Profecías no muy católicas

Francisco ha vuelto a alertar a la imensa familia cristiana del riesgo de «refugiarse en la astrología y la adivinación». Un mundo con tantos seguidores como detractores y un negocio que no deja de crecer

Profecías no muy católicas
IRMA CUESTA

Chani Nicholas dejó su trabajo como camarera el día que comprendió que le iría mucho mejor vendiendo por internet los horóscopos que escribía para sus amigos. Dos años después, sus enseñanzas, «místicas, pero sin clichés», han engordado su cuenta bancaria hasta límites con los que nunca soñó y han convertido su caso en la enésima demostración de que la afición por las predicciones astrológicas, videntes, tarotistas o lectores de los posos del café, no deja de crecer. La prueba de que hay quien cree que el asunto se está yendo de las manos es que, hace solo unos días, Francisco ha vuelto a alertar a la enorme familia cristiana sobre los peligros de «horóscopos y adivinos». El Papa aprovechó el Ángelus para afirmar que, cuando uno no se aferra a la palabra del Señor, pero para tener seguridades consulta horóscopos y videntes, comienza a caer. «Si se elige la astrología o la adivinación, eso quiere decir que la fe no es fuerte», aseguró el Sumo Pontífice, señalando con el dedo a un mundo -y una industria- que lleva siglos en el punto de mira.

Hace décadas que miles de personas con supuestos ‘poderes’ campan a sus anchas por el planeta asegurando que son capaces de adivinar lo que está por llegar mientras alimentan un negocio tan próspero como cuestionado. Aunque manejar cifras oficiales es complicado (buena parte de las transacciones se hacen en dinero negro), se calcula que este mercado mueve, solo en España, cerca de 3.000 millones de euros anuales. Un montón de billetes de los que dos terceras parte corresponderían al tarot telefónico; ese ‘servicio’ que ha crecido y se ha multiplicado al mismo tiempo, y casi con la misma furia, con la que el país rozaba la bancarrota.

Hace solo unos años, en plena crisis económica, una encuesta de Metroscopia que pretendía tomarle el pulso a los españoles preguntó sobre videntes y astrólogos. El 76% de los encuestados dijo que eran inventos, pero el 20% no tuvo problema en reconocer que los tenía en consideración. Además, casi la mitad, un 48%, mostró abiertamente su fe en los talismanes y amuletos.

Mucho dinero, muchos ‘creyentes’

3.000 millones de euros.
Ese es el dinero que se estima mueve el negocio de astrólogos y adivinos anualmente en España. Aunque resulta complicado manejar datos oficiales, porque buena parte de esas transacciones económicas se hacen en dinero negro, solo el tarot telefónico facturaría cerca de 2.000.
Uno de cada cinco
españoles ha declarado tomarse muy en serio el trabajo de videntes y astrólogos. Casi la mitad de ellos dice creer abiertamente en el poder de los amuletos.
‘Cazador’ de videntes
La prueba de que el negocio ha proliferado en los últimos años es que incluso hay ya ‘cazadores’ de videntes. Una figura que encaja con el perfil de Alberto Mondragón, exencofrador que anda actualmente detrás de la televisiva Pepita Vilallonga, a quien se le ha acusado de estafar 299.000 euros a una mujer de 77 años. Si consigue demostrar que hubo engaño, Mondragón sumará una victoria más en una carrera que comenzó en 2003, cuando destapó el caso de Lucía Martín, la mujer que vendió a José Francisco Laparra, expresidente del Club Deportivo Castellón, un ‘filtro de amor’ con el que supuestamente conseguiría que su secretaria se enamorase de él.
100.000 personas
se calcula que podrían estar trabajando en el sector de los lectores de cartas, horóscopos o cartas astrales y predicciones.
24%
Casi uno de cada cuatro españoles con un nivel de estudios bajo cree firmemente en las ciencias ocultas, la astrología y en aquellos que dicen ser capaces de adivinar el futuro. También el 16% de los que tienen un nivel académico alto.

Para Juan Carlos Zubieta, profesor de Sociología de la Universidad de Cantabria, la explicación reside en que, en determinadas cosas, el ser humano apenas ha cambiado en los últimos siglos. «De otro modo no se explica que actualmente las televisiones, revistas y periódicos sigan llenas de horóscopos y de gente que dice ser capaz de leerlo y verlo todo. Lo mismo las cartas que los posos del café. ¿Por qué? Por el miedo a la soledad, la incertidumbre que nos crean determinadas situaciones, el deseo de buscar soluciones a los problemas más allá de la ciencia...», afirma este experto, que dice indignarse cuando alguien, por falta de conocimiento o necesidad, se deja a merced de embaucadores. «Me enfada eso, como la responsabilidad de determinados medios de comunicación abiertamente subidos al carro de lo que sin duda es un gran negocio, porque son capaces de legitimarlo todo. La gente dice: ‘si sale en tal o cual sitio, será porque es bueno y es verdad’».

