Ruta por los volcanes de Sicilia

Viajes

Ascender hasta la misma cima del humeante Etna es un auténtico espectáculo. También el que ofrece el Stromboli por la noche, con sus 'fuegos artificiales' en tonos anaranjados

Solo se puede llegar hasta arriba del Etna con guía.
Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Al 'balón' de Italia la mafia le ha arrebatado un protagonismo que debiera ser de los volcanes. No es que le falten atractivos a esta isla del Mediterráneo, una suerte de postal del eterno verano, como ese que retratan los anuncios de cerveza. Así que la ruta por los volcanes viene a aportar el extra que hace de Sicilia un destino único.

No es exagerado decir que solo la subida al Etna merece el viaje. Lo merece por excepcional, porque allí arriba uno tiene la sensación de estar asistiendo a un espectáculo salvaje, el de la humeante cima de una mole de 3.322 metros que sirve de referencia paisajística de la costa este. Impresiona con razón subir a un volcán activo. El penetrante olor a azufre, que se cuela por nariz y garganta hasta hacerte pasar un mal rato, exige que la visita sea corta. Dejamos la mochila en el suelo para sacar una foto y al cogerla de nuevo comprobamos que se ha 'quemado', que se han formado decenas de agujeritos en su base. Con eso uno se hace a la idea de lo que tiene bajo los pies.

Recomendaciones

Etna:
Desde el Refugio Sapienza, punto de partida, hasta la cima del volcán hay un desnivel de 1.300 metros. Si se hace a pie lleva más de 4 horas, pero hay opción de hacer los primeros tramos en funicular y en vehículo y acometer la última subida a pie. Son imprescindibles las botas de monte y unos calentadores (los proporcionan allí) para evitar que la tierra se meta en el calzado.
Stromoboli:
La ascensión es por la tarde (empieza a las seis) y entre subir y bajar se tarda unas cinco horas. Imprescindibles botas de monte y muy recomendable una mascarilla o pañuelo para proteger boca y nariz durante la bajada, ya que el trote de tanta gente bajando levanta un polvillo muy molesto. Hay que llevar agua porque la zona en verano es muy calurosa y algo de comer, pero mochila liviana.

Una verdadera joya de la naturaleza. Tan accesible como pagar unos 70 euros por cabeza y asumir una subida de un par de horas por una superficie negra humeante que transmite calor por los pies. Ese es el tramo final, el que solo se puede hacer acompañado por un guía. Hasta este punto el acceso es libre y se puede realizar de dos formas: caminando o combinando una suerte de funicular y otro tramo en camión. Esta segunda opción es la más recomendable si se va a hacer el último tramo, que ese sí, es a pie.

Llegar hasta el 'campamento' base del Etna, el Refugio Sapienza ( es relativamente fácil en coche, aunque mejor llevar GPS ya que aunque el desvío está señalizado es increíblemente fácil perderse. La mayoría de los turistas llegan desde la cercana ciudad de Catania (denle una segunda oportunidad si el primer vistazo no convence del todo) y, sorprendentemente, pese a ser uno de los principales reclamos turísticos de Sicilia, no está demasiado concurrido.

La otra sorpresa, mayor si cabe, es que hay gente que llega hasta allí y no sube hasta arriba. O bien recorre el primero de los tramos o los dos primeros, prescindiendo de la travesía final con guía. Cuando uno ha estado arriba no entiende a esos que se han quedado a un 'salto' de la cima, paseando por unos alrededores que no tienen atractivo si no se llega a ver lo que hay esperando. Por eso hay que subir y hacer la excursión completa.

El Stromboli.

No admite menos que todo la visita al Stromboli (924 metros), en las islas Eolias, un archipiélago volcánico cercano a la costa nordeste de Sicilia. El entorno merece más que el día de subida al volcán, y una buena opción es montar el campamento en Lipari, la más grande de las islas eolias, pequeña en todo caso, encantadora. Desde aquí salen excursiones diarias que parten a la mañana rumbo a las mejores playas de la zona y recalan a media tarde en la isla llamada propiamente Stromboli para la ascensión al volcán.

Tiene la particularidad de que se sube a media tarde. Por cierto, hay gente que se planta allí en chancletas, como si fueran a dar un paseo por la playa. Menos mal que alquilan botas apropiadas antes de iniciar la subida, que no permiten hacer más que con calzado adecuado. Si ya lo llevamos nos ahorraremos el dinero de alquilar las botas y la incomodidad de calzar unas ajenas.

En torno a las seis de la tarde arranca la comitiva y tras tres horas de marcha (por grupos, demasiada gente en pleno verano) se llega a la cima del volcán. Allí solo resta esperar a que anochezca (conviene llevar un bocadillo pequeño y un poco de agua para aliviar la espera) y observar el espectáculo que se desarrolla delante de nosotros: pequeñas erupciones que tiñen de naranja las entrañas del volcán y un ruido ensordecedor, como si la tierra se abriera a nuestros pies. El capricho de la naturaleza hace que cada ascensión sea distinta y que unos días se vean más erupciones que otros. Ver una sola, un chispazo como de fuegos artificiales en tonos rojos y anaranjados, ya es un regalo.

Pasadas las diez y media de la noche hay que emprender la vuelta, también en grupo. Es mucho más liviana que la ida y la inercia nos llevará cuesta abajo por la ladera del volcán (poco menos que dejarse caer). A medianoche una barca espera para llevarnos de regreso a Lipari y descansar.

La visita al Etna y al Stromboli se puede completar con una tercera ascensión, al Vulcano, también en las islas Eolias. La alternativa para los que hayan tenido suficiente ya con dos volcanes es seguir de ruta por la bella y sorprendente Sicilia, con paradas obligatoria en Cefalú, Palermo, el Valle de los Templos y la joya de la península de Ortigia, en Siracusa.

Arriba, una imagen de la ascensión al Etna, que se ve al fondo en la foto de abajo. En medio del mar, humea el Stromboli.

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