El frío dispara todo tipo de enfermedades en los mayores

Pedro García y su esposa, Irene García, mantienen dentro de sus posibilidades una vida activa a sus 90 años./Igor Aizpuru
Pedro García y su esposa, Irene García, mantienen dentro de sus posibilidades una vida activa a sus 90 años. / Igor Aizpuru

Los servicios de salud atienden gripes y neumonías, pero sobre todo las temperaturas bajas descompensan al enfermo crónico y favorecen la depresión

FERMÍN APEZTEGUIA

El frío no sólo trae gripes, catarros y neumonías. La atención de todas estas enfermedades, clásicas del invierno, mantiene ocupados a los grandes hospitales de Euskadi, tanto públicos como privados; pero las amenazas para la salud de las personas mayores son muchas más. La lluvia, el frío y la nieve exponen a los pacientes crónicos a sufrir todo tipo de crisis y favorecen, además, la aparición del que representa como el mayor problema sanitario del colectivo: la depresión provocada por la soledad. Relaciones sociales, ejercicio y vacunas constituyen, según los expertos, las mejores armas que disponen los mayores para afrontar la caída de las temperaturas.

El envejecimiento, según explica el geriatra Iñaki Artaza, desencadena una serie de complicaciones, primero físicas y luego mentales, que acaban por dejar a las personas de edad muy desprotegidas frente a los fríos del invierno. El primer eslabón dañado en esa cadena es el metabolismo basal, la capacidad del organismo para adaptarse a los cambios de temperatura. En condiciones normales, ante el frío, la piel se constriñe en brazos y piernas y protege así a los órganos vitales de la caída del termómetro.

Cuando ese mecanismo se daña por la edad, que sucede con frecuencia, la persona se vuelve más vulnerable ante el frío y se expone a un mayor riesgo de hipotermia, congelación y aparición de infecciones, como gripe y neumonía. Cuanto más intenso, el frío favorece además un aumento de la polución ambiental, lo que favorece la aparición de crisis en pacientes alérgicos o con bronquitis crónica, ahora llamada EPOC. «Lo hemos visto en Madrid los días atrás», detalla el especialista, director médico en la residencia Orue-Igurco, del grupo IMQ.

Contra el invierno

No se automedique.
Los mayores tienden a tomar más medicamentos de los necesarios o todo lo contrario, no tomar ninguno.
Duerma únicamente de noche
o eche una siesta corta de diez o quince minutos. De lo contrario romperá el sueño y no descansará.
Salga a la calle.
Le permitirá hacer el ejercicio de caminar y mantener un círculo de amistades.
Respire por la nariz
en la calle, lávese las manos y coma bien.

El tiempo desapacible invita a quedarse en casa. Desde el punto de vista funcional, se tiende a practicar menos ejercicio, una actividad necesaria para el mantenimiento de la forma física, incluso mental. No salir del hogar o reducir al mínimo las salidas -para las compras y poco más-, tiene sobre la destreza de la mente un «efecto perverso».

Excusas para no salir

Cumplir años conlleva la pérdida de familiares y amigos que se van por el camino. Esa falta de relaciones suele convertirse en un motivo más, que es «sólo una excusa», para encerrarse en casa. «Comenzamos a tener todos los ingredientes necesarios para la depresión», advierte el especialista. ¿Por qué?

Lo normal es que una persona que se queda en casa, y que en consecuencia practica escaso ejercicio, salga de compras poco o nada, porque considerará -y con frecuencia es así- que no lo necesita. Muchos mayores se sientan solos a comer o, como mucho, cocinan para dos. Como no gastan energía, no sienten hambre, una sensación que, además, también se pierde con la edad. Una alimentación inadecuada del anciano es el primer paso hacia la desnutrición, «qué casualidad, la primera causa de adelgazamiento no voluntario en las personas mayores».

La falta de ejercicio contribuye a su vez a la pérdida de músculo. El anciano se vuelve frágil y decaen su fuerza y rendimiento muscular, algo que los especialistas denominan sarcopenia y que les expone a caídas y fracturas, especialmente de cadera. «Si tengo poco músculo y hago poco ejercicio, el frío provocará una caída de mis niveles de vitamina D, que es una hormona fundamental para el buen estado musculo-esquelético», añade Artaza.

El especialista considera, por ello, fundamental frente al invierno vacunarse, practicar ejercicio y mantener las relaciones sociales. El geriatra vitoriano aconseja asimismo respirar en la calle por la nariz, evitar sueños cortos para prevenir trastornos del sueño y vigilar la alimentación. «Hay que comer más cocidos y caldos, que son una auténtica fuente de calorías», aconseja.

Los noventa inviernos de Irene y Pedro

Viven en Vitoria. Pedro García y su esposa Irene García tienen noventa años, una salud envidiable para su edad y residen solos en un sexto piso del centro de la capital alavesa. Es lo que quieren seguir haciendo. «Los hijos nos riñen, porque quieren que cojamos a alguien para que nos ayude en las tareas de la casa, pero no nos hace falta», se defiende ella. «Mientras podamos hacerlo nosotros, ¿para qué queremos a nadie?».

Llevan 65 años casados, a los que suman otros siete de noviazgo. Más que una, son dos vidas juntas. Son también una fuente de envidia sana cuando se les escucha hablar de su salud. Pedro tiene una incipiente sordera, que -aunque con esfuerzo- no le impide seguir la conversación. Tiene a gala haber sido un gran ebanista y mejor dibujante, con la destreza, habilidad y paciencia como para haber diseñado y construido con sus manos la mayor parte de los muebles de la casa. Hace un año, un herpes le complicó la existencia, pero ahí sigue, luchando contra ella.

Ni el virus ni los años le impiden cada mañana salir a la calle para hacer «cuatro recaditos, coger el periódico y saludar a los amigos». Después de noventa años, irremediablemente, son cada vez menos. Pero aún así, no se ha dejado vencer por la soledad. Aunque el nivel de bullicio ha caído, su casa siempre ha estado llena de hijos, nietos... y quién sabe si algún día, pronto, llegarán biznietos. «La nieta mayor se va a casar. ¡Ojalá tengamos esa suerte!», reconoce Irene, «aunque sé que eso es pedir mucho...».

Sin alfombras

Ella pasa las mañanas con las tareas de casa. Sale menos a la calle, y aunque goza de buena salud, se ve un poco menos capacitada que su esposo. «Salgo una vez a la semana y en casa utilizó un andador para desplazarme, por seguridad. La médico me ha pedido que quite todas las alfombras para que no resbale. ¡Se echan de menos, porque ahora el suelo está más frío!», cuenta sin perder la sonrisa.

Las tardes transcurren tranquilas. Ella busca relajarse. La música ya no le atrae tanto como en otro tiempo, pero la televisión le distrae. A él le gusta hacer puzzles y leer. Ahora ha comenzado a devorar ‘Patria’, de Fernando Aramburu. También hacen ejercicio. Ella camina por el pasillo. Él le da a la bicicleta estática. Todo el mundo les pregunta con frecuencia por el secreto de su longevidad y su salud. Hay genes, pero no es solo eso. «Hay que pensar siempre que la vida que nos queda es un regalo, que hay que disfrutar». Y la disfrutan.

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