Los robots se adueñan de la red

Los robots se adueñan de la red

Los programas automatizados acaparan ya más de la mitad del tráfico mundial en internet. Muchos imitan tan bien al ser humano que es difícil darse cuenta de que juegas o chateas con máquinas, capaces también de calentar el debate político

JAVIER GUILLENEA

Lo de Ashley Madison fue un trauma doble para millones de personas. En 2015 un grupo de piratas informáticos anunció que había obtenido los nombres de los 37 millones de clientes que utilizaban esta web, especializada en contactos adúlteros. La noticia amargó la vida de una nutrida clientela que vio en peligro, además del matrimonio, uno de sus bienes más preciados: la privacidad.

Ese fue el primer golpe, pero hubo otro más. El ataque sacó a la luz una terrible realidad. El 90% de las mujeres supuestamente inscritas en Ashley Madison en busca de aventuras eran ‘bots’, meras cuentas informáticas automatizadas que contestaban a sus pretendientes con tal realismo que estos se creían estar chateando con seres humanos de verdad. Un número indeterminado de hombres -la cantidad exacta nunca se sabrá- conversaron durante días o meses con robots sin saberlo. Es muy probable, aunque eso tampoco se sabrá, que algunos de ellos acabaran enamorándose de un programa informático.

«Como en la web no se inscribían demasiadas mujeres, se les ocurrió implementar ‘bots’ para hacer creer a los hombres que estaban hablando con alguien», explica Carlos Tomás, director tecnológico de la empresa especializada en ciberseguridad Enigmedia. La página de contactos utilizó programas capaces de dar conversación a los clientes pero sin llegar a concertar nunca una cita. De esa forma mantenían activos -y pagando su cuota económica- a los hombres en la web hasta que contactaban con una mujer real.

Si no se entra en conversaciones profundas, es difícil detectar un 'bot'.
Si no se entra en conversaciones profundas, es difícil detectar un 'bot'.

«A no ser que el ‘bot’ sea muy básico, es muy difícil darte cuenta. Si no entras en conversaciones profundas puedes estar hablando por escrito con uno de ellos durante años sin enterarte», dice Carlos Tomás. Aquellas mujeres de Ashley Madison no eran ciertas. Tampoco lo son millones de cuentas que vagan a la deriva por internet en busca de una presa a la que hacer creer que existen de verdad. En 2016, más de la mitad del tráfico mundial en internet (el 51,8%) era de origen ‘bot’ y el resto, humano.

«Un ‘bot’ es un programa o conjunto de reglas informáticas que recorren la red ejecutando acciones automáticas», explica Myriam Redondo, especialista en verificación digital. Los hay de muy diferentes tipos y habilidades, entre ellas la de imitar el comportamiento de un ser humano.

Un internauta juega al póquer online, probablemente con un 'bot'.
Un internauta juega al póquer online, probablemente con un 'bot'.

Unos son buenos y otros malos. Los primeros desempeñan funciones como búsquedas en internet o atención al cliente. Los ‘chatbots’ son programas que interactúan con usuarios a través del chat simulando ser una persona real. Hay asistentes personales para realizar compras, ayudarnos a cocinar o impartir instrucciones en situaciones de emergencia. Otros proporcionan novios virtuales con los que charlar sin complejos, ofrecen asistencia psicológica o ayudan a superar el duelo cuando se muere un ser querido. Existe la posibilidad de recopilar todos los mensajes y conversaciones mantenidas en la red con un amigo fallecido e insertarlos en una inteligencia artificial para volver a hablar con el difunto, que habrá revivido en forma de ‘bot’.

‘La guerra de las galaxias’

Los investigadores del University College of London Shi Zhou y Juan Echeverría Guzmán han descubierto una enorme red de 350.000 cuentas falsas interconectadas (llamadas ‘botnet’) que entre junio y julio de 2013 se dedicaron a tuitear pasajes aleatorios de novelas de ‘La guerra de las galaxias’. Solo habían publicado once tuits y tenían menos de diez seguidores, pero ahí estaban, a la espera de no se sabe qué. Zhou sugiere que esta red pudo haber sido creada para ser vendida a quienes buscan aumentar sus seguidores en internet. Mercado no falta y oportunidades, tampoco. «Es muy barato; por diez euros se pueden comprar mil ‘followers’», asegura el mexicano Juan Echeverría, quien recuerda que «alrededor del 16% de las cuentas actuales que hay en Twitter son falsas».

Presencia global

Para todo
Los ‘bots’ están creados para facilitar las tareas humanas. Entre otras muchas utilidades, sirven para automatizar pedidos o apuntar reservas en restaurantes. La inteligencia artificial de la que están dotados hace que vayan aprendiendo de las conversaciones con cada cliente.
51,8 %
Más de la mitad del tráfico mundial en internet en 2016 era de origen ‘bot’ y el resto (48,2%), humano. Del total del tráfico online, el 28,9% fue malo y el 22,9%, bueno. En 2012, el 19% de los ‘bots’ considerados perjudiciales eran suplantadores de identidad. Cuatro años después, este porcentaje había ascendido al 24,3%.
Campo de batalla
Uno de los campos de batalla de los ‘bots’ es Wikipedia, donde se enzarzan en interminables pugnas para introducir cambios en los artículos. Un combate famoso fue el de Xqbot y Darknessbot, cuya lucha afectó a más de 3.600 artículos entre 2009 y 2010. Las de Alejandro I de Grecia o el equipo de fútbol Aston Villa fueron algunas de las páginas en disputa.
10
euros cuesta comprar 1.000 seguidores en Twitter. Si son 2.000, el precio sube a 17 euros. Y por mil se pueden adquirir 150.000 ‘followers’. Las empresas que comercializan estos ‘bots’ también venden ‘retuits’ y ‘favs’. Por veinte euros mensuales se pueden adquirir cien ‘retuits’ y ‘favs’ diarios. Por setenta al mes se obtienen 1.500.

