Depresión, la lacra de las sociedades occidentales

Depresión, la lacra de las sociedades occidentales
Esta patología puede aparecer a cualquier edad y las mujeres tienen una prevalencia 2-3 veces superior a los hombres. En Euskadi se estima que la sufrirán uno de cada diez vascos.

Actualmente la depresión es el trastorno psicológico más frecuente en las sociedades occidentales, muy vinculada al estrés. En Euskadi, se estima que una de cada diez personas sufrirá al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida. Se trata de un trastorno que puede aparecer a cualquier edad, desde la infancia y adolescencia hasta la vejez, por razones muy diversas y su incidencia está aumentando de forma preocupante.

Según indica el director médico de IMQ-AMSA, Jose María Galletero, el riesgo de tener una depresión es algo mayor entre las mujeres, con una prevalencia 2-3 veces superior con respecto al sexo masculino. También hace aparición frecuentemente tras un suceso estresante o en aquellas personas que tienen enfermedades físicas o dolor crónico.

En este contexto, el experto de IMQ-AMSA hace hincapié en la prevención y rápida puesta en marcha de los tratamientos para la depresión, ya que es una las enfermedades mentales más prevalentes en la sociedad actual. «La identificación rápida de los síntomas en una persona que sufre una depresión posibilitará una ayuda eficaz, acelerará el retorno al nivel de funcionamiento previo y reducirá mucho sufrimiento innecesario porque uno de los factores de buen pronóstico a la hora de responder a un tratamiento antidepresivo es el inicio precoz de éste», explica.

Síntomas de alarma en la depresión

«Si alguien tiene un ánimo estable y de pronto se aísla, está con expresión triste, sin interés en nada, más callado, se pierde el apetito, duerme mal… son síntomas de alarma. Son cambios en los que se detecta que hay un antes y un después», señala el psiquiatra.

En efecto, la tristeza, la falta de ilusión, el cansancio, el desinterés por las actividades habituales, la dificultad para concentrarse e incluso la ideación suicida son algunos de los síntomas habituales en el trastorno depresivo.

La depresión se acompaña también de una serie de síntomas físicos. Cansancio, pérdida de apetito, adelgazamiento, dolores en diferentes zonas del cuerpo, alteraciones del sueño… que pueden hacer sospechar una enfermedad física y dificultar el diagnóstico inicial. Tanto en los episodios leves como en los graves es de suma utilidad una primera evaluación del estado físico (exploración, analítica, pruebas de neuroimagen) y mental para descartar la existencia de otras enfermedades físicas.

La gravedad de todos estos síntomas determinará la gravedad del cuadro depresivo, que puede ser desde leve hasta muy grave. En los casos más graves, la persona deprimida presenta ideas de ruina, se siente culpable de cosas que a los demás les parecen desorbitadas o presenta rasgos de hipocondría o aprensión excesivos.

La evaluación del riesgo de suicidio es fundamental. La ideación suicida, los actos parasuicidas y los diversos intentos autolíticos pueden tener consecuencias irreparables. Ante la presencia de dichas ideas, intenciones o actos es necesario considerarlos y estudiarlos siempre, no minimizando su importancia ya que el pronóstico puede variar notablemente.

Asimismo, es necesario desterrar la falsa idea de que la depresión constituye un error, una debilidad o una falta. Se trata de una enfermedad como la gripe o la diabetes. Su solución no está en superarse, poner buena cara o dominarse, ni tampoco en resignarse y aceptar el sufrimiento, sino en el seguimiento de un tratamiento adecuado, específicamente indicado, administrado y supervisado por un terapeuta experto.

Tratamiento de la depresión

Respecto a los tratamientos, el especialista de IMQ-AMSA explica que hay dos tipos de abordajes: farmacológico y psicoterapéutico. El farmacológico trata de resolver los cambios bioquímicos que se producen en el episodio depresivo a nivel cerebral tratando de incrementar los niveles de serotonina. Por otro lado, la psicoterapia trata los problemas psicológicos, de personalidad, laborales o familiares, «es decir, todos aquellos factores externos que pueden estar incidiendo en el cuadro depresivo».

«Puede haber algún tipo de depresión resistente, pero en general con los tratamientos que se dispensan se curan entre el 70-90% de las personas, aunque puede haber recaídas en las que debe seguirse un tratamiento continuo», afirma también Galletero.

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