«La idea de que fumar porros es bueno para la salud se ha extendido entre los jóvenes»

Doctor Koldo Callado. /E.C
Doctor Koldo Callado. / E.C
Koldo Callado, doctor en Medicina y profesor de Farmacología en la UPV

El experto es partidario del uso terapéutico del cannabis. Advierte que el consumo de drogas de diseño se incrementa en las fiestas del verano

José Mari Reviriego
JOSÉ MARI REVIRIEGO

El doctor Koldo Callado se sitúa en un punto intermedio en el debate sobre las drogas: entre los sectores más prohibicionistas y los más permisivos con su consumo. En esa delgada línea roja, defiende un uso terapéutico del cannabis en tratamientos paliativos, pero advierte de sus riesgos entre los adolescentes que lo fuman de forma habitual con la excusa de que «es bueno para la salud». Profesor del Departamento de Farmacología de la Universidad del País Vasco y miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides, Callado repasa la situación vivida en las fiestas de Bilbao y en otros festejos populares dados al exceso.

– Las llamadas a evitar el consumo excesivo de alcohol en la Aste Nagusia suelen solapar el debate sobre el uso de drogas. ¿Cómo ha sido ese consumo en las últimas fiestas?

– No tengo datos exactos, pero la experiencia que hay en cualquier pueblo de Euskadi es que muchas de estas drogas, sobre todo las nuevas drogas psicoactivas, conocidas como de diseño, van muy asociadas a la fiesta, a no dormir, a seguir por ahí bailando. Normalmente, ese tipo de consumos se suelen incrementar durante las fiestas del verano.

– Tendemos a pensar en porros, cocaína o heroína al hablar de drogas en las fiestas, pero ¿qué impacto tienen ya las llamadas nuevas drogas?

– Están muy unidas a situaciones como las fiestas, donde hay gente que quiere aguantar cada vez más y tener ese puntillo. El éxtasis, la anfetamina, la metanfetamina y todos los derivados activan el funcionamiento cerebral, generan euforia y disminuyen la sensación de cansancio, hambre y sueño.

– ¿Son necesarios más puntos de control en la calla para examinar la calidad y composición de las sustancias?

– Son básicos. Las nuevas drogas psicoactivas que se venden en pastillas tienen una composición muy variable. Por un lado está la adulteración con cafeína y sacarina. Por otro, en el proceso de síntesis que se lleva acabo en un laboratorio clandestino aparecen impurezas mucho más tóxicas y peligrosas. Es muy importante que cuando uno compra una pastilla, sea éxtasis, metanfetamina o speed, haga un análisis antes para saber qué es lo que contiene. Puede que no tenga nada y no tenga efectos. O puede que contenga sustancias mucho más dañinas para el organismo que las que inicialmente pensaba que iba a consumir.

– ¿Es partidario de diferenciar entre uso lúdico y terapéutico del cannabis?

– Insistimos mucho en eso. Como médico y farmacólogo, tratamos de investigar las utilidades terapéuticas de los componentes de la planta del cannabis. Nuestro objetivo no es que la gente que se pueda beneficiar de alguno de los efectos del cannabis fume porros. Queremos aislar esos productos, ver en qué funcionan y venderlos como cualquier otro medicamento, con sus normas de control y dosis controladas. Todo el mundo conoce la utilidad de la morfina contra el dolor. Cuando un paciente tiene dolor, se la ponemos. No le pedimos que se vaya a fumar la dormidera del opio como pasaba hace siglos. Hay que separar esto de la persona que quiere fumar cannabis, bien sea hachís o marihuana, de un modo lúdico.

«No es lo mismo fumarse un porro con 40 años y tras haber comido perfectamente que con 14 años y sin desayunar»

¿Es posible un uso responsable de las drogas?

– Teóricamente, sí. Una persona adulta, con la información suficiente sobre los efectos y posibles efectos nocivos para decidir, puede controlar el uso. Sí que es cierto que estas drogas de abuso pueden generar dependencia si hay un uso continuado. Pero sólo un porcentaje pequeño acaba enganchado.

– ¿Es cierto que la venta y producción de productos ligados al cannabis es un negocio tan rentable?

– Mucha gente puede asociarlo a un movimiento más alternativo, más hippie. Pero yo, que participo en conferencias en estas ferias, puedo ver grandes empresas multinacionales que utilizan el mismo marketing que las farmacéuticas que van a congresos. Se están introducción para vender semillas, el cultivo y el abono. Es una situación alegal. Es legal el consumo de cannabis, pero ilegal el cultivo y la venta. ¿Como se puede regularizar para que las multinacionales no arrasen con todo?

– ¿Las asociaciones de usuarios de cannabis pueden ayudar a contener el mercado negro o son un coladero para el tráfico de drogas?

– Regulan el consumo. Los socios se juntan, cultivan y reparten entre ellos. Acaban así con el mercado negro y evitan la compra de un cannabis de dudosa procedencia y composición. El problema es que algunas mafias intentan presentar como clubes lo que realmente son tapaderas para la venta masiva al tráfico.

– Tratar estos temas con cierta frivolidad o dejando deslizar mensajes permisivos pueden tener un doble efecto y fomentar el uso de unas sustancias que enganchan y producen toxicomanías. ¿Dónde está el límite?