Lo que nadie discute es que cada vez son más los que buscan respuestas a las puertas de esa legión de oráculos que, con la crisis, no ha hecho más que engordar. Los expertos explican que, igual que en épocas de vacas flojas y penurias económicas se juega más a las loterías, mucha gente implora respuestas porque necesita escuchar que va a encontrar trabajo, que le van a renovar el contrato o que finalmente se hará con el dinero que necesita para pagar la Primera Comunión de su hija.

Justo lo que no quiere el Papa, o al menos eso es lo que afirma Vicente Esplugues, el cura al que muchos recordarán por haber confesado su amor incondicional a Extremoduro, Barón Rojo y Led Zeppelin y haber demostrado que, además de cuidar con mimo su rebaño, un sacerdote puede tocar en una banda de rock. «Lo primero que habría que precisar es que el Papa habla para los creyentes. No se mete con quienes no creen y buscan fuera de la religión respuestas. Es a los cristianos a los que alerta del peligro de apartarse de la fe del Señor y depositar su confianza en otros lugares», interpreta, alertando también él de magias negras y adivinos.

Nada que ver con lo que opina gente como Vicente Cassanya, astrólogo, autor de varios libros sobre la materia y responsable de diversas publicaciones. Cassanya se pregunta qué necesidad tiene el Papa de condenar los horóscopos y de comparar la fe en ellos con la fe en Cristo. De hecho, cree que no debería hacerlo. «Primero, porque habla desde un lugar, el Vaticano, construido sobre un antiguo oráculo en honor a la diosa etrusca Vatika. La propia Basílica de San Pedro fue erigida bajo la tutela de astrólogos. Pero también porque, con estas declaraciones, la Iglesia católica sigue mostrando su eterna postura esquizofrénica frente a la astrología, ya que muchos papas y santos padres se sirvieron de ella y la apoyaron mientras otros la atacaban».

Y es que él mantiene que la astrología es una «rama sagrada del saber», decisiva para la historia de la humanidad, además de la base de todas las religiones, si bien reconoce que está «prostituida» por diversos motivos. «De ahí que la gente tenga un concepto erróneo de lo que es la astrología y muchos crean que no va más allá de los vulgares horóscopos del día a día o, incluso, que tiene relación con videntes, adivinos y demás. Error. Otros la critican desde su supuesta superioridad intelectual sin haberla estudiado ni saber siquiera de qué hablan».

«Son cosas increíbles»

A Manuel Toharia, científico, escéptico declarado y autor de ‘Astrología, ¿ciencia o creencia?’, un libro en el que refuta la supuesta capacidad de los astros y los signos zodiacales para influir en el carácter y el destino de los hombres, no le extrañan las palabras del Sumo Pontífice: «Al fin y al cabo, la astrología es muy antigua y siempre ha estado ahí, desde la época de los babilonios, compitiendo con las religiones». Lo que le llama la atención es el afán de algunos por colocar a nivel científico algo que, en su opinión, no tiene solidez ni argumento consistente. «Se basan en algo tan increíble como la forma en la están colocadas una lucecitas en el cielo. ¡Venga, hombre! Alguien con dos dedos de frente solo puede verlo ridículamente increíble», apunta, aunque reconoce que, sin embargo, forma parte de nuestra cultura. «Todos, pregunte a quien pregunte, sabemos cuál es nuestro signo del zodiaco. Resulta sorprendente, especialmente cuando la realidad es que el signo que creemos nuestro en realidad no lo es. Algo que se llama la precesión de los equinocios hace que cada dos mil y pico años se vayan corriendo hacia atrás y que, en consecuencia, el nuestro no sea el nuestro, sino el anterior. Vamos, que yo en realidad no soy Leo, sino Cáncer».

Las opiniones

Vicente Esplugues | Cura
«El Papa habla del peligro de buscar consuelo lejos de la fe»
Manuel Toharia | Científico
«Alguien con dos dedos de frente no puede creer en estas cosas»
Vicente Cassanya | Astrólogo
«La astrología es una rama sagrada del saber»
Juan Carlos Zubieta | Sociólogo
«En algunas cosas, el hombre apenas ha cambiado en los últimos siglos»

Puestos a decir lo que piensa, el físico y divulgador madrileño, capaz de levantar en armas a buena parte de los seguidores de Nostradamus, confiesa no extrañarse porque el mayor nivel educativo modula, pero en ningún caso anula, la propensión a atribuirles credibilidad a ese tipo de prácticas.

«Las creencias esotéricas no dependen de tener o no determinados estudios porque la información reglada te informa, pero no te enseña a pensar. Los estudios no tienen por qué ser garantía de racionalidad», dice quien en su momento llamó la atención sobre el hecho de que hasta la entonces ministra de Sanidad, Leire Pajín, llevara la Power Balance, la pulsera que fue denunciada por timo por la asociación de consumidores Facua porque se le atribuía supuestos efectos beneficiosos sobre la salud.

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