Los ‘bots’ se han puesto de moda en el mundo político, cuyos representantes se desviven por estar presentes en las redes y hacer ver a la sociedad que les apoya un ejército de leales seguidores. La manipulación de la opinión pública es uno de los ejemplos del lado oscuro de los programas automatizados, que, según Echeverría, son un instrumento ideal para «crear una opinión donde no existe ninguna y ofrecer una apariencia de multitud donde no la hay». «En el futuro las batallas políticas se van a librar con ‘bots’», señala el investigador mexicano.

Días antes de la consulta del ‘Brexit’ en Reino Unido se detectó que el 15% de las cuentas que se posicionaban en Twitter a favor o en contra de la salida de la UE estaban automatizadas. En Estados Unidos, tras el primer debate electoral entre Donald Trump y Hillary Clinton, se descubrió que el 33% de los casi dos millones de tuits a favor que recibió el actual presidente provenían de cuentas de robots. La candidata obtuvo 613.000 tuits de apoyos, el 22% de ellos ‘bots’. Se ha calculado que en España el 34% de los usuarios de las cuentas en Twitter de los principales líderes políticos son falsos. En otros países el porcentaje es aún mayor. De los más de 15 millones de seguidores de Trump, más de la mitad no son de verdad.

Los amos del póquer online

Los ‘bots’ han comenzado a infiltrarse en las webs de póquer online, donde se han mostrado notablemente superiores a sus contrincantes humanos. Existen empresas que fabrican programas para jugar en salas de casinos virtuales y los venden a jugadores no demasiado escrupulosos. Los robots dominan el arte del cálculo de probabilidades, saben cuándo ir de farol o subir las apuestas y son inmunes al cansancio y los nervios. Aunque no siempre ganan, sí lo hacen muchas veces. Son también muy difíciles de detectar y pueden jugar en muchas mesas y casinos virtuales a la vez. Además, son capaces de actuar en equipo. Se muestran las cartas entre sí, lo que les permite conocer más naipes sobre la mesa y mejorar su cálculo de probabilidades, y se ponen de acuerdo para que el ‘bot’ con mejores cartas deje que otro haga subir las apuestas. Los casinos online mantienen una lucha constante para detectarlos y expulsarlos del juego, pero también hay sospechas de que ellos los usan para animar las mesas o ganar dinero. La banca lo niega, por supuesto.

«En las elecciones catalanas va a haber ‘bots’ en campaña, pero nos enteraremos cuando ya haya ocurrido», adelanta Carlos Tomás, que, no obstante, no cree que vayan a influir mucho en los resultados. «Por su sistema de circunscripciones, la capacidad de incidir en las elecciones en España no es tan amplia como en Estados Unidos, donde el voto en un distrito puede cambiar el de un Estado».

Lo que los ‘bots’ sí harán en Cataluña será «desconcertar y hacer creer que hay una indignación compartida». Myriam Redondo recalca que, con esta opinión, no quiere afirmar que el malestar de una parte de la sociedad en la comunidad autónoma «sea una manipulación de ‘bots’». Lo que dice es que «a veces se cree que tienen más poder de lo que parece». «Pensar que pueden determinar unas elecciones es ir muy lejos, porque una parte de la población no está en las redes y no todo el mundo cree lo que se lanza en ellas», añade.

Al final, como en tantas otras cosas, el problema es el hombre. «Más peligrosos que los ‘bots’ son los perfiles falsos, personas contratadas para agitar las redes que dan un toque humano a los ‘bots’», asegura Redondo. Tampoco ayuda a confiar en ellos el hecho de que no se sabe muy bien quién está detrás de los imitadores del ser humano. «Crearlos no es tan complicado, la cuestión es saber quién está tras ellos, y eso es muy difícil», precisa Redondo.

Se trata, en suma, del uso que se haga de estos robots. Ángel Moreno, director del Master en Marketing Digital de IMF Business School, que se confiesa «un enamorado de los ‘bots’», sostiene que «nos van a ayudar muchísimo» y recuerda que «ya hay cantidad de aplicaciones» que utilizan estos programas. «No sirven solo para chats, hay muchísimas utilidades», argumenta.

Todavía queda un trecho muy largo que recorrer. «Los ‘bots’ aprenden de nosotros», explica Ángel Moreno. Y esta capacidad, añade, puede ser un inconveniente. «Un ‘bot’ que habla con personas no distingue los comentarios políticamente incorrectos y puede acabar utilizando expresiones racistas o palabras malsonantes», afirma. Sin embargo, todo llegará. «Los ‘bots’ son el futuro, pero aún están naciendo; son como niños pequeños, nosotros les tenemos que dar ejemplo con nuestro comportamiento para que aprendan».

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