– Lo importante es la información. Hay mensajes extremos, tanto desde la gente partidaria de la legalización del cannabis como desde ámbitos prohibicionistas. Desde que fumar porros no genera ningún problema hasta que no fumes que es malísimo. Nosotros intentamos aportar evidencias científicas. Si un adulto adopta la decisión de que quiere consumir cannabis, que sepa los efectos que le puede provocar y los efectos nocivos para su organismo. Que esté informado y detecte cualquier problema relacionado con el consumo para evitar el abuso. Prevención. Y otro mensaje es clave. Hay que incidir en que estas sustancias, desde el alcohol, el cannabis o la cocaína, son especialmente peligrosas cuando su consumo se hace en la adolescencia. Consumir de manera responsable es un derecho, pero que lo haga cuando sea mayor de edad. Reduciremos así los daños en el cerebro. Fumar porros de chaval puede alterar procesos de maduración cerebral o de otros órganos.

– Sólo hace falta darse una vuelta por Bilbao para comprobar cómo ha aumentado el número de fumadores de marihuana, incluso, por la mañana en un día laborable. ¿Se ha disparado su consumo?

– Es que su olor se detecta además muy fácilmente. Unido a la normalización del consumo, se ha producido una cierta banalización. El mensaje ese de ‘no pasa nada’. Pero hay un dato cierto. Es más nocivo para la salud el consumo de tabaco y alcohol que el de cannabis. Hace años, la mayoría de lo que se fumaba o que llegaba aquí era hachís. Ahora es marihuana.

– Es que la marihuana se cultiva ya aquí.

– Se ha extendido la oferta. No pasa nada cuando alguien lo consume de forma no abusiva a una edad adulta. Pero puede ser un problema cuando el consumo comienza a edades muy tempranas. El inicio está en los 14 y los 15 años en nuestro entorno. Se trata de prevenir ese consumo precoz, que sí está asociad a un mayor riesgo de aparición de patologías.

– ¿La prevención tiene que estar más en la calle que en las instituciones?

– Cuando damos charlas en institutos, lo que vemos entre los adolescentes es falta de información y una especie de reacción a las campañas alarmistas. Nos dicen, ‘no será para tanto’. Hay que decirles, ‘cuidado’. Nosotros tratamos de informarles con evidencias científicas sobre lo que provoca. No es lo mismo fumarse un porro con 40 años y tras haber comido perfectamente que con 14 años y sin desayunar. Por mucho que les digas no fumes que es malo, ellos están en una etapa de rebeldía y de querer probarlo todo.

«Se ha generado un nuevo perfil de consumidor ‘millennial que lo mismo se tira en parapente que quiere probar sustancias nuevas»

– ¿Cuál es la pregunta más recurrente de los chavales?

– Se ha extendido el mensaje de que fumar porros es bueno para la salud. Y nosotros le decimos que depende. Para algunos pacientes es bueno porque les puede reducir el dolor o mejorar la tensión muscular en los enfermos de esclerosis. Eso no quiere decir que fumar sea bueno para la salud.

– Incluso, en esos casos terapéuticos, el consumo no implica fumarse un porro. ¿Se toma en pastillas, no?

–Eso es. O inhalado. Como esos fármacos no están aprobados en la agencia del medicamento, algunos enfermos tienen que ir a fumar a los clubes de cannabis, que ejercen de asesores. El único fármaco aprobado en el Estado español es un spray para enfermos de esclerosis.

– ¿Han detectado algún cambio de hábitos en Euskadi?

– Con las nuevas drogas de abuso, se ha generado un nuevo perfil de consumidor, de entre 20 y 30 años, cierta formación y usuario de redes sociales. Son los buscadores de nuevas sensaciones, pertenecientes a la generación de los ‘millennials’. Lo mismo se tira en parapente que quiere probar cosas nuevas. Por internet puedes encontrar cientos de sustancias nuevas (el año pasado se identificaron 34 drogas de diseño en Euskadi) . Cualquiera, con unos ciertos conocimientos, puede conseguirlas con un par de clics.

– La heroína, que tanto castigó al País Vasco hace años, ha repuntado de forma alarmante en Estados Unidos. ¿Corremos el riesgo de que esa ola llegue aquí?

– Hay un repunte de la heroína, quizá no tanto en nuestro ámbito. A cuenta de los conflictos en Afganistán, se ha abaratado el precio de la heroína y ha entrado más y más barata. Lo de Estados Unidos es más complicado. Cuando hablan de la epidemia de opiáceos, se juntan todos. La heroína y los opiáceos menores que allí se pueden comprar en cualquier supermercado, como la codeína. Son opiáceos muy potentes que se utilizan como analgésicos y para los que es necesario receta aquí.

– ¿De lo que murió Prince, no?

– Bueno, sí. Prince murió de una mezcla de casi todo. Por la presión de las empresas farmacéuticas, ha aumentado la prescripción de opiáceos para el dolor en Estados Unidos. Y eso está llevando a un incremento de las muertes asociadas al consumo de estas sustancias.

– ¿El burundanga sigue siendo una leyenda?

– Los estudios forenses que investigan la relación entre pérdida de conciencia y abusos sexuales revelan que en la inmensa mayoría de los casos no hay rastro de burundanga. Sólo se ha confirmado un caso como tal en Barcelona. En la mayoría de las ocasiones detrás de esa pérdida de conciencia están el alcohol y las pastillas para dormir clásicas porque tienen un efecto amnésico.

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