«Les dije a los sobrinos: o me mandáis a la residencia o me cojo yo un taxi»

Juana Aguinaga./FERNANDO GOMEZ
Juana Aguinaga. / FERNANDO GOMEZ

Con 90 años, le llaman 'la capitana' y recuerda los cumpleaños de toda su familia

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Recibe Juana a los visitantes con sus amigas. Una legión de unas diez mujeres sentadas alrededor que la llaman ‘la capitana’. «Tengo 90 años, 2 meses y 15 días», precisa con detalle. Nacida y criada en Plentzia recuerda «todas las fechas, desde los nacimientos de los sobrinos a cualquier otra». Soltera, siempre ha estado acostumbrada a ser quien toma las decisiones. «Les dije a mis sobrinos: que me voy a la residencia. Si no me lleváis, me pido un taxi». Conocía bien lo que le esperaba en Barrika Barri. Había pasado previamente una temporada en el centro porque sufrió unas úlceras en las piernas y tenía una larga caminata hasta el centro de salud para sus curas diarias. Así que probó unas semanas y le gustó.

En su caso, quien convenció a los demás fue ella. «Mis sobrinos querían que fuera a sus casas, pero les dije que no. Ellos son jóvenes, y yo no quiero ser un estorbo», relata. Todas las semanas, ellos acuden al centro para pasar un rato con ella, «uno por las mañanas y otro cuando libra». Lo tiene claro: «La residencia no es un hotel de tres estrellas pero le vamos a poner dos».

Juana Aginaga

Residencia Barrika Barri.
Juana Aginaga tiene 90 años. Es soltera. Trabajó en un instituto de bachillerato de Plentzia. Lleva en el centro 5 años. La visitan todas las semanas sus sobrinos.

Juana y sus amigas están en la planta baja, la que ocupan los que tienen un menor grado de dependencia. El grupo juega poco a las cartas aunque a ella le gusta el tute. Se entretiene con el periódico y leyendo «novelitas cortas de amor que acaban bien». Hablan de los bailes de antaño, «con aquellas jotas y pasodobles porque lo de ahora, salvo canciones como ‘Bailar pegados’, no es música. Y también criticamos a la que no está. Luego le sonreímos cuando vuelve», confiesa pícara.

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Hay otras solteras en el grupo, como Manoli, que llegó cuando se rompió la cadera. Están María Victoria y Dolores, que comparten la tragedia de haber perdido a un hijo. La primera es una luchadora nacida en Lamiako y criada en Elciego con su abuela materna desde que falleció su madre. «La tierra de los mejores vinos del mundo. Todavía tomo alguno». Y el grupo vuelve al bullicio.

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