intentar que las compresiones sean rítmicas y regulares, con las mínimas interrupciones posibles. «Las compresiones se deben mantener hasta que la víctima recupera el conocimiento o hasta que llegue la asistencia médica», explica también el Dr. Calvo.

Nueve consejos para reducir el riesgo cardiovascular

1.º Control de los factores de riesgo:
colesterol (<200mg/dl), glucosa (< 110 mg/dl), tensión arterial (<(140/90 mmHG).
2.º Tabaco.
Eliminarlo completamente ya que, tarde o temprano, pasa factura. Se recomienda deporte en adolescentes para prevención del hábito y fomento de hábitos saludables
3.º Alimentación cardiosaludable: dieta mediterránea.
Frutas, verduras, hortalizas (5 piezas diarias). Pescados y aceite oliva. Carnes magras, cereales y lácteos desnatados. Reducir los azúcares. Sal, y alcohol en poca cantidad. Evitar grasas saturadas, alimentos muy procesados, bollería industrial, no añadir sal a los congelados, etc.
4.º Actividad física.
Practicar con frecuencia, mínimo 150 minutos por semana, en tandas de 45 minutos. Andar deprisa, bailar, correr, nadar, etcétera, ayuda a controlar el peso, diabetes, colesterol y tensión arterial, a dejar el tabaco y mejora el estado emocional.
5.º Peso.
Control del peso según la edad. El ideal es un índice de masa corporal (IMC): 20-25 Kg/m2. Obesidad: >30 mg/m2
6.º Vigilar la grasa acumulada en el abdomen.
Es peligrosa para el corazón. Medir el perímetro abdominal a nivel del ombligo. En la mujer debe estar por debajo de 88 cm y en los hombres por debajo de 102 cm.
7.º Calcular el propio riesgo cardiovascular.
Acudir al médico de familia para realizar un examen de salud y repasar posibles antecedentes. Pedir consejo sobre dieta, ejercicio y qué factores pueden perjudicar la salud.
8.º Promoción del ocio familiar en naturaleza.
Buscar el contacto con la naturaleza, mediante salidas al monte, campo, juegos al aire libre. Reducción del uso aparatos electrónicos en la infancia. “La salud está en el zapato no en el plato”.
9.º Control del estrés y la ansiedad.
El estrés en casa y en el trabajo hace más difícil seguir un estilo de vida cardiosaludable. “Sonreír a la vida”.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos