Hoy es el Día de la Felicidad: en el hospital va por plantas

Hoy es el Día de la Felicidad: en el hospital va por plantas

Los alergólogos son los médicos más dichosos y los cardiólogos los más tristes, según un estudio. Dos facultativos y una enfermera cuentan su visión del bienestar

FERMÍN APEZTEGUIA

El personal sanitario parece que tiene que ser feliz por definición. Del mismo modo que no se concibe un corredor de seguros sin su vivienda protegida o un periodista que no lea el periódico, resulta difícil encajar la idea de un médico o una enfermera infelices. ¿Cómo va a levantar el ánimo a nadie alguien que vive amargado? Aunque haya de todo, una encuesta realizada en España reveló hace unos años que, efectivamente, los médicos figuran entre los profesionales que viven más alegres y satisfechos consigo mismos. La lista de la dicha laboral la encabezaban los veterinarios y la completaban, por detrás de los facultativos, arquitectos, peluqueros y periodistas.

Un nuevo trabajo, realizado esta vez en EE UU, ha permitido conocer hace unas semanas hasta qué punto la felicidad va por barrios en el ámbito de la medicina. Los especialistas que, según este estudio, lucen mejor sonrisa son los alergólogos. Los cardiólogos, aún siendo felices, figuran como los menos dichosos. ¿Es posible que así sea? En busca de una respuesta, EL CORREO ha reunido a un alergólogo, un cardiólogo y una enfermera coincidiendo con el Día internacional de la Felicidad 2018, que se conmemora hoy. A veces, una vida no es suficiente para encontrarla.

Ignacio Antepara | Alergólogo

«Me rodeo de gente alegre, el optimismo se contagia»

Proactivo. El secreto de la felicidad, afirma Ignacio, es buscarla «sin cejar en el empeño».
Proactivo. El secreto de la felicidad, afirma Ignacio, es buscarla «sin cejar en el empeño». / ignacio pérez

Estudió Medicina por descarte y usó el mismo criterio para elegir especialidad. No se veía como economista ni abogado; y rechazó de entrada todas las opciones con abundancia de profesionales en Bilbao. Acertó. El jefe de Alergología del hospital bilbaíno de Basurto, Ignacio Antepara, es un hombre feliz, se mire por donde se mire. «Quizá no sea tanto lo que tú sientes, como lo que sienten los demás cuando están contigo. La felicidad tiene mucho de efecto reflejo. Por eso procuro rodearme de gente alegre, convencido de que el optimismo se contagia», argumenta.

Estos días, que anda de mudanza, es más consciente que nunca de que la felicidad es un camino que ha de recorrerse a diario. «Renovándote te demuestras que sigues vivo, que tienes capacidad de innovar. Construir algo nuevo, trabajar en algo agradable contribuye a reforzar tu ilusión».

La felicidad no se busca de igual modo a sus 62 años que a los 25. «Físicamente no estoy igual. Tengo dolores que por suerte me demuestran que estoy vivo. Mis aficiones también han cambiado con el tiempo: antes me gustaba hacer vela ligera y salirme del barco. Ahora, en cambio, descargo menos adrenalina, pero mentalmente, estoy mucho mejor».

¿Qué tienen los alergólogos para ser tan dichosos? La lista de razones es casi interminable. Tratan con gente joven y, como consecuencia, ven menos muertes. Curan a muchísimos pacientes, tienen contacto con la mayoría de especialidades hospitalarias, practican una medicina holística... «Tenemos que saber de todo: de plantas, bichos, cosmética, un mundo que cambia día a día...» Y es una especialidad con mucho contacto humano. «Primero recibimos en la consulta a un paciente, y luego, por extensión, nos llega toda la familia». Muchas razones para ser feliz.

Blanca Echazarreta | Enfermera

«La felicidad es una actitud positiva ante la vida»

Sin receta. Para Blanca, el truco está en «poner el foco en los pequeños grandes logros».
Sin receta. Para Blanca, el truco está en «poner el foco en los pequeños grandes logros». / igor aizpuru

A punto de acabar su vida laboral, Blanca Echazarreta ama su trabajo como el primer día. Para ser enfermera, y ella lo es en una unidad de Psicogeriatría de Vitoria, hace falta auténtica vocación, «te tiene que gustar», porque la enfermería es por definición la profesión de la entrega a los demás, la dedicación y el sacrificio. «Lo que no se cuenta al médico, se plantea a la enfermera», explica.

Quince años trabajando con pacientes mayores, muchos con patologías incurables, dementes y deprimidas, no han mermado la pasión que siente por su quehacer diario. «No somos de piedra, no podemos decir que no nos duela el deterioro de la persona. Pero recompensa sentir que les haces la vida más fácil».

La felicidad es, sin embargo, un sentimiento que va más allá de lo laboral. «Es un estado de bienestar general en todos los aspectos. Difícilmente puedes cuidar bien a los demás si tú no estás bien. No te levantas por la mañana con la decisión de ser feliz, pero está claro que sin una actitud positiva ni vas a serlo, ni vas a transmitir nada bueno a nadie».

Disfruta de la playa, la lectura, la música clásica, y de las dos hijas y dos nietas que tiene. En definitiva, de la vida. Y protesta porque a las personas felices a menudo se les toma por memas. Ella lo tiene claro. «Parece que si eres optimista, eres frívolo, no te tomas las cosas en serio. Y no es así. A menudo vamos por la calle, caminando con la mirada clavada en el suelo», argumenta la enfermera, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Enfermería de Álava. «Tenemos que mirar más alrededor y saber disfrutar más del presente».

Zigor Madaria | Cardiólogo

«La infelicidad provoca más infartos que el colesterol»

Personal. Zigor sólo desea un poco más de tiempo y dinero para seguir obsesionado con su familia y la montaña.
Personal. Zigor sólo desea un poco más de tiempo y dinero para seguir obsesionado con su familia y la montaña. / I. Pérez

Zigor Madaria, cardiólogo del hospital de Basurto y del IMQ, vive un momento maravilloso. «Me siento feliz. Cuando las cosas se tuercen y hago balance de mi recorrido vital, el sentimiento que se apodera de mí resulta agradable». Lo corrobora cuando al término de la jornada laboral llega a casa y se encuentra con su esposa y sus dos hijos, de seis meses y dos años y medio. «Siento la felicidad cada día, cuando termino de trabajar y puedo recogerme en la seguridad de mi hogar, con mi familia».

Le gusta la lectura, la montaña y practica el alpinismo que le ha llevado hasta los Alpes y Perú, aficiones todas ellas que contribuyen a su bienestar. Pero, ¿por qué los cardiólogos son los médicos más infelices del hospital? No se lo explica. «Me cuesta creerlo, porque yo veo felices a mis compañeros. Ni siquiera todos los médicos seamos iguales, algunos ni siquiera tienen contacto con el paciente». Quizá influya el hecho de que su especialidad conlleve la atención de enfermedades incurables, las cardiovasculares, que constituyen, igual que el cáncer, la principal causa de muerte en Euskadi.

Como buen conocedor del corazón y sus males, hay algo que tiene claro. La infelicidad, afirma tajante, constituye «uno de los factores de riesgo más potentes para desarrollar una enfermedad cardiaca, por encima de otros factores a los que se les da mayor importancia, como la alimentación y el colesterol».

La patología se ceba, explica, con las personas que están sometidas a mayor estrés, las que sufren de verdad. A su entender, ayudar a la gente a ser más feliz evitaría más enfermedad y muertes que otras medidas terapéuticas. «La infelicidad es un factor más determinante de patología que otros que estamos tratando continuamente con pastillas. La cardiología preventiva está tan corrupta que estamos ejerciendo la voluntad de quienes nos obligan a actuar a través de guías clínicas. Son libros de instrucciones que nos llevan a manejar la enfermedad de una forma determinada. Se basan en teorías obsoletas, pero mantienen una industria tremenda».

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